Para los que estos días están en la ciudad y, lejos de querer evadirlo, quieren concentrarse en la vida urbana, este verano el Museo Torres García presenta la exposición Trazos de New York, de Joaquín Torres García. En el segundo y tercer piso del Museo, están expuestas más de cien obras que el pintor elaboró durante los dos años que vivió en New York.
El museo está abierto al público de lunes a viernes, entre las horas 9:30 y 19:30, y los sábados entre las horas 10 y 18, ubicado en plena zona de oficinas algo quietas en la primera quincena de enero, en Peatonal Sarandí 683.
Muestra inédita
El Observador habló con uno de los directores del Museo Torres García, Alejandro Díaz, curador de la exposición Trazos de New York junto a Jimena Perera, la otra Directora. Sobre la exposición, Díaz comentó que la prepararon hace dos años. Luego de investigar el periodo que Torres García pasó en New York (entre 1920 y 1922), se ocuparon de publicar también un libro que el pintor había escrito, llamado New York, impresiones de un artista.
El libro fue coeditado por editorial HUM y el Museo Torres García. Agotó su segunda edición con un tiraje de 1000 ejemplares cada una y están preparando la tercera edición. Las imágenes que figuran en la exposición estaban presentes en colecciones sobre todo de familiares de Torres, de ahí que tanto el libro como la obra fueran inéditas hasta el momento.
La motivación de Díaz y Perera para preparar la exposición y la publicación de este libro fue unir este material que, por estar disperso en diferentes lugares, nadie apreciaba.
En su libro sobre New York, Torres García dialoga con sus impresiones sobre la ciudad, que lo atraía pero que, al mismo tiempo, le resultaba brusca por su materialismo.
Para Díaz: “Es una poesía visual vertiginosa, en la que expresa su visión sobre los rascacielos, los anuncios, él trata de dibujar eso que está en la exposición y que describe en el libro, él habla de sus vivencias, no de lo que ve sino de lo que siente, habla de lo que lo hace irse de New York”.
El director del museo dijo a El Observador que empezaron a preparar la exposición con el fin de presentarla en Uruguay en una primera instancia pero no pudieron, por falta de patrocinio. Por eso, la presentaron primero en Río de Janeiro en marzo de 2010, y fue declarada una de las diez mejores exposiciones de Brasil de aquel año.
Después, con ese currículum y un catálogo pronto, fue más fácil conseguir patrocinadores que hicieran posible exponer la obra en Montevideo. Enero parece una fecha poco propicia para que la gente visite esta exposición en plena Ciudad Vieja. Sin embargo, cuenta Díaz que en estas fechas, a pesar de que los montevideanos se fueron de la capital, sí hay mucho movimiento de turistas, y muchos de ellos suelen ser seguidores de la obra de Torres García.
Exposición vigente
Díaz entiende que tanto el texto como la obra de esta exposición se mantiene vigente: “Si vas a Nueva York hoy, la arquitectura es la que él vio. Más allá de eso, el conflicto que Torres plantea entre el interés que siente y un mundo que se rige por el comercio, por tratar de vender mediante el anuncio, creo que es muy actual”.
No significa que esto fuera una mirada a lo Julio Verne, casi futurista, sino más bien una percepción de algo que ya estaba en ese lugar. De hecho, Díaz afirma: “El observó en 1921, con la enorme sensibilidad que tenía, cosas que tal vez otros vivían, pero no veían con la claridad suficiente para poder expresarlo o decirlo, él tuvo la capacidad de percibirlo y materializarlo, es lo que hacen los artistas”.
De hecho, el director del Museo contó que en 1930, cuando Torres García estuvo en París, trató de publicar su libro sobre Nueva York y notó que el mundo estaba cambiando, que en París estaba empezando a pasar lo que vio 10 años antes en Nueva York. De hecho, en las obras expuestas en Trazos de New York es posible ver cómo la diferencia entre el año 2012 y el año 1920 está en las texturas, en las invenciones, pero no en la manera de mirar la movida comercial, se ve un mismo aire en lo que muestra, y hasta en la forma del trazo.
Por eso no debería sorprender que este texto, que toma como base a la ciudad entre 1920 y 1922, represente la posición de Torres García para con la actualidad. Tal como Juan Fló afirma en el prólogo del libro del pintor: “El texto descubre lo que había detrás de la pasión y la convicción de la prédica que realizó en su madurez, al regresar a Uruguay, que para él no podía ser sino tierra de infieles.
Esa prédica, que hizo que algunos lo vieran como un dogmático feroz y otros como un apóstol, no era, sin embargo, la de un hombre que no dudaba como alguien dijo de él sino que escondía una lucha incesante por superar, en el momento más complejo y bivalente de la historia del arte, esas contradicciones que él vivió como muy pocos artistas”.