Tras varias idas y vueltas, las obras, que fueron presentadas como las primeras “contra el cambio climático en Uruguay” y consistieron en un muro de piedras de 1.000 metros de largo y 2 metros de ancho, se inauguraron a mitades de 2023.
Controversia politizada
Pero lejos de alegrar a toda la población, las intervenciones han generado acaloradas discusiones y tienen a un grupo de vecinos –dueños de casas de la segunda y tercera línea– en pie de guerra señalando que se privatizó parte de las playas, que las entradas se transformaron en inaccesibles y que la cantidad de piedras hizo perder zonas bañables ya que se desperdigan por la costa una vez que baja el mar.
En la vereda de enfrente, las autoridades acusan a estos vecinos de oponerse por cuestiones políticas y definen las obras como “ejemplares”. “Las obras están dando los resultados esperados, acumulando arena en zonas de segunda y tercera línea. La gente denuncia lo que no entiende”, dijo a El Observador el director de Ambiente de la Intendencia de Rocha, Rodrigo García Píngaro.
En el medio, los técnicos que intervinieron en el proceso señalan que no se hicieron todos los trabajos que ellos indicaron y que las medidas planteadas solo pueden retardar un proceso de erosión en casas que fueron construidas legalmente pero que están a menos de 150 metros de la costa, algo prohibido por la normativa actual.
“Una vez más los vecinos de Costa Azul nos llaman preocupados por las ‘obras’ en la costa destinadas a preservar los predios privados. ¡Preocupa el bien común, o sea el acceso a la playa que es de todos! Mi pregunta, una vez más: ¿Quién dirige esta obra? ¿Quién la monitorea?”, publicó este miércoles la senadora del Frente Amplio, Sandra Lazo, junto a un video que muestra máquinas y funcionarios trabajando.
Desde la intendencia, García Píngaro señaló que los “afectados por la creciente están felices” y ven el “cambio positivo”. “Los demás denuncian sin fundamento, vieron piedras sueltas previstas por el proyecto para acomodar y ya criticaron lo mal hecho. Son obras dinámicas y además es pionera porque no había antecedentes”, expresó.
Dos posiciones técnicas
Buena parte de las críticas de los vecinos que la rechazan –y que han tenido eco en dirigentes políticos de la oposición– radican en que no fueron consultados, que el municipio de La Paloma (cuyo alcalde es del Frente Amplio) tampoco participó y que el proyecto se desarrolló sin autorización ambiental.
Esto último es considerado incorrecto por el Ministerio de Ambiente, cuyos técnicos aseguraron que intervinieron en el proceso, que están monitoreando la situación y que contó con un permiso para modificaciones costeras.
Invitados por Lazo, las autoridades de la cartera asistieron a mitades de diciembre a la Comisión de Ambiente del Senado. Allí, el director de la División de Evaluación de Impacto Ambiental, Luis Anastasía, dio detalles de la participación.
Anastasía, un viejo funcionario de la exDinama, historizó las razones por las que las zonas de La Aguada y Costa Azul quedaron “más vulnerables” a los procesos de erosión. Según dijo, es un efecto “derivado de la época en que se construyó el puerto de La Paloma”, ya que se modificó el punto de apoyo de la estructura denominada técnicamente como “espiral logarítmica” que desarrolla e implanta lo que es la “forma de la costa en ese sitio”.
El jerarca explicó que el objetivo de las obras fue “tratar de adecuar de alguna manera” ese lugar aunque el “proceso erosivo” no se detendrá, sino que habrá que “gestionarlo” para “prolongar las condiciones” y “preservar las viviendas existentes”.
Anastasía reveló que durante la discusión del proyecto, el Imfia –que había sido contratado por la Intendencia de Rocha– presentó una propuesta de solución, que “no fue compartida en absoluto por el ministerio”.
“La propuesta consistía en construir un muro lineal de dos metros de altura frente a la estructura de Costa Azul”, dijo y contó que se pusieron firmes en “cuáles eran las opciones”.
A su vez, relató que la Intendencia de Rocha no logró tener el presupuesto óptimo para implementar las obras que “serían las mejores”, pero consiguió “algo de dinero para la ejecución de algunas de ellas”.
“A la intendencia no le cerraba el presupuesto y llegamos a una solución intermedia para que pusieran determinado tipo de piedra, de cierto tamaño de núcleo, pero manteniendo la pendiente. Eso requiere una actividad de mantenimiento, que no negamos”, agregó y aseguró que el tiempo ha demostrado que la “situación ha mejorado respecto a lo que existía antes”.
Según supo El Observador, buena parte del costo de la obra está siendo pago por los vecinos de la primera línea, quienes deben abonar unos $16.000 anuales. Inicialmente, la Intendencia pidió un préstamo de US$ 1 millón a pagar en diez años, lo que no fue autorizado por la junta departamental. Tras las solicitudes de Ambiente, la obra terminó teniendo ese costo y la comuna decidió cobrar parte a los usuarios.
Anastasía también graficó que el problema existente en el departamento es que “el Municipio de La Paloma es de un partido distinto al del gobierno departamental. Esa es nuestra dificultad para tener un diálogo adecuado con todos los niveles de gobierno. Hacemos lo posible, pero tampoco podemos hacer magia”.
En otra comparecencia ante la comisión del Senado, el ingeniero Sebastián Solari del Imfia aseguró que propusieron “el revestimiento con una tapada de arena” en un “intento de reconstrucción dunar”.
“Entiendo que se ha hecho, hasta cierto punto por lo menos, la tapada; creo que no se ha hecho el intento de revegetación ni de poner cercas captoras, pero gran parte de lo que se tapó sigue así”, dijo y consideró que no hay que tener "esperanza" de que se vaya a generar una gran playa porque es una zona en la que “hay muy poco ancho”.
El ingeniero contó que la playa de Costa Azul tiene un “marcado ciclo anual” ya que acumula arena desde octubre o noviembre hasta abril. “En ese mes es cuando aparece la playa más recargada de arena, y a partir de ese momento empieza a retroceder”, explicó y aseguró que en agosto de 2023 “empezaron a trabajar las rocas” y “la protección empezó a quedar expuesta”. “A partir de ahí surgieron varias de las preocupaciones de los vecinos, pero ahora empieza a verse el ciclo de recuperación: las rocas empiezan a estar tapadas”, señaló.
Solari consideró que “mayormente” la obra estuvo bien aunque “hay fotos en las que parece que hubo una catástrofe” y otras de “publicidad de lo maravilloso que es”. “Creo que no es ni una cosa ni la otra”, agregó antes de mencionar que recién cuando se cumpla un año entero desde que terminó la obra se podrá tener una primera evaluación.
“Tal vez al contar con datos ciertos se pueda reducir la pasión que este tema despierta”, sentenció.