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La selva del fútbol

Sobre el mundo dirigencial del fútbol profesional

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06 de agosto de 2018 a las 04:45

El mundo de la dirigencia del fútbol profesional es muy peculiar. Es un mundo autónomo, con sus propias reglas, especie de club privado cuyas reglas y formas de procedimiento solo las comprenden quienes están dentro y maquinan las decisiones, o promueven la inexistencia de estas. Es un mundo regido por un organismo global, la FIFA, el cual también se mueve con las mismas intrínsecas peculiaridades, algo así como un coto de caza privado en el cual solo unos pocos conocen lo que realmente sucede. Fue investigado, varios peces gordos cayeron, pero eso no ha mejorado ni garantizado su credibilidad. La forma de proceder de la FIFA obliga a mantener vigente la sospecha.

Y el panorama dirigencial es parecido en toda América, desde Alaska hasta Tierra del Fuego. Una cosa es lo que se ve en la cancha, el deporte en sí, el espectáculo que mueve multitudes y despierta pasiones tribales de las cuales ni los seres más racionales consiguen librarse, y otra es lo que sucede en las oficinas. A ver. A casi un año de haber quedado fuera del mundial de Rusia 2018, la selección estadounidense de futbol todavía no tiene entrenador permanente. Incomprensible es poco. En México, renunció el colombiano Juan Carlos Osorio, que estuvo al frente del seleccionado en el reciente mundial, y la búsqueda del nuevo entrenador está regida por el misterio. Pasa lo mismo en Argentina.

Quien no sabe nada de fútbol y solo presta atención a los titulares de las noticias referidas a este, pensará inmediatamente que es una realidad donde proliferan la inoperancia y las decisiones equivocadas, producto de extrañas maneras de operar. No conozco ningún libro que esté dedicado exclusivamente a relatar una historia de las decisiones equivocadas de los dirigentes del fútbol en distintas partes del mundo a lo largo de la historia, pero seguramente sería un volumen con muchas páginas. Uruguay, por lo que vemos con escandalosa nitidez en la actualidad, no escapa a este panorama de dudas y sospechas respecto a la forma de manejar el fútbol. La lucha por el poder entre los candidatos a presidir la AUF está resultando patética y hace prever un futuro caracterizado por muchas cosas, menos por un espíritu de consenso, cordialidad y transparencia.

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