5 de agosto de 2011 17:15 hs

En los últimos años, el mundo de la música pop y rock está viviendo uno de tantos fenómenos extraños en Dinamarca. Desde hace algunos años, de allí están surgiendo bandas de jóvenes eufóricos que le cantan al simple hecho de estar vivos. No es menor en una época en la que el mensaje en general sigue siendo demasiado nihilista. Entre las más conocidas se encuentran MEW, Carpark North y los ya más consagrados The Raveonettes.

Se trata de grupos que hacen pie en una refinada elaboración melódica. En el caso de Mew, más tirada hacia el rock progresivo y el dreampop; en el caso de Carpark, de sonido más metálico y duro; y los Raveonettes con letras más sombrías que entrelazan vocalizaciones melódicas del pop pegajoso de los años sesenta con ambientes electrónicos muy nuevos.

En definitiva, hablamos de una música que sale al exterior realizada por jóvenes muy bien educados y muy bien alimentados. En esa línea entran las canciones de The Kissaway Trail.

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¿Por qué recomendar una banda danesa? La subjetividad del crítico siempre está a la orden del día. Pero lo cierto es que las canciones de este grupo en particular hacen demasiado bien.

En su caso, su música podría definirse como un conjunto de himnos actuales al amor loco de Breton y su cofradía de alucinados con la libertad y el azar puro, o de canciones ideales para cantarse a uno mismo en momentos de victoria o derrota.

También parecen bandas sonoras de avisos de chicles y a la vez conjuros que lanzan los solitarios convencidos de que tienen razón. Pero en definitiva, todo esto son trucos, estrategias para no decir lo que justifica la presencia de esta banda en esta página: Las canciones de The Kissaway Trail son bellas, llenas de alegría.

Pero de estas canciones hay muchísimas, quizá tantas como lo soporte la capacidad del iTunes o de cualquier otro almacenador de MP3. ¿Cuál es la diferencia entre The Kissaway trail y todas esas? Quizá que en una escucha bien minuciosa se aparecen tanto los Beatles, Beach Boys y Sonic Youth, en una combinación con personalidad que siempre mantiene vibrando el sentido del ruido, del noise rock.

Parte de ese estado anímico que las guitarras narran, entonces, tiene algo de tristeza. Es que la muerte trágica del padre de Søren B. Corneliussen, líder del grupo, no logró terminar con la banda (aunque estuvo a punto de hacerlo) pero sí influyó en parte de sus canciones.

Eso pasó poco tiempo antes de que se editara Into the ocean and rise again, primer disco del grupo editado en 2006. Claramente, el título alude a un renacer tras el ahogo del dolor. A este álbum le seguirían The Kissaway Trail (2007) y Sleep Mountain (2010), todos marcados por ese ida y vuelta entre el dolor y las ganas de vivir, todo eso comunicado con un estilo naif que bien podría hacer recordar al de Café Tacuba.

Lo que hace destacar a esta banda por sobre el resto, es lo que pocas logran dentro de tanta maraña musical en internet: comunicar esas ideas con efectividad y en varias capas. Es decir, que no se necesita saber inglés para entender qué es lo que comunican esas canciones rejuvenecedoras, que encierran sentimientos ambiguos como la sensación de victoria personal y, a la vez, de seres desesperados y despechados que cantan como quien siente que tiene razón; todo eso entre sonidos engañosamente confortables y con una profundidad poco fácil de encontrar en el género.

La música de The Kissaway Trail está llena, como ellos mismos la describen, de amor, de esperanza y de pérdidas. Es un sendero que se recorre sin esfuerzo y con el alma dulcemente encandilada.

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