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7 de enero 2024 - 5:04hs

“Bueno mi querido, te voy a decir los nombres de los chicos. ¿Tú me escuchas?”, la voz de Carlos Páez Vilaró atravesaba la tensión del estudio de radio para hacerse escuchar. En un taxi, en un hospital o en el pueblo más alejado del país, los uruguayos estaban a punto de confirmar el milagro.

Era el 22 de diciembre de 1972. Habían pasado 72 días desde que el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya que trasladaba jugadores de rugby del colegio Old Christians, amigos y familiares, se estrelló entre las escarpadas cumbres nevadas de la Cordillera de los Andes con 45 personas a bordo. La Fuerza Aérea de Chile había dejado de buscar. Pero en ese momento, estaban a punto de enterarse que 16 personas habían sobrevivido contra las inclemencias de uno de los lugares más inhóspitos del planeta.

Esa mañana los medios habían anunciado que Roberto Canessa y Fernando Parrado habían atravesado las montañas para contactarse con un arriero en la frontera de Argentina y Chile. Estaban vivos. El periodista Tomás Friedmann tenía 22 años, la misma edad que muchos de los pasajeros del avión, pero a pesar de su juventud contaba con un contacto clave en una de las historias que tenía al mundo en vilo: una amistad con Carlos Páez Vilaró.“Siempre estuvo convencido de que su hijo no había muerto", recuerda el periodista en diálogo con El Observador.

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Gentileza Tomás Friedmann Tomás Friedmann

Tres llamadas clave y un momento histórico

Con la noticia de que habían aparecido dos uruguayos, Friedmann llegó a los estudios de Radio Carve en la vieja casona en Mercedes 973 y se puso en contacto con colegas de Radio Minería de Chile sin mayor éxito. Entonces llamó al artista plástico.

No había discado directo, mucho menos teléfonos inteligentes o redes sociales. La llamada debía hacerse a través de una operadora. En más de un mes desde que había caído el avión, el periodista había mantenido un contacto periódico con las operadoras uruguayas y todas sabían por qué quería comunicarse con Chile cada vez que llamaba. Pero la comunicación solía demorar. “Me atiende la operadora y le digo ‘necesito que la comunicación sea urgente, ya te enteraste que hay sobrevivientes, tengo que hablar con Carlos Páez Vilaró’”, recuerda Friedmann.

El teléfono suena en el hotel de Santiago de Chile donde se hospedaba. Levanta el tubo. Pero la conversación, recuerda, fue corta.

– No tengo ni un minuto que perder, tengo que ir a la torre del aeropuerto de Pudahuel porque allí va a ser la coordinación de la búsqueda de los muchachos que están en la cordillera y van a traerlos en helicóptero para que los atiendan. Así que te corto, chau.

Ahí estaba, desde el centro de Montevideo intentando comunicarse con una torre de control militar en una comuna chilena. “Imaginate, ¿a quién llamo? Se me ocurrió llamar a la torre de control del aeropuerto Carrasco. Me atiende allí una operadora, una mujer, y le digo quien soy y para qué quería el teléfono de la torre de control del aeropuerto de Pudahuel”.

– Mirá, no te lo puedo dar el teléfono porque es una torre control militar y esos teléfonos no podemos darlos al público. 

– ¿Sabes para qué quiero el teléfono? Va a estar Carlos Páez Vilaró allí, vamos a conocer quiénes son los sobrevivientes de la tragedia de los Andes.

Te voy a dar el número, pero nunca hablaste conmigo.

Inmediatamente llamó a la operadora Usinas y Teléfonos del Estado y le pidió que lo comunicara de forma urgente con la torre de control del aeropuerto chileno. Cortó. Dos minutos después sonó el teléfono, el operador de la radio le pasó la llamada y desde ese momento, le dijeran lo que le dijeran, todo saldría al aire.

Del otro lado de la línea lo atendió un coronel.

– Buen día, aquí Tomas Friedmann de Radio Carve de Uruguay. Lo estoy llamando porque nos han informado que desde esa torre de control van a coordinar este el rescate de los jóvenes sobrevivientes del accidente uruguayo.

– Efectivamente, dos helicópteros nuestros están ya en el lugar para sacar a los jóvenes que son sobrevivientes

– Tengo toda la audiencia del Uruguay escuchando esta llamada y quisiera conocer la lista de quiénes son.

– Lamentablemente usted se imaginará que nosotros entendemos que la lista la tienen que conocer primero los familiares de los jóvenes sobrevivientes y los que han fallecido. Le pido que me llame más tarde, cuando esté la situación bajo estos parámetros no tendré ningún problema en darle la información.

Cuando el coronel iba a terminar la llamada, Páez Vilaró entró a la torre de control. 

– ¿A usted le gustaría hablar con él un minuto?

Gentileza Tomás Friedmann Carlos Páez Vilaró leyendo la lista de los 16 sobrevivientes de los Andes

De repente se escucha por el teléfono y sale al aire el ruido de una teletipo. “Esta debe ser la lista", le dijo el artista, que hasta ese momento no tenía la certeza de que su hijo estuviera con vida. 

Bueno mi querido, te voy a decir los nombres de los chicos. ¿Tú me escuchas?

Páez Vilaró comenzó a leer la lista, diciendo cada nombre dos veces para evitar confusiones. En la mitad de la lista estaba el nombre su hijo.

Carlitos Miguel Páez mi hijo, Carlitos Miguel Páez mi hijo

"Ahí se le entrecorta la voz. Después, cuando volvió a Montevideo, me dijo: 'No sé de dónde saqué fuerzas para seguir leyendo la lista, pero la saqué. En el momento tenía la cara llena de lagrimas pero no puedo dejar de leerla y que se queden sin saber los nombres'", rememora el periodista.

Los nombres llenaron el silencio que cubría el estudio. Uno de esos silencios que suceden cada tanto en las salas de prensa, cuando algo importante está sucediendo. En los viejos estudios funcionaban dos emisoras y trabajaban más de 100 personas. Todos estaban escuchando la transmisión desde el pasillo, en silencio. Uruguay entero estaba en ese momento escuchando radio Carve. 

Cuando la llamada terminó, Friedmann sabía que tenía la responsabilidad de informar quiénes fueron los pasajeros que murieron en la montaña. “Teníamos la lista de todos los que estaban en el avión. En aquel momento con los compañeros del departamento de prensa tuvimos que hacer un trabajo cuidadoso para no cometer ningún error cuando diéramos la lista de los fallecidos en la tragedia. Cometer un error ahí hubiera sido una cosa terrible", comenta. 

Demoraron 40 minutos en corroborar la nueva lista: la lista en la que nadie quería escuchar el nombre de sus seres queridos. Repetieron la llamada con el artista y la leyeron. "Estos son los fallecidos, desde aquí les damos nuestro homenaje. Quedaron para siempre en la Cordillera de los Andes", recuerda que dijo el periodista.

La noticia tuvo repercusión mundial, desde ese momento recibieron llamadas de radios y medios de prensa internacionales. “Cerca de 70 llamadas de medios de Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, desde toda América Latina, canales de televisión y agencias internacionales que pedían la grabación. 

“Evidentemente fue una noticia que marcó mi carrera periodística y me marcó la vida”, dice Friedmann y recuerda que a medida que la noticia seguía su curso él estuvo 10 días "con la emoción a flor de piel”.

La sociedad de la nieve: 50 años después 

Carlos Páez sostiene el teléfono con su mano izquierda mientras lee la lista. 50 años después de que el artista plástico se emocionara al leer su nombre, Juan Antonio Bayona le pidió al sobreviviente que interprete a su padre en la película

“No solamente me estaba metiendo en mi historia, sino que además me estaba metiendo en la historia de mi padre", dijo en una entrevista con El Observador, publicada antes del estreno de la película. "Fue maravilloso porque es una experiencia totalmente sanadora para mí, pero reconozco que fue duro”, agregó.

Para esa llamada, Friedmann también volvió a vivir ese momento. Hace aproximadamente un año Páez lo llamó para contarle que el director español estaba trabajando en una película basada en el libro de Pablo Vierci. Y le pidió qué él también reviviera ese momento, que fue grabado en la Intendencia de Montevideo.

Gentileza Tomás Friedmann Tomás Friedmann y Carlos Páez en Casa Pueblo

El periodista contó que se hizo una prueba con un audímetro antes de volver a grabarlo. “A la edad que tengo hoy, 73 años, tengo la misma voz que hace 50 años. Se probó con un audímetro para ver cómo estaba mi voz entre la llamada original y la llamada actual y mi voz es exactamente igual. Tengo esa suerte y por eso sigo haciendo radio", sostuvo.

El periodista considera "un honor y un reconocimiento" formar parte de La sociedad de la nieve y contó que al verla sintió una "tremenda emoción". "Desde que empezó la película ya estuve emocionado otra vez. La película refleja lo que pasaron ellos, la caída del avión, como vivieron en la nieve y el momento de mi llamada. Imagínate, en el medio de la película la voz mía en el silencio del momento me hizo revivir lo que hace 50 años había vivido en directo".

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La Sociedad de la Nieve

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