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La última novela de Cristina Peri Rossi habla del amor, el sexo y el rol de la mujer

Un ajuste de cuentas de la escritora uruguaya en "Todo lo que no te pude decir" 

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28 de octubre de 2018 a las 05:00

No se le puede achacar a Cristina Peri Rossi que diga ahora lo que no dijo antes porque a lo largo de su carrera literaria temas como el de las relaciones asimétricas, el amor entre mujeres o la dictadura uruguaya, son una constante. Nada hay, entonces, de oportunismo en este Todo lo que no te pude decir, su último trabajo literario, que retoma asuntos ya tratados pero los actualiza vigorosamente con esa picardía e imaginación que caracteriza a la autora de La nave de los locos. 

Sí, en cambio, se le puede reprochar que maltrate al género masculino sin piedad durante toda la novela, que divida tanto entre buenas y malos, que incline tanto la balanza hacia un lado. Es como si, además de liberarse y llamar a la liberación de todas las mujeres, hubiera que humillar a ese “poder fálico” que aparece tantas veces citado en el texto y que hoy parece batirse en franca retirada.

Más allá del fondo ideológico o reivindicativo, también hay que decir que la novela, hecha de textos autónomos pero relacionados, funciona como un reloj suizo y está muy bien escrita, con una prosa eficaz tanto en la parte estrictamente realista como en el terreno lírico, donde Rossi se luce.

El comienzo, surrealista, presenta al comisario Fonseca intentando capturar a una pareja de chimpancés que se ha escapado del zoológico, lo que da pie para luego introducir al personaje de Suárez, que trabaja en el establecimiento y que acapara el principio de la historia con su novia por un lado y con una mona por el otro. 

Los pasajes eróticos explícitos entre el hombre y el animal no son para cualquiera, y las escenas sexuales, por momentos francamente desagradables y escatológicos pueden, como se suele decir, herir la sensibilidad del espectador, que asiste atónito a un show de zoofilia que parece significar que, impulsado por deseos innombrables y llegado el caso, un hombre es capaz de acostarse con lo que sea o engañar a su novia con lo que sea.

Ese mismo hombre también tendrá sexo por 10 euros con una pobre chica drogadicta que vive en la calle y terminará enfermo de SIDA antes de desaparecer de la novela.

Fonseca en cambio es presentado como un ser desgraciado, que solo puede recurrir a una prostituta para aplacar su soledad y su incapacidad de amar. Cuando tras años de relación profesional le plantea ser novios, Silvia le anuncia que se va a vivir con una mujer, lo que da paso a la segunda parte de la novela, que se centra en la relación lésbica que se desarrolla a continuación.

Esa relación amorosa en contraste con todo lo anterior es delicada y finísima en su construcción estilística. No se le puede poner un pero y eleva a la novela, que gana puntos según avanza hacia un final que se retrotrae a la dictadura uruguaya para explicar el pasado de la protagonista.
Ese flashback es de lo mejor del libro por el retrato fiel de un período nefasto de la historia nacional, la descripción de Montevideo y la peripecia de la protagonista, detenida, torturada y finalmente raptada por un oficial enamorado muy bien caracterizado.

En el medio hay referencias a Lewis Carroll y su pasión por fotografiar niñas, a Roman Polanski y la violación de una adolescente, a Franz Schubert y su sífilis, al rapto de Proserpina y a un largo etcétera de referencias cultas que le agregan interés al texto.
Pero cuando se cierra el libro, en la cabeza del lector solo resuenan las frases airadas que lo tapan todo y que le restan valor a una novela audaz pero también algo excesiva.

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