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La vida itinerante

Antes fue primera bailarina Ballet Nacional del Sodre e integró la compañía brasileña Déborah Colker, ahora forma parte del espectáculo Volta

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21 de marzo de 2018 a las 05:00

Rosina Gil levanta el teléfono de su habitación en un hotel de Tampa, Florida. Dice, entre risotadas, que ya no sabe en qué idioma habla. Si en español, portugués o inglés. Antes de llegar a Estados Unidos, Gil tuvo varias residencias. "Nómade desde chica", dice ahora a los 33 años.

Gil es bailarina. Hizo la escuela nacional de danza en Montevideo. Eran los primeros años del siglo XXI y el ballet no estaba en su momento de esplendor en Uruguay. Así que sus primeras valijas fueron para irse a Paraguay como primera bailarina junior. Y nunca más se detuvo. Después el destino fue España, donde integró la compañía David Campos. Vivió en Barcelona, Zaragoza y Madrid. Hasta que en 2010 Julio Bocca asumió la dirección artística del Ballet Nacional del Sodre y regresó.

Gil llegó a ser primera bailarina de la compañía estatal uruguaya. Entre sus interpretaciones más formidables están, por ejemplo, los protagónicos de La Bayadera y El lago de los cisnes. No fueron los únicos. En 2014, mientras ensayaba la coreografía neoclásica In the Middle, Somewhat Elevated de William Forsythe alguien la vio. A ella y a sus movimientos limpios y contundentes. No era cualquiera. Era Deborah Colker, responsable y coreógrafa de la reconocida compañía homónima de danza brasileña que estaba en Montevideo para presentar su espectáculo Belle. Le ofreció ser parte de su equipo. Gil dijo sí. Meses más tarde estaba instalada en Río de Janeiro. Bailó y protagonizó buena parte de los espectáculos más soberbios de Colker: Belle, Tatyana, Cão sem plumas.
Hasta que decidió, una vez más, hacer las valijas e irse. Y ahora, sí, tener una vida nómade de verdad.
Desde febrero forma parte del gigante Cirque du Soleil y es una de las artistas del espectáculo Volta que, durante todo 2018, estará girando por Estados Unidos.

El hoy de la bailarina

Gil pensó: "Hasta que no sea oficial, hasta que no estrene, no lo voy a decir por las dudas". Los artistas, a veces, tienen sus cábalas.

Así que cuando salió, por fin, a escena, Gil escribió un post en Facebook y contó la noticia.

"Yo ya estuve en 2008 en el Cirque en uno de los espectáculos que forma parte de sus eventos especiales. En ese caso era un show de seis meses por la Expo Zaragoza. Se llamaba El despertar de la serpiente y hablaba del problema de la falta de agua. Yo hice una audición cuando estaba allá y era una figurante. Acá soy un personaje", cuenta.

Gil quedó en la inmensa base de datos del circo. Así que un día, de forma inesperada, como llegan las grandes noticias, apareció un mail del Cirque du Soleil en su casilla de correo. "Me pidieron que mande un demo según las características del personaje. Necesitaban una bailarina clásica para un espectáculo. Después de ahí pasé a una pre selección y me pidieron un video con bailes con la parte técnica. Y al final me eligieron", dice la bailarina.

El contacto llegó durante sus vacaciones. En el verano de Carmelo, Uruguay. Gil lloró. Era, por un lado, un sueño. Y, por otro, un nuevo cambio. No sabía si se iba a animar,

Hasta que se acordó.

En octubre Gil viajó junto a la compañía Deborah Colker a Taiwán. Estaban en plena gira y se agarró salmonela. Bajó siete kilos en cuatro días y los médicos no lograban que mejorara. Gil, dice, que el riesgo fue alto. El trauma posterior también.

"Cuando me llegó el mail del circo lo sentí como una señal. Pensé: 'si la vida me está poniendo esto es porque tal vez lo tengo que tomar, me tengo que arriesgar'. Fue bastante místico y eso que no soy cristiana ni tengo una religión. Pero sí creo en las fuerzas del destino y que todos tenemos un camino. Nunca me pasó de tener una muerte cercana. Cuando lo vivís en carne propia te cambia la percepción de todo. Notás que todo es muy efímero".

Así que aceptó. Deshizo su vida en Brasil. Puso ropa, de nuevo, en valijas y viajó hasta Montreal, Canadá donde el Cirque du Soleil tiene su base de operaciones.

Volta y después

En Volta –el espectáculo en el que participa y que se estrenó en 2017– Gil interpreta a la madre de Waz, un niño que sufre de bullying por tener el pelo azul. En escena ella es una bailarina de ballet y él un acróbata de BMX.

Sobre su cuadro artístico, la compañía escribió el siguiente texto: "Un ciclista BMX ejecuta una rutina fascinante en su bicicleta y lleva a cabo un pas de deux con una bailarina de ballet. Provenientes de disciplinas que parecen ser de mundos distintos, los dos artistas crean imágenes invertidas en una coreografía sincronizada que hipnotiza".

Gil no es acróbata, pero sabe que ese mundo es tentador y que, tal vez, en un futuro próximo vuelva a tomar otro riesgo. Pese a las súplicas de su madre que le dice que, por favor, se quede tranquila.
Sobre los artistas del circo, la bailarina dice lo siguiente: "Es gente que desafía sus propios límites. Para mí son como superhéroes".

Lo cierto es que el sueño de Gil es desarrollar una carrera como creadora de coreografías. "Todo lo que sea la parte de crear es lo que me gusta y es lo que veo a futuro. Lo que más me gusta es hacer algo nuevo y no ser solo intérprete. Porque la carrera de bailarina es corta. Esta experiencia me va a servir para tener otras herramientas para el día que quiera hacer mi propio espectáculo", dice Gil.
En sus años en el Ballet Nacional del Sodre, la bailarina hizo Cosmópolis, una experiencia como coreografía dentro de una compañía. Aún recuerda la sensación de comodidad y seguridad que le generó. "Me encanta poder volcar mis ideas, mis locuras, lo que he vivido en un espectáculo", explica.
Mientras tanto, hasta que llegue ese momento, Gil sigue reuniendo experiencias, herramientas y aprendizajes que después mete en valijas cuando se muda de país.
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