Una de las mejores cosas que tienen los videojuegos deportivos es que con ellos se puede modificar la realidad. Si somos seguidores del Real Madrid, podemos jugar una Liga de Campeones y ganársela al Barcelona de Suárez, Neymar y Messi en el FIFA 2015. Si somos de Peñarol, Nacional, Danubio o Defensor podemos aprovechar algunas de las anteriores entregas de la serie Pro Evolution Soccer (PES) y ganar de una vez por todas la ansiada Copa Libertadores. Podemos quedarnos con el título de la NBA liderando a un equipo menor contra los poderosos planteles de LeBron James o Stephen Curry, o incluso dominar la Fórmula 1 con un coche de una escudería que en la vida real no tendríamos chances ni de oler los puestos altos al final de cada carrera. Sí, hay otra vida posible en los videojuegos deportivos. Lo que cambió es que ahora los propios deportistas se la están empezando a tomar más en serio.
La vida paralela de los deportistas
En algún momento iba a pasar: ahora examinan con detenimiento qué habilidades les dan los videojuegos e incluso se preocupan por su apariencia
