Opinión > EDITORIAL

La violencia en los liceos

Muchos liceos conviven con una realidad violenta 

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30 de marzo de 2019 a las 05:04

La pelea violenta entre dos estudiantes de un liceo ubicado en un barrio de contexto crítico de Montevideo, ocurrida adentro de un edificio educativo, alentada incluso por familiares de una de las protagonistas, es un hecho que, por repetido, no deja de ser lamentable y que desnuda, una vez más, la fractura social que sufre la capital y la paupérrima realidad de la educación pública. Casos como este son los que permiten tomar conciencia de los males que provoca la creciente marginalidad cultural, que el gobernante Frente Amplio no supo encaminar, y que pueden alimentar un ambiente de delito. 

El lunes 25, en el liceo N° 62, del barrio Colón, al término del turno matutino, una alumna ingresa al establecimiento acompañada de familiares, en busca de otra estudiante con la que había tenido problemas en el barrio, según el relato de profesores. Las dos adolescentes se trenzan en una riña salvaje. Una adscripta intenta separarlas, pero cae al piso y recibe patadas en el cuerpo, en medio de insultos de familiares que alientan la reyerta. Los profesores, no saben qué hacer. Impotentes ante la situación, intentan frenar a las alumnas con sus propios cuerpos. 

El gremio de profesores aprobó un paro de 24 horas en los liceos de Montevideo, el pasado miércoles 27, en repudio al ataque a la funcionaria del liceo y en reclamo de más personal preparado para intervenir en casos violentos. Todo el incidente es lamentable. 

En primer lugar, la pelea de las estudiantes, y con la participación de adultos, en las instalaciones de un liceo en donde se encuentran para resolver violentamente un problema suscitado en el barrio. El liceo deja de ser un espacio de contención, de convivencia y de formación de buenas personas, para transformarse en una zona para la guerra. Es un suceso representativo de una crisis de autoridad de la que habló el jefe de Policía de Maldonado, Erode Ruiz, en una entrevista de El Observador, el pasado sábado 2. Al explicar los cambios que hubo en la conducta del delincuente en 50 años, el funcionario policial se refiere a la “pérdida de valores en la sociedad”, un problema en aumento, que se refleja en casos de hijos que pegan a sus padres y de progenitores que agreden a maestros.

“No es solo un tema de la policía y el delincuente, sino un tema de la sociedad. Hay que respetar la autoridad. ¿Cuál autoridad? Cualquier autoridad”, dijo Ruiz. Y tiene razón.  

La reacción del cuerpo docente deja mucho que desear. Reclama más personal y hace un paro -una medida inconducente y que incluso aviva el clima de violencia instalada-, sin una reflexión sobre cómo debería lidiar el profesor con una realidad social de la que no habrá cambios inmediatos. ¿La respuesta adecuada es atenerse a decir “nosotros no estamos preparados” para disipar una pelea dentro del liceo porque “somos educadores” como declaró un profesor en televisión?

No estamos ante un hecho anecdótico. Se trata de la descarnada realidad de la vida cotidiana de muchos liceos públicos ubicados en barrios de contexto crítico. Es una síntesis de la desidia en la enseñanza, de la crisis de una sociedad que desde hace muchos años está barranca abajo de la mano de una fragmentación social que perjudica tanto el bienestar social como la felicidad individual. 

 

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