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Lacalle “hijo de yuta”, el escrachado Silva y la decadencia de la educación

Personas vinculadas a la enseñanza expusieron sus diferencias con el gobierno a través de insultos y escraches

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30 de agosto de 2022 a las 14:18

Es cierto que el presidente Luis Lacalle Pou sobreactuó y le falló el oído cuando se paró frente a los manifestantes y abrió la boca exageradamente para fingir estupor ante un grito de “hijo de puta” que no fue tal.

Pero el grupo de personas vinculadas a la educación –el gremio de profesores dijo que la protesta no fue organizada por ellos- se la dejó servida cuando lo esperaron al final del acto del 25 de agosto por la Declaratoria de la Independencia y lo agraviaron mezclando referencias políticas con palabras del lunfardo.

“Estos son profesores, ¿no? Me están diciendo hijo de puta”, dijo el mandatario sonriente y se retiró del lugar seguro de haber dejado a sus críticos expuestos en su vulgaridad.

Tuvo razón el presidente en sentirse ofendido –aunque se mostró más gracioso que injuriado- pese a que ese insulto nunca fue proferido.

Porque según explicó un estudiante agremiado, los manifestantes no usaron el calificativo “puta”. Y, exhibiendo una falta de comprensión portentosa sobre las formas de una afrenta, el joven dijo a Montevideo Portal: “En todo momento se cantó ‘hijo de yuta (policía)’ y no ‘hijo de puta’. No se faltó el respeto”. Y, a continuación, narró qué fue lo que realmente corearon los que protestaban contra la reforma educativa impulsada por el gobierno.

“Te puso el Fondo (Monetario Internacional), Cuquito botón / a  vos te puso el Fondo, Cuquito botón/te vendés a los yankis, entregás el país/ sos un hijo de yuta, te tenés que ir”, fue la consigna que se entonó con la música de “Loco tu forma de ser” de Los Auténticos Decadentes.

 Al parecer quienes la emprendieron contra el presidente consideraron que acusarlo de ser un títere del FMI –organismo con el que Uruguay saldó su deuda en 2007-, tratarlo de “botón” –dícese de un soplón o un delator según el lunfardo argentino-, vendido a los yanquis, entregador del país que debería irse de la presidencia, no representa una falta de respeto.

Si esa forma de razonar, si esa creatividad para darle forma a las diferencias es la que campea en las aulas, no resulta extraño que en buena parte de los liceos y escuelas del Uruguay la compresión lectora escasee mucho más que un Presupuesto que nunca parece alcanzar.

Para peor, el sábado 20 las protestas contra la reforma educativa del gobierno habían llegado hasta la puerta del presidente del Codicen, Robert Silva, cuando alguien pintó en la fachada “Robo Silva”, “Cntrl+C, Cntrl+V”  “La educación es el del pueblo”.

 Lo del robo, y la referencia a las letras del teclado que habilitan el copiado y el pegado, tiene que ver con una denuncia realizada en las redes sociales por una profesora quien señaló que el documento “Propuestas para el diseño de la formación de grado de los educadores” de la ANEP contiene párrafos iguales a los de un archivo del Ministerio de Educación de Argentina. La denuncia fue replicada por la Federación Nacional de Profesores de Educación Secundaria (Fenapes). Desde la ANEP respondieron que se trató de un simple olvido al poner las comillas que indican una cita.

Si esa creatividad para darle forma a las diferencias es la que campea en las aulas, no resulta extraño que en buena parte de los liceos y escuelas del Uruguay la compresión lectora escasee mucho más que un Presupuesto que nunca parece alcanzar.

Más allá de este hecho, el escrache es una forma violenta de protesta. En su momento fue usado para exponer a los militares que, habiendo cometido atroces crímenes durante la dictadura, escaparon de las manos de la Justicia. Se trató de casos especialísimos pero, al parecer, los que señalaron la casa donde vive Silva entendieron que el dirigente batllista merecía ser expuesto ante la sociedad del mismo modo que torturadores y golpistas.

Mientras tanto, miles de niños y jóvenes de las periferias padecen la imposibilidad de acceder a los lugares en los que se imparte la educación formal. Y muchos de los que sí tienen ese privilegio gastan su tiempo en formas de protesta que poco ayudan para que la enseñanza sea de verdad un derecho de todos. Un derecho que bien ejercido es uno de los mejores remedios contras las consignas fáciles y los penosos escraches.

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