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Lagarde: we have a problem

Un nuevo contexto político en Argentina que amenaza la continuidad

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16 de agosto de 2019 a las 05:03

El sorpresivo resultado electoral del pasado domingo en Argentina, generó un mar de dudas respecto al futuro económico del país sudamericano. Como resultado de la abultada victoria de la fórmula Fernández sobre Macri, el día después de la elección se dio una devaluación del peso argentino cercana al 30%, lo que implicó una de las mayores caídas desde la crisis financiera del año 2001. Además, el riesgo país superó los 1.700 puntos, mientras se registró una importantísima caída del Merval.

La inestabilidad de los mercados se da en momentos en que la economía argentina muestra proyecciones de crecimiento económico muy débiles para los próximos años y sigue enfrentando elevados niveles de inflación y desempleo, lo que generó un aumento de la pobreza. A su vez, el país ha asumido una serie de compromisos con el Fondo Monetario Internacional que limitan el margen de acción de las políticas públicas.

Los impactos del nuevo contexto político en Argentina no se hicieron esperar en Uruguay, donde el lunes pasado aumentó la cotización del dólar, lo que llevó a una importante intervención del Banco Central del Uruguay. La devaluación de la moneda argentina tiene efectos en las relaciones bilaterales, en especial en el comercio de bienes pero también en la exportación de servicios como el turismo. Más allá de los efectos negativos que se puedan registrar por la inestabilidad financiera que reina en el país vecino, en Uruguay preocupa la evolución que tendría la agenda bilateral y regional en un posible gobierno de Alberto Fernández.

La preocupación es ampliamente justificada si se repasan algunas de las políticas seguidas por el kirchnerismo en sus gobiernos, las que por cierto afectaron directamente a Uruguay. Basta con repasar solo algunas de ellas, como por ejemplo el bloqueo que por años se mantuvo de un puente internacional por las discrepancias respecto a la instalación de una planta de celulosa, las campañas contra el turismo en Uruguay, el bloqueo de los tránsitos en puertos uruguayos, las dificultades para el dragado de los ríos limítrofes y las restricciones impuestas a los argentinos para operar con moneda extranjera.  

En el caso de las medidas proteccionistas, recordar algunas como el régimen de Declaración Jurada Anticipada de Importación, las licencias no automáticas, la exigencia de certificaciones con demora en su expedición, las conocidas amenazas del secretario de comercio Guillermo Moreno para evitar que las empresas realicen importaciones, la aplicación de medidas de defensa comercial no ajustadas al derecho internacional, las trabas aduaneras indiscriminadas aplicadas contra las importaciones y los impuestos a las exportaciones, los que terminaron transformándose en un subsidio indirecto para la industria de alimentos del país vecino. El posible cambio de gobierno en Argentina también afectaría la agenda regional, lo que ya quedó en evidencia con el preocupante cruce de declaraciones entre Bolsonaro y Alberto Fernández. 

Lo cierto es que los consensos alcanzados en el Mercosur en estos últimos años podrían romperse, ya que la fórmula Fernández no acompaña la idea de un bloque menos burocrático y con un menor nivel de politización. 

Por otro lado, es claro que discrepa con la apertura comercial y en el plano político apoya al régimen de Maduro. En este escenario, el Mercosur podría enfrentar dificultades en la continuidad de sus reformas, como por ejemplo la baja del arancel externo común y la eliminación de las barreras no arancelarias. 

También se esperan dificultades para avanzar en la agenda externa, ya no solo en lo referido a la culminación de las negociaciones en curso con países como Canadá, Corea del Sur y Singapur o la posibilidad de acercarse a Estados Unidos. Pero también y, lo que es más grave aún, podría verse afectado el proceso de incorporación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea. 

Sobre el mismo, una vez culmine su revisión jurídica y su posterior traducción a los 23 idiomas oficiales de la Unión Europea, el mismo deberá ser firmado por el presidente del Consejo Europeo y luego aprobado por el Parlamento Europeo, lo que habilitaría la puesta en vigencia provisional del pilar económico y comercial. Del lado del Mercosur, se necesita la firma de los cuatro presidentes de los Estados parte para su posterior tratamiento en los parlamentos nacionales, existiendo la posibilidad de que ingrese en vigencia solo en los miembros que lo incorporen. Ahora bien, para llegar a esa instancia, el acuerdo deberá ser firmado por todos los presidentes, responsabilidad que no estará en manos de Macri debido a los tiempos que insumirá su revisión jurídica, traducción y puesta en vigencia desde el lado europeo. 

En otras palabras, de ser electo presidente de los argentinos, Alberto Fernández podría bloquear la puesta en vigencia del acuerdo con la Unión Europea, lo que abriría una nueva etapa de retrocesos en el Mercosur con resultados impredecibles. 

En definitiva, el nuevo contexto político argentino podría cortar con la buena relación bilateral que Uruguay y Argentina tuvieron en el período de Macri, además de afectar la continuidad del Mercosur y quebrar nuevamente la credibilidad internacional del país sudamericano a nivel internacional. 

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