Opinión > ANÁLISIS

Las 10 mochilas siguen allí

Persisten los lastres que siguen frenando a la producción

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20 de enero de 2019 a las 05:02

Es muy positivo para la sociedad uruguaya que vuelva a realizarse una concentración ciudadana apartidaria en Durazno este 23 de enero.  Un solo Uruguay no es un sindicato, no es una patronal, no es un movimiento político partidario, no es lo que quienes la atacan dicen que es. Es un colectivo, una red, un conjunto de uruguayos que sienten que algunas cosas no están funcionando bien y que si no se corrigen funcionarán peor.

El movimiento ha sido calumniado en reiteración real. Pero  allí sigue un conjunto  de ciudadanos que quiere producir más, que quiere emprender más, que quiere invertir más, que quiere que el Estado gaste lo que sustentablemente se pueda gastar, teniendo más celo aún que si de dinero propio se tratara, porque es el dinero del pueblo el que está gastando. Un conjunto de ciudadanos que se disgusta cuando ve que la deuda aumenta para cubrir un mero déficit y que eso se festeja. 
Lo que planteó un año atrás mantiene plena vigencia. El déficit fiscal sigue, el atraso cambiario sigue, las tarifas monopólicas de la energía por encima de lo que pagan los países vecinos permanecen.

Es un conjunto de ciudadano que cuando ve que en forma inconsulta se gastarán miles de millones para una vía de tren cuasi privada se alarma, pero que no es anti inversión, todo lo contrario: quiere que haya condiciones para invertir en todos los rubros y sectores.
Es un conjunto de personas que no quiere un sistema parecido al de Venezuela nunca jamás, que no quiere confrontación, ni campo contra ciudad, ni ricos contra pobres, porque como cuando se mira a la selección en fútbol o en cualquier deporte, lo que importa es Uruguay.
Es una red, que ha sabido no responder a infinidad de agresiones porque parece entender aquello que alguna vez dijo John Lennon: el sistema quiere que te pongas agresivo para descalificarte, ahí se siente cómodo. Les han dicho ladrones de  ganado, pedófilos, traficantes, oligarcas  y toda una sarta de calumnias. En cambio esta red diversa que solo quiere un país normal  a alguien que tenia algún comportamiento no apropiado o dudoso lo apartaron del movimiento de inmediato.

Los que agitan la lucha de clases para dividir y reinar, los han pinchado por todos lados y Un solo Uruguay nunca ha perdido la línea del respeto,  el planteo firme pero planteado en buenos términos con la disposición al diálogo. Y su defensa es la de todos en muchos sentidos. Todos los uruguayos sabemos que un Estado que pierde US$ 2.000 millones cada año genera una deuda que a la larga no es sostenible. Podemos elegir no querer verlo. Uno puede eludir la realidad. Pero no podrá eludir las consecuencias de ignorar la realidad.
Todos sabemos que el país es caro por demás y que eso va en desmedro de la mano de obra nacional por  lo que las exportaciones se van volcando cada vez más al ternero en pie, la lana sucia, la leche en polvo. Exportaciones que además están notoriamente estancadas. Mientras el esfuerzo serio y sistemático por ganar en competitividad no llegue y los productores queden por el camino, como quedan los pequeños industriales y comerciantes, los camioneros pequeños.

Pero más que eso. Deben terminar situaciones de atropello en la que se nos van aspectos patrimoniales fundamentales. Nuestros hijos, los de los uruguayos de Montevideo y del interior, los locales y los del mundo, tiene el sagrado derecho de chapotear y admirar las playas de San Gregorio de Polanco. No hay derecho a inundar a  la gente y además argumentarles de una manera tan dudosa.
Saben todos los uruguayos que se está decidiendo la inundación de miles de hectáreas? Conocen los uruguayos San Gregorio? Saben cómo va a quedar si la inundación se aprueba? En esta era en la que pasamos mirando pantallas y mundos virtuales parece que nos olvidamos de mirar a nuestro interior.  Hay chance de que se actúe de otra forma. Al cierre de esta columna se ha dado marcha atrás con el decreto que aumenta la cota del lago del río Negro. 

¿Es posible que en un país que ha tenido un desarrollo exuberante de la energía eólica haya que inundar un lugar tan bello? Los vecinos se sienten atropellados con toda razón. Si lo hicieran blancos o colorados, la izquierda estaría hecha una fiera ante “el atropello de la derecha vendida a los intereses de las multinacionales avasallando los derechos de  los productores”.
Tal vez el gobierno cree que esto es algo comparable a un sindicato que pide más y más dinero del Estado. Esta red pide con toda razón el derecho a producir en equitativa competencia con Argentina, Brasil, no perdiendo margen por pagar tarifas y otros costos desfasados con los vecinos. Pide con toda razón condiciones comerciales similares para competir con los productos de Australia y Nueva Zelanda que están permanentemente labrando acuerdos de comercio con barreras lo más bajas posibles. Es un pedido casi obvio de ecuanimidad.  La lógica actual simplemente no es sustentable. Permite llegar a las elecciones, tal vez a marzo de 2020, con más deuda pero sin grandes inestabilidades. A tasas muy atractivas -por ahora- nos siguen prestando. Los jóvenes uruguayos en su mayoría están mirando su celular y ni se enteran. La mayoría me de ellos seguramente no imagina que cada año el Estado uruguayo pierde US$ 2.000 millones que pagaran ellos, por ejemplo con bonos que habrá que amortizar cuando ellos estén en edad laboral. La mayoría de ellos seguramente no sabe que desde hace cuatro años en Uruguay la generación de empleo retrocede, la mayoría de ellos tal vez no sabe que en este país agropecuario una alta proporción de quienes se reciben de agrónomos está emigrando a Oceanía.  

Al Uruguay inclusivo le falta reconocer dentro de su mapa de diversidades, con la más alta consideración y respeto a los uruguayos que trabajan la tierra, pequeños, medianos y grandes. Le falta una defensa transversal y enfática de la producción nacional de los servicios que permiten que seamos un gran exportador, y un quiebre que permita retomar la aventura del crecimiento hoy tan solo limitada a la celulosa saliendo de zonas francas. Por eso sigue siendo necesario otro 23 de enero que advierta que el estancamiento del agro, la industria son problemas reales y que un país dividido no logrará superarlos. Las mochilas que todo quien emprende carga como consecuencia del gasto desmedido del Estado siguen allí y los uruguayos atentos y preocupados deben también seguir expresando respetuosamente su discrepancia y con la mano persistentemente tendida para la búsqueda de soluciones. 
 

 

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