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Las consecuencias económicas de lord Keynes

Una historia del dinero en Uruguay (XXI)

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28 de febrero de 2018 a las 05:00

En los primeros años del siglo XX los teóricos anglosajones, cuyos países habían estado a la vanguardia de la Revolución Industrial, no se sentían complacidos con los ciclos de la economía y buscaban la forma de regularlos, o al menos suavizarlos, mediante estímulos y desestímulos alternativos.

La Gran Depresión parecía el cumplimiento de la profecía de Karl Marx de que el capitalismo se hundiría luego de grandes crisis económicas y una revolución sangrienta y total, al estilo del estallido francés de 1789. En algún momento, que muchas veces imaginó inminente, los proletarios, "vanguardizados" por los partidos comunistas, derrocarían a la burguesía, como la Revolución Francesa acabó con el monopolio de la nobleza feudal. De alguna forma, la enorme crisis desatada en 1929 y el miedo contribuyeron a que el capitalismo europeo se reformara y limara sus aristas más duras. Fue la era de los experimentos socialdemócratas, que continúan hasta hoy: la etapa más moderna del liberalismo socio-económico y político.

Variaciones sobre el capitalismo

Después de la Gran Depresión, el objetivo básico de las políticas económicas de Europa Occidental, con su capitalismo reformado, pasó a ser el "pleno empleo". El arquetipo de ese pensamiento, aunque no el único, resultó el barón inglés John Maynard Keynes (1883-1946), economista y docente de Cambridge que gozaba de gran prestigio intelectual.

Keynes había participado de las negociaciones de paz de la Gran Guerra que culminaron en el Tratado de Versalles de 1919. Entonces escribió un libro impresionante: "Las consecuencias económicas de la paz", en el que advirtió que las cláusulas vengativas y humillantes contra Alemania, al estilo de lo que los romanos hicieron con Cartago, provocarían revanchismo y abonarían una nueva guerra mundial.

Keynes seguía en general las reglas de la economía clásica. En 1922, cuando fue consultado por el gobierno alemán en los inicios de la hiperinflación, propuso una drástica reducción del déficit en las cuentas públicas y acabar con la emisión de dinero para cubrirlo: una solución ortodoxa que hoy se denominaría "monetarista". Él no vio en el comunismo un avance respecto al capitalismo, salvo como religión, y concluyó que "el capitalismo bien dirigido puede ser probablemente más eficaz [...] que cualquier otro sistema disponible".

Keynes no era, ni por asomo, un socialista sino un liberal que propuso algunos experimentos para limar ciertas aristas del capitalismo

De hecho, el activismo monetario —tratar de empujar el carro mediante la expansión del dinero y del crédito— era algo que se había experimentado con vastedad en Europa occidental después de la Gran Guerra. Entre 1921 y 1929 la Reserva Federal de Estados Unidos, si bien mantuvo la cantidad de dinero circulante, propició una política de tasas bajas y crédito fácil. Los préstamos aumentaron 61,8% en ese período, una tasa enorme. Cualquier semejanza con los tiempos actuales está probablemente esté en lo cierto.

"Una medida de whisky para la Bolsa de Wall Street"

"Uno de los mitos de los años de entreguerras es que el capitalismo laissez-faire arruinó las cosas hasta que Keynes, con su gran libro, 'Teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero' (1936), introdujo el 'keynesianismo' —otra palabra para referirse al intervencionismo del gobierno— y salvó al mundo", comentó el forma irónica el británico Paul Johnson en su historia de Estados Unidos. "De hecho, la teoría de Keynes, que abogaba por la 'moneda controlada' y un nivel de precios estabilizado, dos cosas que implicaban una constante intervención del gobierno bajo coordinación internacional, era parte del problema".

Propaganda del partido Comunista de España
Cartel del Partido Comunista de España en los preámbulos de la guerra civil. La Gran Depresión internacional fue una de las causas de la caída de la monarquía, el advenimiento de la Segunda República en 1931 y los grandes conflictos políticos y sociales.
Cartel del Partido Comunista de España en los preámbulos de la guerra civil. La Gran Depresión internacional fue una de las causas de la caída de la monarquía, el advenimiento de la Segunda República en 1931 y los grandes conflictos políticos y sociales.

Johnson cuenta una reunión secreta de banqueros internacionales en Long Island en 1927. Las cabezas de las autoridades monetarias de Alemania y Francia protestaron sin éxito cuando, para combatir la languidez económica, el líder de la Reserva Federal de Nueva York, Benjamin Strong, anunció que bajaría aún más la tasa de interés y daría "una medida de whisky a la Bolsa de Valores". Los últimos años de la prosperidad fueron básicamente especulativos.

Ninguno de la camada de nuevos economistas "intervencionistas" británicos logró predecir la crisis de 1929, ni su profundidad y duración.

Después que Wall Street comenzara a caerse a pedazos a fines de octubre de 1929, el presidente estadounidense Herbert Hoover trató de aplicar lo que más adelante sería llamada una "solución keynesiana": fuerte reducción de impuestos, enorme aumento del gasto del gobierno, principalmente en obra pública, y gran déficit fiscal. Una severa ley proteccionista de 1930 contribuyó a difundir la Gran Depresión en Europa, cuyos productos no pudieron ya ingresar a Estados Unidos.

El intervencionismo del "New Deal" —que trató de evitar el remedio natural: la deflación— en rigor se inició con Hoover, no con Franklin Delano Roosevelt en 1933. Y sus resultados probablemente fueron más parte del problema que de la solución. El desempleo trepó de 3,2% en 1929 a 26,7% en 1934. Roosevelt creía en los presupuestos equilibrados, por lo que su intervencionismo se hizo en base a más impuestos. Estados Unidos recién se recuperó francamente a fines de la década, y completamente con la Segunda Guerra Mundial. Otros países se habían recobrado antes. Incluso en Uruguay la depresión sólo fue notoria entre 1930 y 1933.

Una oportunidad para fascistas y comunistas

La Gran Depresión fue el episodio más traumático de la corta historia del capitalismo, y preparó a Europa para el fascismo —y para otra guerra—. El desempleo se convirtió en la más grave de las enfermedades sociales. América Latina sufrió cambios drásticos de gobierno, diez de ellos mediante golpe de Estado.

El historiador británico Hugh Thomas, célebre por su enorme ensayo sobre la guerra civil española, al que dedicó buena parte de su vida, escribió sobre aquellos tiempos:

"En julio de 1932 el índice de precios de las acciones industriales (en Estados Unidos) era una octava parte de lo que había sido tres años antes. El producto nacional de Estados Unidos había disminuido hasta la mitad de su valor real en 1929 y el desempleo afectaba a 12 millones de personas, el 25% de la mano de obra. Esta crisis duró mucho tiempo. Fue universal. El comercio internacional se derrumbó. Apenas merecía ya la pena recoger el café, picar las minas de cobre o cortar la caña de azúcar [...]. Y cuanto más "avanzado" era el país, más dura era la crisis [...]. Todos los países se replegaron sobre sí mismos. Muchos creyeron que la libre empresa, y con ella la democracia, estaban condenadas [...]. De ahí la atracción que ejercían "las soluciones" extremas: fascismo y comunismo [...]. La crisis representó una buena oportunidad para "hombres violentos con mentes violentas" [...]. El atractivo del fascismo no se limitó a Europa (sino que se extendió por América Latina)".

Un capitalismo reformado

Keynes concluyó que el capitalismo era básicamente inestable, y que los mercados no solucionarían por sí solos tales desequilibrios: había que ayudarlos. En tiempos de crisis, como fueron los años '30, era preciso impulsar el gasto global en bienes y servicios, una "demanda agregada" artificiosa, mediante rápidas inyecciones de papel moneda, para que los millones de obreros parados volvieran a trabajar. Luego habría tiempo de recoger el cordel.

Cuando se le señaló que el agregado abrupto de una gran masa monetaria provocaría inflación y desastres de largo plazo, Keynes respondió: "En el largo plazo estaremos todos muertos"

A las propuestas de los economistas clásicos, que cuidaban los equilibrios y demorarían en dar frutos, Keynes opuso medidas instantáneas: un capitalismo reformado. El Estado debía estimular la contratación de un desempleado para que hiciera un pozo, y de otro para que lo tapara. No dejaba de ser una mirada condescendiente: un paternalismo con visos aristocráticos. Y cuando se le señaló que el agregado abrupto de una gran masa monetaria provocaría inflación y desastres de largo plazo, Keynes respondió: "En el largo plazo estaremos todos muertos".

Próxima nota: La muerte del keynesianismo por estancamiento crónico e inflación

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