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Las políticas de familia como estrategia de desarrollo

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30 de junio de 2022 a las 05:04

Por Federico Ganz - Economista y Victoria Vergara Gallo - Doctora en Derecho y Ciencias Sociales 

En dos columnas anteriores destacamos la importancia que ha tomado la protección de la maternidad en la agenda parlamentaria y presentamos un breve diagnóstico de la natalidad en Uruguay. En esta columna pasamos a la parte propositiva.

¿Cómo podemos ayudar a las familias a compatibilizar la maternidad con el desarrollo educativo y laboral de la madre? ¿Cómo podemos mejorar las condiciones en que sus hijos se desarrollan en sus primeros años de vida? Las políticas de familia son el conjunto de herramientas a disposición de los Estados que pueden dar respuesta a estos desafíos y se clasifican en tres tipos:

Apoyo durante el embarazo y al momento del nacimiento. Por ejemplo: licencias para el embarazo, “baby packs”.

Apoyo a los padres en la crianza de sus hijos. Por ejemplo: licencias para el nacimiento o el cuidado de sus hijos, servicios de cuidados y educativos.

Apoyo financiero de mediano y largo plazo. Por ejemplo: asignaciones familiares, beneficios y exoneraciones fiscales por hijo.

El impacto de las políticas de familia

En la fecundidad. La evidencia muestra que las políticas de familia aumentan la fecundidad (si bien los efectos suelen ser chicos) y que aumentar la oferta de servicios de cuidados y bajar sus costos parecen ser las herramientas más efectivas (1). Por otra parte, no es claro que las transferencias monetarias aumenten la fecundidad (2).

En el desarrollo del niño. Cuánto más temprano se invierte, mejor. Los trabajos de Heckman, premio Nobel de economía, han mostrado que la capacidad de construir habilidades es un proceso dinámico en que los insumos iniciales afectan la productividad de los insumos que se reciben en edades más avanzadas (3). En otras palabras: podemos invertir mucho en educación primaria y secundaria, pero si el niño no recibió los nutrientes y los estímulos físicos y emocionales necesarios para poder desarrollar su cerebro en el período prenatal y sus primeros años de vida, difícilmente pueda explotar las oportunidades que se le presentan en el futuro. Esto hace que las intervenciones en el embarazo y la primera infancia tengan retornos mucho mayores que las intervenciones tardías. En particular, sabemos que fomentar los cuidados durante el embarazo, invertir en infraestructura física y licencias para facilitar la lactancia, y que ampliar los servicios de cuidados y educación en primera infancia, tienen impactos positivos a largo plazo.

En la brecha de género en el mercado laboral. Es necesario lograr mayor flexibilidad, horaria y física, en el trabajo. Goldin muestra que el mercado laboral tiende a premiar el trabajo que se realiza durante largos períodos y en momentos fijos del tiempo (4). Este tipo de esquemas rígidos es un factor de desventaja para las madres que intentan compatibilizar la vida laboral y en familia. Si bien aún no hay consenso sobre cómo solucionar este problema, la evidencia parece sugerir que los subsidios a los cuidados y la extensión de licencias reducen la brecha de género, en particular las licencias exclusivas para padres (“daddy quotas”) (5). Asimismo, Etcheverry muestra que el esquema de subsidios para cuidados -medio horario laboral y salario completo hasta los 6 meses del niño- implementado en Uruguay en 2013, aumentó la probabilidad de que las madres estén empleadas, con un impacto particularmente positivo en las madres de bajos ingresos (6). Adicionalmente, es de esperar que la extensión del teletrabajo, y con este, el aumento de la flexibilidad ya no solo horaria, sino también física en cuanto al lugar de trabajo, podría suponer un avance en esa conciliación. Por último, las transferencias monetarias no parecen tener impactos positivos sobre la participación en el mercado laboral de los beneficiarios (2).

Resumiendo, ya sea que se quiere reducir el porcentaje de la población insatisfecha con la cantidad de hijos que tiene, aumentar la natalidad y mejorar la sostenibilidad del sistema de seguridad social; ya sea que se quiere mejorar la equidad de género en el mercado laboral, en el acceso a la educación o en la distribución de las tareas en el hogar; o que se quiere mejorar el desarrollo de los niños y sus resultados a futuro; la inversión en políticas de familia, en especial, la expansión de servicios de cuidados, de licencias y de la flexibilidad en el trabajo, son las herramientas indicadas para afrontar estos desafíos. Y dado que estás políticas atacan en forma simultánea varios objetivos, tienen el potencial de contar con un amplio respaldo popular. En la siguiente columna repasaremos el estado de las políticas de familia en Uruguay.

(1) OCDE. Haciendo lo mejor para las familias. 2012.
(2) Caso de Uruguay: Rivero et al. Evaluación cuantitativa del impacto de AFAM-PE y TUS. 2019.
(3) Heckman. Skill Formation and the Economics of Investing in Disadvantaged Children. 2006.
(4) Goldin. A Grand Gender Convergence: Its Last Chapter. 2014.
(5) Etcheverry. Effect of Paid Paternity Leave on Paternal Involvement and Labor Market Outcomes. 2020. // Patnaik. Reserving Time for Daddy: The Consequences of Fathers’ Quotas. 2018.
(6) Etcheverry. Work half-time, receive full-time pay: Effect of novel family policy on female labor market outcomes. 2020.

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