Opinión > EDITORIAL

Liderar en el continente

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14 de noviembre de 2019 a las 05:00

En un tiempo en que América Latina vuelve a temblar, Uruguay tiene una oportunidad histórica de volver a ser el líder de la democracia en el continente y modelo que sirva de inspiración.

El año 2019 será recordado como un año turbulento para los países al sur del río Bravo. Empezando por la brutal represión en Nicaragua contra los opositores a Daniel Ortega eternizado en el poder, siguiendo por las dificultades del proceso de paz en Colombia, pasando por la tiranía sangrienta liderada por Nicolás Maduro en Venezuela, la parálisis política de Perú, el quiebre institucional en Bolivia con la dimisión y posterior fuga a México de su presidente Evo Morales, hasta llegar a las violentas escaramuzas actuales en Chile que tienen en jaque al ejecutivo liderado por el presidente Sebastián Piñera.

Por su parte en el Mercosur, Brasil se polariza entre dos figuras antagónicas a más no poder: Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva. Bolsonaro, un presidente de ultraderecha con un discurso temerario, y Lula, un exmandatario procesado y líder de un Partido de los Trabajadores manchado directamente por el Lava Jato, tal como se denomina a uno de los casos de corrupción más escandalosos y grandes de la historia del Brasil.

Argentina, procesa una transición entre el macrismo y el kirchnerismo de Alberto Fernández, en uno de los retornos políticos más rutilantes del siglo XXI. Los argentinos en las urnas decidieron castigar la gradual política económica llevada adelante por Mauricio Macri, y mirar para el costado ante los robos y la corrupción de las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Pese a la altisonancia del discurso agresivo en la vecina orilla la transición se procesa… sobre un volcán a punto de erupcionar.

Paraguay se confunde en el medio del continente con un Partido Colorado hegemónico al frente del Estado, con serios problemas de legitimidad de los principios básicos de la separación de poderes y con la sombra permanente del tráfico de influencias y corrupción sobre su clase política.

Como se verá tras el rápido paneo realizado, el panorama para el continente no es muy alentador. La velocidad de los cambios que se están procesando impide ver más allá que el dramático presente. Prender la televisión y ver los enfrentamientos en Chile, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Nicaragua o escuchar el tono agresivo del debate en Brasil o Argentina hace correr un frío por la espalda.

En ese escenario tan convulso, la República Oriental del Uruguay tiene una oportunidad histórica de volver a liderar el continente en materia de convivencia democrática, fortaleza de sus instituciones, respeto a los derechos humanos y convertirse en un faro en medio de la tormenta y la oscuridad amenazante.

Lograrlo depende de la fortaleza de nuestro sistema político y de la altura de sus líderes. Una vez pasadas las elecciones y asumidos los resultados, gane quien gane, todos los uruguayos deberíamos ser conscientes de la importancia de cuidar las formas y el debate político.

Ser un oasis de democracia plena en un continente donde se la cuestiona, debería ser un norte fijo que todos, políticos, sindicalistas, empresarios, militares y formadores de opinión, deberían tener claro para nunca perder el rumbo.

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