Y, desde ya, abre el interrogante sobre qué ocurrirá cuando, al inicio de octubre, se reanude la compra de divisas. El ritmo de compras por parte del público hasta antes de las medidas se estimaba en US$ 1.200 millones, y se estima que a partir de ahora tres cuartas partes de esa gente ya no podrá comprar dólares, por pertenecer a alguna de las categorías vedadas –por ejemplo, por haber recibido subsidios estatales durante la cuarentena-.
Aun así, la posibilidad de erosión de las reservas del Central es tan fuerte que ya se especula respecto de si se impondrá un “cepo total”, en el que absolutamente nadie pueda comprar dólar billete.
Y en ese caso, igualmente quedará abierta otra filtración: puede encarecerse pero no prohibirse la posibilidad de comprar servicios que cotizan en dólares pero se pagan en pesos –pasajes de avión, aplicaciones de internet-, que en definitiva también le restan reservas al Central.
Desde el punto de vista de los funcionarios, la situación era clara: o se tomaban estas medidas o el país se encaminaba a una devaluación brusca que podría derivar en una aceleración inflacionaria.
“Tomamos medidas para proteger las reservas antes de que sea demasiado tarde. Hoy tenemos un saldo positivo de la balanza comercial. Pero tenemos el canal financiero que tiene que ver con que ahorramos en dólares. Es una demanda permanente que es muy difícil de abastecer”, fundamentó Cecilia Todesca, la influyente vicejefa de Gabinete, que pidió “amigarse con el cepo”.
Los dólares de los ahorristas y la fisura en las reservas
Hablando en números, las reservas ascienden a US$ 42.000 millones, de las cuales una vez que se restan los encajes bancarios, los acuerdos de swap de monedas y los créditos internacionales, quedan menos de US$ 5.000 millones líquidos.
Y uno de esos componentes, el de los encajes bancarios, es el que está ahora bajo la lupa del mercado. Porque desde que se anunciaron las nuevas restricciones empezó una salida de depósitos desde las cuentas en dólares que, entre otras consecuencias, debilitará más las reservas.
Por estas horas, el reproche que más se escucha hacia el equipo económico del gobierno es haber generado una sospecha innecesaria sobre la estabilidad del sistema bancario. Ocurre que, a diferencia de otras crisis históricas, ahora el sistema tiene una liquidez muy alta, del orden del 75% de los depósitos, lo que tornaría impensable cualquier posibilidad de “corralito”, canje compulsivo o confiscación de ninguna índole.
Precisamente, uno de los aprendizajes del sistema financiero tras la crisis del 2001, es que no se puede tomar dólares de los ahorristas para prestárselos a gente cuya actividad genera pesos. De manera que ahora cuando alguien deposita dólares, únicamente se destinan a créditos para exportadores. Y el resto se encaja en el Banco Central.
Pero lo que nunca desaparece es la percepción de riesgo político. “La imagen de los empresarios e inversores es que estamos en manos del kirchnerismo, y todo el mundo tiene muchos fantasmas, que pueden ser verdaderos o no, pero el kirchnerismo despierta desconfianza”, apunta el economista Gabriel Rubinstein, en una opinión compartida por la mayoría del “establishment” financiero.
JUAN MABROMATA / AFP
“La gente se preocupa por los dólares, aunque en teoría no debería pasar nada. Pero vaya a saber si no hay una mente afiebrada en el Instituto Patria que quiere hacer algo con los depósitos”, agrega el economista, en una referencia al “think tank” dirigido por Cristina Kirchner, del cual salieron las iniciativas más polémicas del gobierno.
Lo cierto es que, como ocurrió en cada situación histórica de turbulencia política, la gente reaccionó con el mismo reflejo defensivo de siempre. Es decir, tratando de dolarizarse y de sacar los billetes del sistema bancario. Un síntoma de ello es que hoy uno de los negocios florecientes en Argentina es el alquiler de cajas de seguridad, porque las bancarias ya tienen agotada su capacidad.
Hoy los depósitos de los argentinos son US$ 17.000 millones, una cifra ridículamente baja si se la compara con los más de US$ 300.000 millones que los argentinos atesoran fuera del sistema. El cálculo del Central es que la cantidad de billetes físicos de dólares que hay en el país asciende a US$ 170.000 millones –es decir, diez veces más de lo que está depositado-, lo cual pone a Argentina al tope del ranking mundial de países con más uso de billetes de la Reserva Federal estadounidense.
Sin embargo, esos US$ 17.000 millones que están depositados ya no parecen una cifra tan pequeña cuando se considera que buena parte de ellos - US$ 12.000 millones, más concretamente- cuentan en las reservas del Banco Central. Y ahí es donde también reside la desconfianza: más allá de que los bancos estén líquidos, hay quienes temen que en algún momento el gobierno caiga en la tentación de quedarse con esos billetes y otorgarles un bono a los ahorristas.
El antecedente histórico del cepo “original”, el instaurado en 2011 por Cristina Kirchner, es que se produjo en pocas semanas una fuga de US$ 3.000 millones de depósitos. Y se llegó a un nivel mínimo de US$ 6.000 millones en 2013. Eso da la pauta de que hay margen como para que ahora el nivel de dólares del sistema pueda seguir cayendo.
Público asustado y un “deja vu” del corralito
Como si las restricciones por sí solas no fueran motivo suficiente como para poner nerviosos a los ahorristas, a ello se le agregaron las dificultades técnicas para la operatoria bancaria. Durante los últimos días no se pudo comprar dólares, en medio de una pelea entre los bancos y el gobierno, por la dificultad para convalidar esta información requerida por la regulación en cada uno de los miles de ahorristas que quieren comprar dólares.
Los bancos alegan que el Banco Central los forzaba a chequear, caso por caso y de manera manual, si cada uno de los solicitantes estaba o no habilitado para comprar dólares, mientras que el gobierno decía que había libre acceso a la base de datos de la seguridad social. Finalmente, cuando la tensión se hacía demasiado fuerte, se comunicó un cambio de sistema, con el cual se supone que se normalizará la operatoria.
Pero hubo otras complicaciones, porque tampoco estuvo habilitada la transferencia de dólares a otra cuenta, ni siquiera a la cuenta de un familia, del cónyuge o hasta entre cuentas propias. Además quedó prohibida la apertura de cuentas nuevas, y mucha gente no sabe si está habilitada para comprar dólares por la caída de la página oficial.
En medio de enojos internos y pases de facturas, el Banco Central tuvo que revisar medidas para que el virtual “feriado bancario” no se prolongara.
Pero el daño ya estaba hecho, porque esa situación fue el caldo de cultivo para la explosión de rumores sobre medidas dramáticas y palabras como “corralito” fueron tendencia en las redes.
En estas horas, una mirada a lo que se habla en Twitter y grupos de Whatsapp parece un viaje de regreso a las peores pesadillas financieras de la Argentina. Gente que pregunta sobre si viene un nuevo corralito y gente que arenga para que se produzca un retiro inmediato y total de los depósitos. Alusiones a la recreación de un plan Bonex, que implique la conversión de depósitos dolarizados en bonos. Advertencias sobre restricción al uso de pesos, de manera de que no se produzca una demanda excesiva en el mercado del dólar blue… prácticamente no hay rumor que no haya sido mencionado y comentado.
Con semejante marco, el gobierno se propuso revertir las expectativas, y para eso se aceleraron las tratativas que lleven a un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El organismo, que durante la negociación para el canje de deuda con los acreedores privados tuvo una postura favorable al gobierno, mostró cierta comprensión hacia la instauración de los controles cambiarios.