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Los analistas no le creen a los políticos: el ajuste fiscal tendrá suba de impuestos

Oddone, Schandy y De Haedo coincidieron en que no es posible hacerlo solo por la vía de recorte o eficiencia del gasto como plantea la oposición y el oficialismo

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06 de junio de 2019 a las 15:09

La economía está estancada y el contexto regional y global no ayudará en los próximos dos años. No hay un riesgo de crisis, pero sí de estanflación. En ese escenario, Uruguay necesita hacer reformas estructurales para aumentar la productividad y acelerar el crecimiento. Son algunos de los puntos en que coincidieron el jueves los economistas Gabriel Oddone (CPA Ferrere), Tamara Schandy (Deloitte) y Javier de Haedo.

Otro punto de acuerdo está en que cualquiera sea  el resultado de las próximas elecciones nacionales, el nuevo gobierno implementará un ajuste con aumento de impuestos, pese a que nada se diga en la campaña electoral. La nueva administración no solo tendrá que reordenar la situación fiscal, sino que deberá mostrar resultados rápidamente. Por ello consideran no bastará solo con recorte de gasto público o mejora de la eficiencia en su ejecución como manejan los precandidatos de los principales partidos políticos con chances reales de llegar al gobierno en marzo de 2020. 

Oddone dijo que para recuperar la consistencia fiscal en el corto plazo se necesita un ajuste fiscal. “Uruguay va a hacer, gobierne quien gobierne, un ajuste fiscal de entre US$ 900 y US$ 1.200 millones. Eso va a incluir modificaciones impositivas por una cuestión de timing. (…) Nadie va a permanecer en una coalición de gobierno si los resultados no empiezan a ser positivos. El gobierno va a necesitar resultados relativamente rápidos, que no se van a lograr solo con modificaciones de gastos”, afirmó durante una conferencia organizada por el banco BBVA.

En una línea similar, de Haedo (que asesora al candidato del Partido de la Gente, Edgardo Novick) explicó que sería “deseable” que el ajuste se hiciera bajando gastos, pero es “imposible”, por lo que considera “inevitable” una suba de impuestos.

“No se dejen ilusionar. El 1° de marzo asume el gobierno y los salarios públicos van a estar dados desde enero para todo el año. Las jubilaciones van estar dadas desde enero, los pagos de intereses del año van a estar jugados, las cápitas del Fonasa van a estar jugadas, las asignaciones familiares. El 85% del presupuesto va a estar jugado. No hay forma de bajar los gastos el primer año”, afirmó de Haedo.

Para el economista, si la suba impositiva ocurre, se debería poner la mira en el IVA. Según entiende, es el tributo que menos afecta a la producción, a la asignación de recursos y a la exportación. “Si el gobierno tiene el suficiente coraje lo puede hacer transitorio hasta lograr bajar el gasto y pasar la reforma”, señaló.

Añadió que el déficit fiscal ha estado “por encima de la razonable” desde 2010 y que es probable termine el actual período de gobierno “holgadamente arriba de 5%”. “La recesión va a hacer que la recaudación siga bajando, el gobierno está en piloto automático y no va a tomar medidas fiscales; y el gasto sigue indexado”, afirmó.

Por su parte, Schandy puntualizó que es “muy probable” que el nuevo gobierno asuma con un déficit fiscal de 5% del PIB, y “con riesgo” de que pueda ser incluso más alto. Según dijo, es “imperativo” que se anuncie al menos “una senda creíble” para el mercado de cómo desarmar ese problema fiscal.

¿Cómo se hace? ¿Con impuestos o con restricción de gasto? “En Deloitte hace bastante tiempo que levantamos la mano diciéndole a nuestros clientes que había un aumento de impuestos por delante. Las posibilidades de ajuste por el lado del gasto son limitadas, no solo desde el punto de vista de lo que cuesta encontrar los espacios de mejoras en la gestión y micro ajustes, sino también por reconocer que la tendencia estructural del gasto hacia adelante va a ser creciente”, explicó.

“El próximo gobierno  seguirá enfrentando un trade off muy fuerte entre inflación y tipo de cambio. (..) El esquema de indexación de los salarios le pone un piso alto a la inflación”, afirmó Tamara Schandy.

Economía estancada y “subestimación”

Por otro lado, Oddone señaló que la economía está estancada y con niveles de bajo crecimiento, producto de shocks externos, pero también  porque el gobierno “subestimó de manera sistemática la magnitud de lo que estaba ocurriendo”.

“Cada uno de los escenarios que se trazó para cada uno de los momentos fue más optimistas de lo que efectivamente ocurrió. Es una tendencia del sistema político, de esperar y de postergar decisiones. Eso ya pasó en 1999 y nuevamente desde 2015 en adelante”, apuntó.

Temperatura y sensación térmica

Para de Haedo, las estadísticas de PIB que publica el Banco Central (BCU) permiten medir la temperatura de la economía, pero según dijo, “la sensación térmica” se mide quitando electricidad, gas y agua, refinería y telecomunicaciones. “Ese PIB subyacente cuenta mucho más lo que está sintiendo la gente, los empresarios, lo que está pasando con el empleo, con la recaudación”, apuntó.

En tanto, la economista jefa del BBVA Research para Argentina y Uruguay, Gloria Sorensen destacó la relación entre el gasto corriente del gobierno central y la evolución del PIB. “No solo no se reduce en términos del tamaño de la economía, sino que ha tenido un comportamiento levemente creciente”. Desde su punto de vista, las remuneraciones y las pasividades son los dos principales rubros del gasto en los que se debe hacer foco para llegar a un equilibrio de las cuentas públicas.

“Se necesita recuperar la credibilidad de la política macroeconómica y fortalecer la sostenibilidad de la situación fiscal a mediano plazo”, dijo Gabriel Oddone.

Reformas

Los analistas coincidieron en que el país debe impulsar una reforma de la seguridad social, además de reformas en otras áreas, como laboral, negociación colectiva, salud, educación, combustibles y empresas públicas, entre otras.

Cualquiera sea el resultado electoral, la economía política de las reformas es compleja, consideró Oddone. Es por eso que se requerirá de “un liderazgo claro” y de “un re-empoderamiento” del Ministerio de Economía y Finanzas, dijo.

Guerra comercial

Para el economista jefe de BBVA Research para América del Sur, Juan Ruiz, el principal riesgo que hoy enfrenta la región es la incertidumbre que genera la guerra comercial entre Estados Unido y China, dado que una escalada del conflicto podría “descarrilar” la situación global.

Ruiz dijo que es optimista en que se pueda llegar a una acuerdo entre las dos potencias, aunque la probabilidades han ido disminuyendo en las últimas semanas.

La incertidumbre reinante sobre cómo se va a configurar el comercio internacional a futuro ya está afectando las decisiones de inversión en el mundo y las empresas prefieren esperar.

 

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