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Los aumentos de los precios de la energía no se deben solamente a la disminución del suministro ruso de gas

La escasez originada en la guerra de Ucrania estaría agravada por el sistema de fijación de precios implementado a partir de las reformas del mercado eléctrico europeo iniciadas por Margaret Thatcher en Inglaterra

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23 de septiembre de 2022 a las 13:54

El precio de la energía eléctrica ha subido astronómicamente en Europa los dos últimos años, se ubican hoy cuatro veces más altos que en 2021 y diez veces más que en 2020. 

Una de las razones esgrimidas por la Unión Europea para explicar estos aumentos es que se deben al aumento del precio del gas originado por la guerra en Ucrania que ha significado una pronunciada disminución del abastecimiento del gas ruso a los países miembros. 

Pero la argumentación sobre el origen del aumento de los precios para hogares e industrias no responde al interrogante de porqué si en Alemania, por ejemplo, el gas contribuye sólo en menos de un 15% en la producción de energía, los precios al consumidor aumentaron cuatro veces. O porqué en el Reino Unido, que genera el 40% de su electricidad en plantas nucleares y produce casi un 50% del gas que produce, ha visto incrementarse el precio de la electricidad a niveles nunca vistos. 

Según Prabir Purkayastha, editor de Newclick, una plataforma de medios digitales sobre ciencia y tecnología, la argumentación sobre la guerra como causante de los aumentos energéticos oculta que las compañías generadoras están obteniendo beneficios astronómicos por la forma en que establecen sus precios en función de costos determinados por la teoría de la utilidad marginal.

Esta forma de determinar la estructura de precios deviene de las reformas al mercado eléctrico que se produjeron en los últimos treinta años bajo el influjo de las ideas de la economía neoclásica impulsada por el economista Milton Friedman, de la Escuela de Chicago. 

De acuerdo con este marco teórico, el precio de la electricidad está vinculado al más caro de los proveedores a la red eléctrica durante las horas y los días de mayor demanda. En la actualidad, esto sucede con el gas natural y es lo que determina los aumentos de precios aún para aquellos que no tienen el gas como su principal fuente de generación de energía para proveer a la red. 

El primer país que aplicó esta teoría fue Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet, que desregulo y privatizó el mercado eléctrico, incluso incorporando esas reformas en el cuerpo de una reforma constitucional en 1980. 

El modelo chileno de transformación drástica del mercado eléctrico fue adoptado por Margaret Thatcher en el Reino Unido y su primer paso fue desmantelar la oficina nacional que controlaba y regulaba la infraestructura eléctrica del país en sus fases de generación, transmisión y distribución mayorista. Las reformas incluyeron el abandono del carbón como combustible principal de la generación para reemplazarlo por gas natural, lo que significó también el fin del poderoso sindicato de trabajadores del carbón. 

La Unión Europea se viene recostando en forma creciente e irreversible en la utilización de gas natural como combustible para la generación eléctrica por las necesidades de disminuir la emisión de gases de invernadero y debido a la guerra en Ucrania, la disminución de la provisión de gas ruso y los consiguientes aumentos de precios, las miradas se han dirigido hacia el gas licuado. 

Pero por el salto brusco de la demanda, los precios del gas licuado también se han incrementado significativamente, con el agregado de que no hay en la actualidad en el mercado suficiente cantidad para reemplazar el abastecimiento ruso ni estructuras de transporte y regasificación para procesarlo. 

Con los aumentos del gas en los últimos meses y la imposibilidad de apelar en el corto y mediano plazo a energías limpias alternativas -eólicas, solares, hídricas y nucleares- en algunos países se ha comenzado a reutilizar el carbón, que también aumenta sus precios por la aparición de una demanda de urgencia. 

La situación se ha vuelto crítica no sólo para los hogares sino para la industria. Plantas siderúrgicas, fábricas de fertilizantes, el sector del vidrio, el aluminio y el cemento corren el riesgo de tener que disminuir o cesar la producción.

Esto ha llevado a que los gobiernos de Europa y Estados Unidos haga foco en las ganancias extraordinarias (“caídas del cielo”, como se las ha llamado) de las empresas de energía y estén estudiando o aplicando ya impuestos para orientar hacia el Estado una masa de recursos apropiados por un reducido sector de la economía que aprovecha la conjunción de una situación de escasez con un sistema neoclásico de fijación de precios.

El ex primer ministro griego Yanis Varoufakis ha dicho que “el sector de la energía de la Unión Europea es un buen ejemplo de lo que el fundamentalismo de mercado les ha hecho a las redes eléctricas en todo el mundo. Es tiempo de terminar con los estímulos al mercado eléctrico, el resto del mundo va a seguir el ejemplo de la Unión Europea. 

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