El conflicto en Ucrania está entrando en su cuarto mes de desarrollo sin que sea posible hasta el momento prever cuándo y cómo se arribará al cese de las hostilidades y la concreción de acuerdos que garanticen la convivencia pacífica y el resguardo mutuo de los intereses nacionales de las partes involucradas.
La “Operación Especial Limitada” iniciada el 24 de febrero por el presidente Vladimir Putin ha devenido en una guerra abierta con el uso ilimitado de medios militares terrestres, aéreos y marítimos. El carácter de “guerra preventiva”, contraria a las normas internacionales, ha determinado una vasta serie de sanciones contra Rusia por parte de los países miembros de la OTAN y de las Naciones Unidas. No pocas de las sanciones e iniciativas promovidas por los Estados Unidos están detalladas con mucha antelación en un informe de la Rand Corporation del año 2019, sugestivamente llamado “Sobreexigiendo y Desbalanceando a Rusia (Overextending and Unbalancing Russia: Assessing the Impact of Cost-Imposing Options | RAND)
Antes de consignar los aspectos más relevantes del informe mencionado parece pertinente recordar qué es la Rand Corporation y cuál es su relevancia en el esquema de la Defensa y la Seguridad del Estado norteamericano.
En el sitio de la corporación —cuyo lema es “Análisis objetivo-Soluciones efectivas”— encontramos que se define como “una organización de investigación que desarrolla soluciones para hacer a las comunidades de todo el mundo más seguras, sanas y prósperas”. Para ello cuenta con un plantel de miles de profesionales distribuidos en 48 países, cientistas sociales, especialistas en computación y ciencias del lenguaje, expertos en política internacional, en economía y en análisis político y planeamiento estratégico. Sus clientes son más de cuatrocientas agencias de gobierno, empresas, fundaciones y organizaciones internacionales.
Esta aparente multiplicidad y diversidad en su clientela se hace un poco más limitada cuando en los propios datos que provee la corporación se comprueba que casi el setenta por ciento de su facturación se debe a contratos con la Secretaría de Defensa, el Ejército, la Fuerza Aérea, la Seguridad Nacional y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos.
Estamos entonces en presencia de uno de los think tank de asesoramiento en planeamiento, análisis estratégico y provisión de soluciones estratégicas con que cuenta el Estado norteamericano y sus agencias gubernamentales para el establecimiento de políticas globales.
El informe establece en su portada que está encaminado a examinar opciones de presión sobre Rusia en los terrenos económico, político y militar para debilitar su economía, sus fuerzas armadas y su régimen político, tomando ventaja de sus vulnerabilidades (economía poco diversificada, población que envejece y sistema autoritario de gobierno). Pese a la relativa declinación de su poder global, el reporte reconoce que Rusia sigue siendo un país con un gran poder militar y en algunos terrenos competitivo con los Estados Unidos.
A los efectos de concretar la presión destinada a debilitar decisivamente las capacidades nacionales de Rusia, el informe despliega un detallado menú de medidas e iniciativas en cinco áreas específicas: la economía, la geopolítica, la ideología e información, el espacio aéreo, el marítimo y el terrestre, para finalizar con una recomendación general para ser tenida en cuenta por las Fuerzas Armadas norteamericanas y su rol en un conflicto en el que pese a no estar envueltas directamente, sea necesario jugar un rol de previsión y contención de un conflicto escalando en intensidad. Cada área cuenta con un cuadro que detalla el nivel de riesgo (bajo, moderado, alto) que implica la aplicación de las medidas a adoptar.
Resulta interesante detenerse en algunas de las recomendaciones sugeridas en las distintas áreas propuesta de presión (cost-imposing options) y contrastarlas con lo que está sucediendo concretamente en la realidad del conflicto en curso.
En el área económica se proponen sanciones comerciales y financieras, la promoción de búsqueda de proveedores alternativos de gas para Europa y el aliento a la emigración de trabajadores calificados y jóvenes de buen nivel educativo rusos.
En el ítem geopolítica, las sugerencias son más contundentes: la provisión de material letal a Ucrania, el apoyo a los rebeldes sirios, la promoción de la liberalización de Bielorrusia, el esfuerzo por transformar Transnistria en sentido anti ruso y la reducción de la influencia rusa en Asia Central.
Con respecto al área ideología e información, las propuestas son: buscar la disminución de la confianza en el sistema electoral ruso, la creación de desconfianza sobre la capacidad del gobierno ruso de actuar en bien del interés público, la promoción de protestas públicas y métodos no violentos de lucha y todo lo que apunte a socavar la imagen rusa en el mundo.
Las propuestas que se consignan para las áreas del espacio aéreo, el marítimo y terrestre consisten básicamente en políticas de rearme y ampliación de la capacidad tecnológica de las fuerzas militares, como el restablecimiento de los bombarderos de largo alcance, el despliegue o redespliegue en Europa de armamento nuclear táctico o aviones cazas más cercanos a los blancos probables, la ampliación de los sistemas de defensa anti misiles y la investigación y desarrollo en nuevos sistemas de armas navales.
En el nivel de los desarrollos terrestres es significativa la propuesta de aumentar la capacidad militar de las fuerzas de la OTAN en las proximidades de la frontera con Rusia, el despliegue de misiles de rango intermedio y la multiplicación de ejercicios militares conjuntos de los componentes armados de la alianza atlántica.
Hasta aquí el documento de la Rand Corporation, que resulta inequívoco en cuanto a los objetivos propuestos en el articulado de sus distintas áreas de trabajo con respecto a las necesidades estratégicas de Estado Unidos en su enfrentamiento de largo plazo con Rusia como parte fundamental de las tensiones económicas, políticas y militares con el bloque euroasiático.
El informe constituye de hecho un programa pre-bélico clásico para el debilitamiento del oponente, aprovechando sus puntos débiles en orden a lograr ventajas estratégicas que permitan en el futuro, en palabras del teórico de la guerra Sir Basil Lidell Hart, “lograr la derrota del enemigo sin combatir”.