El comportamiento en la vida cotidiana > EL COMPORTAMIENTO EN LA VIDA COTIDIANA

Los defectos de educación

La buena educación se manifiesta en la vida cotidiana

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20 de septiembre de 2019 a las 05:04

En el pedido de disculpas en mi anterior nota, cité como al pasar, a Benjamin Franklin. En Estados Unidos es considerado como uno de sus “padres fundadores”. Años atrás -alguien diría “ayer”- , tuve ocasión de vivir y de estudiar en aquella tierra del norte. Conocí de cerca su gente y guardo “accanto a cuore”, como dicen los italianos, tantas lecciones de vida aprendidas en la convivencia cotidiana.

No estoy de acuerdo con quienes afirman que en Estados Unidos se descuidan las formas en la convivencia. Por eso atesoro las palabras de Franklin. Pueden parecer duras pero encierran verdades. Nos  dice que “el que no pueda aguantar ver un defecto de educación en persona ajena, carece él mismo de educación”. Su pensamiento nos ayudará para ser comprensivos y agradecer todo lo que hemos recibido en el hogar de nuestros padres, en la escuela, en el liceo.

Una señora me comentó en una ocasión que, a veces, al compartir con otras personas una comida, había cosas que “herían la vista”. Lo decía con esa sencillez de espíritu que trasciende de un alma grande. Por eso y hasta machaconamente he empleado duros epítetos en estas notas de El Observador. Comprendo el quejoso decir de la buena dama y me anima a no cejar en la siembra. No me refiero a la “buena educación“ sino a todo el estilo de nuestra vida. No somos autómatas ni animales sometidos al instinto. Somos criaturas libres capaces de trasmitir todo aquello que aprendimos y que hace la vida nuestra agradable.

No existe una dicotomía. Por una parte no podemos comportarnos con corrección y con desaliño en otra. Es quizás el gran descubrimiento de la educación personalizada. Cuando tenemos delante nuestro a un niño le trasmitiremos todo aquello que lo eleve. A lo largo de mi profesión he encontrado verdaderos fracasos en jóvenes y en no tan jóvenes. Pero no olvido que no somos autómatas sino libres y con un futuro abierto.

La buena educación se manifiesta en la vida cotidiana. Un joven que cede el paso a una persona mayor en un ascensor o que se sienta a la mesa con corrección, tiene mérito. Basta asomarse a esos almuerzos en sitios céntricos o más apartados. Se conversa animadamente y se come. ¿Se observan detalles molestos? La respuesta puede ser agradable si cada uno sabe comportarse.

Recuerdo que hace muchos años, escuché alabar a una señora a una joven. No era “cómo se nota tu educación” sino un “¡qué agradable eres!”. Son palabras dichas de corazón ante la imagen externa de otra persona.

He titulado esta nota “Los defectos de educación”. Sé que no es conveniente acudir a ejemplos negativos. Dejé a un lado lo incómodo, lo molesto y tomé el término ”educación” en un sentido muy amplio. A mi edad me emociono cuando observo la siembra de innumerables madres y padres en el corazón de los suyos. Eso vale mucho más que todos los libros juntos de  nuestra Biblioteca Nacional.

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