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Los días de la primera persona con coronavirus en Rocha entre la "tortura y la condena social"

La mujer de 25 años que enfermó de covid-19 contó que recibió varias denuncias y persecuciones con su novio mientras transcurrió la cuarentena en la casa de su familia

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06 de abril de 2020 a las 22:26

Es lunes al atardecer, y todavía esperan a que se haga de noche para irse sin que nadie lo note. Una joven de 25 años y su novio saben que están siendo observados las 24 horas, que si se asoman a la ventana pueden ver los ojos fijos del vecino de enfrente o que si salen hasta la vereda pueden sentir el grito de alguien desde la esquina. Horas antes, al mediodía, estaban en el fondo cuando sintieron pasar un auto, y una voz femenina que gritó: "Mándense mudar porque le vamos a prender fuego la casa".

La mujer y su pareja –de 27 años– habían llegado a La Paloma el lunes 16 de marzo por la tarde, tres días después de que el gobierno anunciara los primeros cuatro casos de coronavirus en Uruguay, y se decretara entonces el estado de emergencia sanitaria. La decisión de la joven de viajar hasta el balneario de Rocha –en donde su familia tiene una casa– fue meditada durante ese fin de semana. Primero, y pese a que todavía no tenía síntomas, reparó en que había tenido un breve contacto con una amiga que a su vez había estado cerca de Carmela Hontou, la mujer que estaba infectada de coronavirus y que el sábado 7 de marzo cuando llegó de Europa fue a un casamiento en Carrasco, en donde contagió a varias personas –y generó allí uno de los principales focos de propagación de la enfermedad del país-.

Y luego –tras la consulta a más de un médico– pensó que, aunque el riesgo era bajo, su hermana menor tenía inmunodepresión, por lo que era riesgoso que contrajera covid-19. Eso generó discusión y "pánico" en su familia, pero lo que terminó por decidirla a mudarse fue la noticia de que a su amiga finalmente un test le había dado positivo. "Obviamente que me lo cuestioné. Pero el riesgo de contagiar a mi hermana era mucho más grave que contagiar a alguien en La Paloma, en donde me iba a quedar encerrada", contó la mujer a El Observador. 

El gobierno, no obstante, recomendó desde un comienzo –antes, incluso, de que la pandemia llegara al país– cumplir a rajatabla con la cuarentena. El viernes 13, el director general de la Salud, Miguel Asqueta, dijo a El Observador que todos aquellos que hayan estado en contacto con alguien infectado tiene que quedarse en su casa, sin excepción y aunque no sintieran síntomas, por al menos 14 días, al tiempo que especialistas de la salud recomendaban que todo enfermo de covid-19 debía permanecer en una habitación privada y exclusiva, a la que solo debería ingresar una única persona para asistirlo. 

A la joven, que todavía no sabía si era un caso positivo, se le aparecieron los típicos síntomas el martes 17 de mañana: dolor de garganta, un poco de fiebre, tos seca. Se le fueron tres días después –sobre el viernes–, pero llamó a Comero y la mutualista rochense solicitó que le realizaran un examen. También le recordaron que no podía salir de su casa, y todas las precauciones que debía seguir tomando.

Para cumplir con la cuarentena, intentaron que un supermercado del balneario les enviara sus pedidos, pero se negaban a cobrarles la compra por transferencia bancaria: las únicas opciones, les ofrecían, eran la tarjeta de débito o pagar en efectivo a quien les llevara el envío. Entonces la mujer tuvo que explicar lo inevitable: que ella, hasta ese momento, era un caso sospechoso de coronavirus, y que cualquiera de esas dos posibilidades de pago eran riesgosas.

"Y ahí empezó a salir todo mal", dice. 

Ahí –pueblo chico, infierno grande– empezó la pesadilla.

"La cajera salió a los gritos: '¡Acá la muchacha dice que está en cuarentena, que tiene coronavirus!'"

Cinco días después, el 25 de marzo, ya sintiéndose perfectamente bien, llegó el resultado del análisis, y la mujer pasó a ser en teoría el primer caso autóctono de Rocha –porque estrictamente no lo era–, y motivo para estar en informativos y conferencias de prensa. "Esa mujer de 25 años era yo".

La joven aprendió en los últimos días lo que es sentir "la tortura y la condena social de estar del otro lado del mostrador". "Les he dicho a mis amigas que tuviera cuidado con la información que divulgan en las redes. Todo el mundo te ataca, todos dicen cosas de ti", lamentó.

"Llegaron a llamar a mis tíos, que son de acá, para decirles que sabían que yo era la infectada, y para transmitirles su indignación. También se comunicaron conmigo", agregó.

A unos kilómetros de distancia, en Punta del Diablo, un hombre vivió otra situación similar. Él, guardia de seguridad, se contagió directamente en el casamiento de Carrasco. En el edificio donde vivía en Montevideo fue discriminado por los vecinos –carteles alertaban que estaba infectado–, y viajó al balneario el sábado 21, donde la presión social aumentó. Contó que uno de sus vecinos publicó en redes sociales un mensaje que alertaba a los rochenses sobre su llegada y la violación de las medidas sanitarias de rigor, algo que según el hombre era una acusación "a base de una mentira, de un odio de una persona que ya está identificada. Y, como la joven y su novio, sufrió el efecto de una "bola de nieve que después fue imparable". "La gente que es mala, que es dañina, y no mira las consecuencias", dijo en diálogo con Todo Pasa de Océano Fm.

Días después, cuando ya había retornado a Montevideo, alguien llevó a la práctica la amenaza que la joven que está en La Paloma, por su parte, recibió este domingo: le intentaron prender fuego la casa.

El jefe de policía de Rocha, Jorge García Montejo –quien investiga ambos incidentes–, dijo a El Observador que la paranoia en Rocha se explica de esta manera. "Nosotros no teníamos ningún caso, y sin embargo vino ella, y vino el hombre a Punta del Diablo y la gente no quiere que venga nadie. Yo tampoco quiero: tengo a mi mujer, mis hijos, mis nietos", dijo.

Pero agregó enseguida: "Tampoco me voy a pelear. Estamos en un país democrático, y mientras no haya una norma que prohiba entrar a Rocha...".

El alcalde de La Paloma, Ruben González, también dijo que la paranoia en el departamento se desató al saber que ambos casos en realidad eran de la capital. "Fue gente infectada y que se vino sabiendo que estaba infectada. Ahí está el problema", destacó.

Los escraches

Este domingo de noche un auto daba vueltas manzanas y, cada vez que pasaba por la puerta, tocaba bocina. La joven que está en La Paloma, quien desde ese día tiene el alta médica, se mantuvo adentro con su novio. "La vecina de al lado decidió salir y, cuando lo hizo, la gente del auto sacó los celulares para filmarla y sacarle fotos. Ella, que es muy bien, les gritó que no era yo".

Días antes, su novio –quien también se enfermó de covid-19– había salido a prender el auto para evitar que el vehículo pasara mucho tiempo con el motor apagado. "Y entonces el vecino de enfrente, que estaba todo el día haciendo guardia en la ventana mirándonos, salió a increparlo y a decirle disparates. 'A mí no me importa los disparates que hagas mientras no me pase nada'".

Este sábado alguien denunció en la seccional que los habían visto salir a correr –la mujer dice que es mentira, que quienes salieron a correr es una pareja "parecida" a ellos–, y en la tarde sufrió un percance como el de su pareja. Ya con los 15 días de cuarentena cumplidos, salió a la calle y se metió en el auto para atender una llamada privada. "Lo hice de buena fe, no me pereció que no fuera correcto, más si tenía el alta", dice.

Pero otro vecino lo denunció y, en menos de cinco minutos, se apareció el alcalde de La Paloma en su camión para sacarle una foto.

"Eso fue lo único que hice. Me puse de costado, sin bajar del vehículo, y le saqué la foto. Ella me preguntó qué hacía, y yo le dije que no podía salir de su casa, que tendría que estar adentro", contó el alcalde González. "Y en eso salió también su novio, a quien le dije antes de que se me acercara que él tampoco podía salir, que tenían que estar en cuarentena. Y ella también sacó su celular".

La foto que sacó el alcalde se viralizó. 

González sostiene que no fue su culpa, que solo le dio la imagen a la policía, cuando fue a hacer la denuncia a la comisaría, y al médico tratante de ella.

La joven ya anunció que va a "tomar las medidas legales que se tengan que tomar" para que el alcalde se retracte y "pida disculpas".

Producción: Diego Cayota

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