El gobernador de Texas, Greg Abbott, conmutó este jueves la pena de muerte contra Bart Whitaker, un sentenciado que contrató a un sicario para asesinar a su familia. "El Sr. Whitaker deberá pasar lo que resta de su vida tras la rejas en castigo por su crimen atroz", señaló Abbott al justificar su decisión. De manera excepcional, la estatal Junta de Indultos y Libertad Condicional de Texas también había recomendado clemencia para Whitaker.
La intensidad de este drama familiar impactó a Estados Unidos. Un hijo asesino de su madre y de su hermano, que también quería matar a su padre. El padre, aun gravemente herido y sin saber quién estaba detrás del ataque, decidió perdonar al asesino.
El padre de Bart, Kent Whitaker, movió cielo, mar y tierra durante años para recibir misericordia para su hijo, a quien perdonó desde la cama del hospital.
"Estoy agradecido por esta decisión, no por mí, sino por mi padre", aseguró Bart, en unas declaraciones difundidas en un comunicado por el Departamento de Justicia Criminal de Texas.
"Acepto cualquier pena por mis crímenes, pero mi padre no hizo nada mal. El sistema funcionó hoy para él, y haré todo lo mejor que sé para mantener mi parte del trato", dijo el prisionero perdonado.
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El caso
Kent Whitaker y su hijo, Bart, durante una visita a la cárcel en 2016.
undefined Kent Whitaker y su hijo, Bart, durante una visita a la cárcel en 2016. Kent Whitaker y su hijo, Bart, durante una visita a la cárcel en 2016.
AFP
Los cuatro miembros de la familia Whitaker habían salido a cenar -Kent, el padre; su esposa Tricia, y los dos hijos de la pareja, Bart y Kevin- con ocasión de celebrar por adelantado el título universitario de Bart, el mayor de los hijos.
Luego de la velada, fueron brutalmente emboscados por un atacante armado escondido dentro de la casa. Tricia, de 51 años, y Kevin, de 19, cayeron muertos. Kent fue gravemente herido. Bart recibió una bala en un brazo.
Un año después, los investigadores estaban ya convencidos que quien había planificado el sangriento ataque no era otro que el hijo sobreviviente, y su herida en el brazo era parte de la puesta en escena.
Bart había contactado a un pistolero, y le dio instrucciones para deshacerse de sus dos padres y de su hermano, contra quienes había acumulado su odio. Los fiscales lo acusaron de haber querido poner manos en una herencia estimada en un millón de dólares.
Durante siete meses, Kent Whitaker vivió con Bart ignorando que él era responsable de la muerte de su esposa e hijo, mientras los policías avanzaban en la investigación.
La hipótesis del robo rápidamente perdió fuelle: nada desapareció de la casa salvo el celular de Bart. Los investigadores luego descubrieron que el hijo sobreviviente nunca se había inscrito en la universidad, y que esa mentira había servido para planear la emboscada.
El cáncer terminal le alargó la vida
En una rara coincidencia, había otras dos ejecuciones previstas este jueves en Florida y Alabama. No ha habido tres ejecuciones en el mismo día en Estados Unidos desde el 7 de enero de 2010. Una triple ejecución ocurrió solo 13 veces en 40 años, según el Centro para la Información sobre la Pena de Muerte, una organización que aboga por la eliminación de la pena capital.
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No obstante, la Corte Suprema falló el jueves por la noche que la ejecución de Doyle Hamm no podría continuar. Un portavoz del sistema penitenciario estatal explicó que la suspensión se debió a una "excesiva precaución" porque no se podía encontrar una vena que pudiera recibir la inyección. Hamm padece cáncer craneal y linfático terminales, y sus abogados habían argumentado que al no tener las venas adecuadas una inyección letal sería tortura. El condenado ha estado tres décadas en el corredor de la muerte, fue condenado en 1987 por el asesinato de un empleado de un motel durante un robo a mano armada.
Mientras Whitaker y Hamm conseguían librarse de la muerte, oficiales de Florida ejecutaron a Eric Branch por el asesinato de un estudiante en 1993.
El Departamento de Correcciones del estado dijo que su hija le había visitado por la mañana.
Sus abogados lanzaron infructuosamente un último recurso para salvarlo, argumentando que el detenido tenía solo 21 años en el momento del crimen y que el veredicto fue emitido por un jurado no unánime.