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3 de noviembre 2022 - 5:04hs

Los recientes ataques con misiles y aviones no tripulados de Rusia en Ucrania indicarían que a pesar de las negativas iraníes y rusas hay fuertes indicios del papel que viene desempeñando Teherán en la provisión de armamento a Moscú.

Las imágenes de los drones Shahed-136, con sus distintivas alas delta recortadas contra el cielo, han circulado por los medios de comunicación de todo el mundo.

Los apagones continuos en toda Ucrania han demostrado claramente la eficacia de esta nueva afluencia de drones de fabricación iraní para destruir lentamente la red nacional del país.

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Un tipo de munición merodeadora, el Shahed-136 no está diseñado para regresar sino para ser destruido en el impacto, una bomba voladora guiada utilizada por Rusia como un misil de crucero barato.

Lanzados en paquetes, estos drones están diseñados para volar bajo, evadiendo el radar y sus ojivas de 40 kilos de explosivos pueden causar daños significativos.

Su baja altitud y velocidad hacen que puedan ser derribados por soldados individuales, como lo han sido muchos, pero también pueden usarse contra posiciones de primera línea y son más maniobrables que los misiles de alta velocidad.

Y son relativamente baratos a US$ 20.000 cada uno, en comparación con los cientos de miles que cuestan las armas más avanzadas de su tipo, lo que permite a las fuerzas rusas enviar ráfagas hacia las ciudades y posiciones militares de Ucrania con costos menores que armas similares.

Rusia ha modificado y renombrado los drones iraníes como “Geran-2”, para que sean guiados por el sistema de posicionamiento satelital GLONASS, la red GPS de Rusia.

Según Alex Gatopoulos, analista de defensa de Al Jazeera, el alto ritmo de consumo de las reservas rusas de misiles es la razón por la cual habría decidido recurrir a los drones iraníes para mantener su ritmo de ataques contra el territorio ucraniano. En esta nueva relación de proveedor militar a Rusia, una de las ironías de las sanciones contra Irán es que ahora tiene un sólido complejo militar-industrial, con un enfoque específico en drones y misiles de corto y mediano alcance.

Teherán ha mejorado constantemente los diseños nacionales, aumentando progresivamente el alcance, la precisión y la capacidad de supervivencia de los drones de largo alcance, las municiones merodeadoras y un gran y creciente arsenal de misiles como el Fateh-110 y la variante más avanzada, el Zolfaghar.

Ambos misiles son altamente móviles y de combustible sólido, lo que significa que pueden emerger de una posición oculta y lanzarse en cuestión de minutos antes de volver a esconderse, lo que los hace más propensos a sobrevivir a cualquier conflicto.

Sus rangos de alcance, 300-500 kilómetros para Fateh-e-mobin (una versión mejorada del Fateh 110) y 700 kilómetros para el Zolfaghar, los hacen útiles para la guerra a nivel de teatro de operaciones, mientras que su precisión, de unos pocos metros y en constante mejora, les permite golpear objetivos puntuales específicos como puentes, puestos de mando y baterías de misiles.

La tecnología rusa ha ayudado a mejorar la precisión de sus drones iraníes importados, y es probable que la ayuda de Moscú haga lo mismo con estas armas letales.

Otra razón para la participación de Irán es que Rusia puede aceptar vender 24 de sus avanzados cazas Sukhoi Su-35 a la fuerza aérea iraní, que tiene una dotación de aviones de combate anticuados, entre ellas los Mig-29 rusos.

El conocimiento, la transferencia de tecnología y las habilidades de ingeniería de Rusia impulsarían la capacidad de Irán para desplegar aviones que al menos tendrían una posibilidad de sobrevivir en un futuro conflicto.

Gatopoulos indica que también sería posible rediseñar algunos de estos jets rusos avanzados, incorporando algunas de las características de diseño del Su-35, como radares avanzados que pueden rastrear simultáneamente 24 objetivos, empuje vectorial para mejorar en gran medida su maniobrabilidad y un rango de alcance de más de 3500 kilómetros (2,175 millas).

Las autoridades de Kiev están preocupadas por el uso masivo de estas armas baratas que utiliza Rusia para inundar saturar las defensas antiaéreas, ya que el esfuerzo por derribar los enjambres de drones ha agotado ha agotado significativamente el inventario de Ucrania y los reemplazos son muy necesarios para proteger sus baterías HIMARS y las ciudades de los ataques.

Al comienzo de la guerra, Ucrania tenía sistemas de defensa aérea S-300 y Buk, capaces de una defensa de largo alcance contra objetivos que se movían rápidamente y capaces de abordar misiles de crucero voladores más lentos, pero de baja altitud.

Un conflicto prolongado e intenso significa que Ucrania también tiene escasez de armas sofisticadas y no puede comprar misiles de reemplazo en ninguna parte en las cantidades que necesita para sostener una campaña.

Los recientes ataques rusos destacan lo mucho que Ucrania necesita los sistemas de defensa aérea occidentales, en un momento en que la ayuda occidental está comenzando a estancarse, con los militares de la OTAN mirando hacia sus propias reservas agotadas.

Se necesitan misiles de largo alcance y alta velocidad para contrarrestar los misiles balísticos entrantes con velocidades mínimas de 2000 a 3000 km/h, y muchos modelos vuelan mucho más rápido, en el rango hipersónico de Mach 5 (cinco veces la velocidad del sonido) o superior.

Estos sistemas necesitan radares sofisticados que puedan rastrear múltiples objetos que se mueven rápidamente, identificándolos y rastreando su trayectoria para que los misiles de defensa aérea puedan dispararse en el lugar correcto en el momento correcto para interceptarlos y destruirlos.

Ese es el papel que juega el NASAMS, una colaboración entre Noruega y Estados Unidos que puede detectar y rastrear una variedad de objetivos en un área muy amplia e incorporar sistemas de defensa aérea muy diferentes en su arquitectura, lo que significa que Ucrania puede agregarle sistemas de armas, integrándolos en un paraguas de defensa aérea efectivo que es capaz de crecer en efectividad a medida que aumenta de tamaño. El primero de estos sistemas fue entregado a Ucrania en setiembre.

Por su parte, Alemania ha enviado cuatro de sus sistemas de misiles de defensa aérea IRIS-T de corto a mediano alcance a Ucrania.

Llegaron a principios de octubre, en parte para ayudar a Ucrania, pero también para contrarrestar la creciente impaciencia nacional e internacional por lo que se percibe como la indiferencia de Berlín hacia el conflicto.

El IRIS-T es tan nuevo que nunca se ha probado en combate. Las fuerzas armadas de Alemania no han usado el arma.

Un país que podría proveer de sistemas probados y eficientes de defensa aérea de respuesta inmediata es Israel, pero hasta ahora se ha negado a venderlas a Ucrania porque tal movimiento podría significar la ruptura de acuerdos de hecho con Rusia sobre las acciones militares israelíes en Siria contra el tráfico de armas con destino a Hezbolah.

Rusia controla gran parte del espacio aéreo sirio y los aviones israelíes atacan regularmente objetivos en Damasco y sus alrededores y partes del sur de Siria y una intervención a favor de Ucrania podría alterar la fría forma de paz vigente con Moscú, un delicado equilibrio que Israel prefiere no arriesgarse a perturbar.

La llegada de las armas iraníes sorprendió al mundo, y las secuelas de los ataques, centrados principalmente en la población civil y la infraestructura energética de Ucrania, han motivado los urgentes pedidos del presidente Volódimir Zelensky por armas avanzadas, especialmente a medida que se acerca el invierno.

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