16 de mayo 2021 - 5:04hs

Uruguay se acaba de asegurar las finales únicas para este año de las Copas Sudamericana y Libertadores. Serán el 6 y el 20 de noviembre, en el mítico Estadio Centenario que deberá ser remozado para estar a tono con las exigencias actuales de las cadenas de televisión. Desde el césped que deberá lucir un verde inmaculado hasta las tribunas y la iluminación. La AUF celebra este logro por el cual bregó largamente. Es especial por la final de la Copa Libertadores y de yapa se encontró con la final de la Sudamericana. 

En la decisión de la Conmebol seguramente influyó la decisión del gobierno del presidente Luis Lacalle Pou de poner en contacto al organismo con el laboratorio chino Sinovac para facilitar la llegada de 50 mil dosis de vacunas para el organismo del fútbol americano a fin de vacunar a los jugadores de clubes y selecciones y sacándolo de un grave problema que se le venía encima con los jugadores que militan en clubes europeos. 

También debe haber jugado a favor la expectativa de que para noviembre, dado el alto índice de vacunación que lleva Uruguay, la situación pandémica esté relativamente controlada y que lo que vivimos en estos días en cuanto a muertes y contagios sea solo un recuerdo. Esperemos que la Conmebol acierte en este tema epidemiológico porque ello es lo que permitirá la llegada de público del exterior, que es uno de los motivos de regocijo del gobierno y de la AUF. En efecto, se calcula que por la afluencia de espectadores y personal administrativo ingresaran al Uruguay unos 25 millones de dólares en menos de un mes que no es de temporada alta. Algo nada despreciable para la industria del turismo, tan castigada en estos tiempos. 

Uruguay hizo las cosas bien y con astucia. Logró recomponer vínculos con la Conmebol y puso calidad institucional allí donde no la había. Paraguay está sumido en una grave crisis pandémica y además carece de vacunas. El gobierno uruguayo y la AUF percibieron rápidamente esa carencia y jugaron fuerte apoyándose en las fortalezas del país que tiene vacunas para toda la población y aun más. El único problema es que la gente “ponga el brazo”, como dice el presidente Lacalle Pou, pues son más los agendados que los realmente vacunados. Pero por el buen camino se está yendo y es de esperar que el programa de frutos para el segundo semestre.

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Eso sí, lo importante fue caer bien a “los dueños de la pelota” que son el ejecutivo de la Conmebol como el Ejecutivo de la UEFA y de la FIFA. Estas instituciones tienen tal poder económico que son prácticamente un Estado dentro de otros Estados y no rinden cuentas a nadie. La FIFA incluso prohíbe a jugadores y clubes acudir a la justicia ordinaria de sus países con la amenaza de desafiliarlos. Todas las disputas económicas o deportivas deben ser resueltas en el ámbito de los organismos de la FIFA. Y, sin tanto poder, algo similar ocurre en la UEFA y en la Conmebol.

Ya se vio lo que ocurrió hace pocas semanas en Europa cuando los 12 clubes más poderosos del continente intentaron crear una Superliga. En 48 horas, el proyecto liderado por Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, y apoyado por el banco J. P. Morgan con un préstamo de US$ 5.000 millones, se vino abajo como un castillo de arena. Bastó la presión de la UEFA para acabar con el proyecto “galáctico”. Y hoy los tres clubes que aún no se arrepintieron (Real Madrid, Barcelona y Juventus) pueden recibir fuertes sanciones.

Algo parecido ocurrió esta semana en Colombia, país incendiado por protestas. Cuando Nacional anunció que no podría presentarse al partido frente a Atlético Nacional en la ciudad de Pereira porque los manifestantes no dejaban salir del hotel a la delegación, la Conmebol aplicó toda su fuerza y amenazó con duras sanciones económicas y deportivas que llegaban hasta la expulsión de la actual edición de la Copa Libertadores y probablemente de un par de ediciones más. Nacional tuvo que meter violín en bolsa y dirigirse al estadio a riesgo de cualquier cosa que afortunadamente no sucedió. El único derecho al pataleo lo ejerció el capitán Gonzalo Bergessio en el sorteo inicial, donde reclamó al capitán rival un “poco de empatía”. Pero de empatía no hubo nada ni siquiera un traslado conjunto del hotel a la cancha. 

El partido se jugó porque así lo dispusieron los dueños de la pelota. Afortunadamente no pasó nada. Pero estaba claro que no estaban dadas las condiciones para jugar un partido de fútbol. Eso sí, un equipo uruguayo no tiene mucho peso para los dueños de la pelota. Para que lo tenga, quizá haya que mandar muchas más dosis de vacunas. Y hacer unos cuantos asados en el Complejo Celeste cuando tengan lugar las finales de noviembre. Por ahora, aprovechemos los 25 millones de dólares y procuremos dar un buen ejemplo al mundo en cuanto a comportamiento de los espectadores.

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