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El 25% de las participantes del estudio dijo que se siente molesta por no poder verse en la vida real como en las redes

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Filtros vs. realidad: los efectos que tienen las redes sobre la percepción de la imagen de las niñas y adolescentes uruguayas

Según una investigación, a los 13 años el 80% de las niñas uruguayas ya utilizó algún filtro para modificar su imagen en las redes sociales

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21 de julio de 2021 a las 05:01

No es necesario ser un especialista. Basta con abrir una aplicación y bucear entre los  miles de filtros que están disponibles para cambiar tu rostro por completo en menos de un segundo. Aquellos filtros graciosos que diseñaban las aplicaciones pronto dieron lugar a modificaciones virtuales que en ocasiones pueden ser imperceptibles para el observador despistado: labios más grandes, pestañas voluminosas, narices pequeñas, pómulos marcados, contornos más delgados y pieles tan lisas como unificadas. Al final, esa cara (o ese cuerpo) no es la misma. ¿Pero qué pasa cuando el filtro ya no funciona? ¿Qué pasa con la percepción de la imagen que devuelve el espejo?

La empresa de cosméticos Dove publicó este martes los resultados de una investigación sobre una muestra de niñas y adolescentes uruguayas de entre 10 y 17 años. Según el estudio, el 80% de las niñas de 13 años ya utilizó algún filtro para modificar su imagen en las redes sociales y el 51% de las encuestadas señaló que los filtros “pasaron a ser parte de su vida cotidiana”, mientras que dicen que descargaron algún programa de edición de fotos para realizar retoques. 

El psicólogo Roberto Balaguer, magíster en Educación y experto en Tecnologías de la Información y la Comunicación, dijo a El Observador que la exposición que tienen las niñas y adolescentes actualmente es mucho mayor a la que sus padres tuvieron en la adolescencia. Se genera, de alguna forma, una doble exposición. La exposición del cuerpo en sus propias redes se alimenta de la exposición a los perfiles de otras mujeres que modifican las partes de sus cuerpos con innumerables herramientas más o menos profesionales. A veces imperceptibles.

De hecho, la proliferación de fotografías modificadas y su posible impacto sobre las juventudes es un tema que preocupa en todo el mundo. Recientemente, el Ministerio Noruego de Infancia e Igualdad aprobó una ley que obliga a influencers y marcas a avisar que las fotografías que publican pasaron por filtros o están editadas en Photoshop. Las fotos deberán ir acompañadas de una etiqueta  que advierta a los internautas.

Según indica el psicólogo, “es como estar jugando siempre en las grandes ligas y sujeto a estándares muy altos de una belleza estereotipada”. Y claro, adultos y niños no navegan entre esas imágenes de la misma forma. Balaguer recuerda que se trata de chicas que están en proceso de formación, y señala que “muchas de estas cosas terminan siendo elementos de presión, de estrés, en lugar de ser elementos de disfrute y socialización, de simplemente estar en el mundo social”.

Según los datos de la investigación, las chicas entre 14 y 17 años “retocan” más la barriga, los muslos, las piernas, la cola y los pechos, mientras las más pequeñas se centran más en la cara y los ojos.

¿Le gusta o no me gusta?

Más del 60% de las encuestadas afirmaron que eliminarían una foto que hayan publicado y subirían otra si no se encontraran conformes con el resultado, o pedirían la opinión de un amigo antes de subir la selfie. Pero el 58% desearía poder compartir en las redes sociales lo que sea sin preocuparse acerca de las reacciones de otros. 

“Hay una cantidad de elementos que hacen que esas fotos no sean espontáneas y naturales sino que es una selfie preparada, que las lleva por ejemplo a desechar un montón de las que sacan”, comenta el psicólogo.

El primer filtro podría decirse que sucede off line: muchas de las encuestadas explicaron que antes de tomarse la foto se peinan, se visten o se maquillan de una forma especial. Luego, hay un proceso de selección. “Hay todo un fenómeno del filtro primero de la imagen, de la propia mirada de la chica, que en lugar de mostrarse espontánea está buscando generar efectos en la audiencia”, sostiene el especialista. 

De hecho, según el estudio, el 21% de las encuestadas declaró que siente que no es linda si una foto que publicó no recibe muchos "me gusta". Por otro lado, el 50% sostuvo que le gustan las redes porque les permiten lucir como quieren.

La "selfie talk"

En una etapa que resulta clave para la formación, el 25% de las consultadas dijo que se siente molesta por no poder verse en la vida real como en las redes, y el 20% afirmó que prefiere su imagen retocada.

¿Qué pueden hacer los padres y las instituciones educativas al respecto? Balaguer destaca la importancia de lo que se denomina selfie talk, una charla sobre las autofotos. ”Se trata de mostrarles todas las distorsiones que hay, esas comparaciones que son bastante odiosas, y ayudarlas a aceptarse como son. Para eso necesitan también que nosotros nos aceptemos como somos, que las aceptemos a ellas como son”, sostiene.

La investigación, encargada a Id Retail, devuelve que solo el 30% de las entrevistadas afirmó tener una autoestima fuerte, mientras el 47% declaró que desearía estar más orgullosa de quién es y de su aspecto. El 56% desearía estar más orgullosa de su cuerpo y de lo que es capaz.

Según el especialista es clave conversar sobre estas cosas, ponerlas sobre la mesa y hacer visible lo que sucede en las redes sociales: ”Que puedan tener un adulto referente en quien puedan confiar, se puedan mostrar tal cual son y de repente opten en las redes sociales por no necesariamente estar mostrando cuestiones vinculadas a la belleza corporal sino quizás a otro tipo de habilidades que también tienen, que muchas veces ayudan a no estar tan pendientes de los “me gusta” o la ausencia de ellos”.

“Hay que explicarles a las chicas que se están comparando con chicas que hacen un trabajo muy fino y distorsionado de la realidad. Ayudarlas en eso las va a ayudar a aceptarse y no ponerle tanta presión y tanto estrés a algo tan divertido o simpático como una selfie”, comentó Balaguer.

Según el estudio, el 78% de las chicas desearía que en la escuela les enseñaran a sentirse bien con su propio cuerpo.

Haz lo que yo digo

Las redes sociales que ponen énfasis en la imagen como Instagram o Snapchat son parte de la vida de las niñas y adolescentes. De hecho, según la investigación, el 98% de las encuestadas utiliza al menos una red social y la mayoría lo hace por más de 3 horas. 

Y el uso de estos filtros es una realidad cotidiana. El 54% de las chicas sostuvo que la mayoría de la gente de su edad edita selfies o usa filtros para cambiar su apariencia, y el 43% aseguró que la mayoría de los adultos también lo hacen

Pero los adultos no siempre escapan de la influencia de las redes sociales.

En los últimos años surgió alrededor del mundo el movimiento por la diversidad corporal, que aboga por la belleza de todos los cuerpos. En este contexto surgieron influencers que muestran cómo se intervienen las fotografías para que pasen inadvertidas y publican lo que otros entienden como “imperfecciones” de sus cuerpos.

Muchas artistas y personalidades de alto perfil se subieron a la ola del amor propio y se niegan a ser un ejemplo de un cuerpo irreal. Es el caso de la actriz Kate Winslet, quien fue noticia hace un mes, cuando se negó a que editaran las arrugas de su cara en el cartel promocional de la serie de HBO Mare of Easttown. Según publicó entonces The New York Times, la actriz devolvió el cartel al departamento gráfico en varias ocasiones. “Ellos me decían ‘no podés’ y yo les respondía ‘gente, sé cuántas arrugas tienen mis ojos, por favor pónganlas de nuevo'''. Además, Winslet se opuso a que se modificara su cuerpo durante una escena de sexo.

¿Hasta qué punto puede influir la vida on line en el mundo offline? Aunque parezca insólito, La Sociedad Estadounidense de Cirugía Plástica Estética confirmó que, mientras los pacientes llegaban con fotos de terceros como inspiración, es cada vez más común que los pacientes lleguen a las clínicas con sus propios rostros alterados con estos filtros. Basta con una rápida búsqueda en su navegador de confianza para que aparezcan noticias y fotografías de hombres y mujeres que gastaron miles de dólares para parecerse a la imagen que le devolvía su filtro favorito.

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