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24 de junio 2023 - 19:10hs

Gastón Hideo Mizuki Tanaka es uno de los pocos –cada vez son menos– protagonistas del sostenimiento de una actividad productiva milenaria, defendida en Uruguay especialmente por japoneses y sus descendientes: la floricultura.

Es una actividad castigada por varios enemigos que con el esfuerzo de algunas decenas de personas sigue en pie, aunque no se sabe hasta cuándo.

Para este productor el modo de seguir y no bajar las cortinas ha sido redoblar el esfuerzo y accionar en toda la cadena, desde la producción hasta la venta minorista.

Hablando de tradiciones, Gastón Hideo tiene dos nombres, uno “en español” y otro “japonés”, costumbre generada en Uruguay por japoneses que emigraron a mediados del siglo pasado, como sucedió con sus padres. “Mi padre (Mizuki) vino en 1958, mi madre (Yoshiko) en 1960, se conocían allá y se casaron acá, yo nací en Montevideo en 1966”, contó.

Su padre, antes de emigrar, se había especializado en producir manzanas. Asumido el desafío de llegar a las costas del Río de la Plata, donde se visualizaban oportunidades de desarrollo, decidió instalarse en Uruguay, pero para dedicarse a la floricultura, algo que era incipiente y donde había más posibilidades de progreso.

“Los japoneses llegaban a trabajar en emprendimientos de familias japonesas ya instaladas y después se instalaban por su cuenta”, dijo. Y eso sucedió con su padre y madre (ella en Japón integraba una familia dedicada al comercio).

Juan Samuelle Gastón Hideo en su puesto, en el Mercado de Flores.e

Presidente de los floricultores

Gastón Hideo tiene 56 años y preside la Cooperativa de Floricultores Agropecuaria Limitada (Cofloral), entidad que nació también en 1958 y es popularmente conocida como “Mercado de Flores”, con sede propia en Guadalupe casi Av. San Martín.

“Me comentaron, no llegué a vivirlo, que hubo un primer mercado de flores en la calle Colón, en la Ciudad Vieja. En su momento los productores necesitaban un mercado estable y se hizo con mucho esfuerzo la inversión para tener este galpón enorme –50 metros por 30–, donde tenemos la sede”, señaló.

Ese mercado, donde venden unos 20 socios (llegaron a ser 160 hace algunos años), abre lunes, miércoles y viernes de 18 a 19:30 horas (hay atención por el whatsapp 095 39 91 94) y no solo pueden ir a comprar comerciantes a nivel mayorista, también el consumidor particular.

 

Los precios
Hay una venta mínima, por docena o paquete. Una docena de rosas nacionales o un paquete de 25 si son importadas ($ 500 la docena importada y $ 1.000 las 25). Está en muy buen precio el paquete de felpilla (10 o 15 varas en promedio), conocida como “flor de mayo”, de $ 300 a $ 400 según la variedad. Hay crisantemos a $ 350 la docena y algunos casos a $ 300. Y aparecen las primeras fresias a $ 350 (paquete de 10 a 15 varas).

 

El secreto para sobrevivir

Él produce en un predio ubicado cerca de la Unidad Agroalimentaria Metropolitana (UAM), en el Montevideo rural, en el Paso de la Arena. Allí ahora obtiene follaje para corte. Ha cultivado rosas, pero abandonó porque la producción local no es competitiva con la importada. Está explorando en qué rubro incursionar tras un momento de quiebre: la sequía, que también castigó al floricultor, no tanto por la disponibilidad de agua dado que en la enorme mayoría de los casos se dispone de pozos o tajamares, sí por las olas de calor que hubo durante varios meses del verano, algo a lo que las flores son muy susceptibles.

“Trabajar dependiendo del clima, como le pasa a productores en otros rubros, es un problema con el que luchamos”, apuntó.

La mercadería la comercializa en el predio o en el Mercado de Flores. También distribuye a otros comerciantes en Montevideo y en localidades del interior. Y posee una florería en Pocitos. “Estamos en toda la cadena, producimos, distribuimos, vendemos al por mayor y por menor, esa estrategia es la que nos ha permitido sobrevivir en un negocio muy complicado por diferentes motivos”, lamentó.

Juan Samuelle El mercado abre lunes, miércoles y viernes a la hora 18.

Futuro en duda

El oficio de floricultor lo heredó de sus padres. Con ellos, conforme fue trabajando, aprendió lo fundamental y sobre temas puntuales se capacitó en Argentina y Uruguay, la mayoría no específicas en floricultura, pero que lo ayudó en el ejercicio de sus tareas.

Es una actividad típicamente tradicional, de legado familiar, Gastón Hideo integra una segunda generación que se dedica a producir y vender flores y ya está la tercera en la cancha, dado que un sobrino –Andrés Haji– trabaja con él. La duda es, admitió, si llegado el momento podrá hacerlo su hija –Oriana Akari–, que tiene ahora apenas ocho años.

Los problemas

Los problemas de estos productores y comerciantes de escala familiar, admitió Gastón Hideo, son varios.

Sin duda el más grave es que no hay un adecuado recambio generacional que sostenga la floricultura: “Las generaciones nuevas se dedican a otras cosas, no se entusiasman con una actividad que es sacrificada y no garantiza un margen de rentabilidad razonable”.

Las costumbres han ido cambiando. Antes regalar flores era algo normal no solo en fechas especiales, también volver a casa con un ramo era frecuente. Aparecieron las flores de plástico a precios muy bajos, mismo las importadas que llegan a valores bajos con los que el productor local no siempre compite y surgieron otras opciones y no solo bombones, el abanico de regalos que compiten se amplió y la gente tiene gustos más variados.

“Antes, para el Día de la Madre o el de los enamorados, por ejemplo, era lo principal, hoy ya no”, lamentó. En el mejor de los casos, señaló, “hoy la flor es un regalo que complementa”.

La crisis económica de 2001, recordó Gastón Hideo, hizo que muchos productores de flores, japoneses, tomaran la decisión de recorrer el camino inverso y regresar a Japón en búsqueda de mejor calidad de vida. Eso achicó la masa de floricultores. Otro impacto, de menor magnitud pero con base en esas mismas decisiones, sucedió 20 años después, por la pandemia de covid.

Otro inconveniente, que ameritó gestiones ante la Intendencia de Montevideo, fue cuando para evitar la proliferación del mosquito Aedes Aegypti se prohibió dejar flores naturales en depósitos con agua en cementarios. “Eso hizo caer las ventas y cuando un hábito pierde fuerza es casi imposible recuperarlo, en Montevideo hay menos venta de flores para cementerios, eso por ahora se mantiene en ciudades del interior”, indicó.

Dijo también que los floricultores están inscriptos en el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), que tienen como problema principal que es muy complicado cubrir los costos productivos en una actividad que se ha comprobado es de las que más mano de obra demanda por hectárea.

Una gestión que se hizo en la administración anterior se volverá a encaminar a ver si hay éxito: la flor importada paga un IVA, como pasa con la fruta o verdura importada, generándose una recaudación que, se entiende, podría volcarse al sector floricultor, de modo que avance en eficiencia y competitividad.

En un escenario desafiante, Gastón Hideo dejó un mensaje antes de reanudar sus tareas de venta en el Mercado de Flores: “Le pedimos a la gente que cuando deba hacer un regalo piense en flores, va a quedar bien y nos da una mano”. Sobre eso, elogió las campañas publicitarias que con razón instan a comer más frutas y verduras, y comentó que sería bueno que haya una ayuda en ese sentido.

Juan Samuelle Gastón Hideo Mizuki Tanaka.

 

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