En nuestra sociedad estamos rodeados de personas que por sus actos en vida nos han dejado una huella que permanecerá en el recuerdo colectivo por décadas o siglos, dependiendo de la influencia y trascendencia que haya tenido para la sociedad en cuestión.
Hay personas que por su sacrificio, por su tesón, por su talento o sus convicciones, han logrado cambiar el microambiente en el que se hayan movido y desenvuelto, o su país o el mundo. Esas personas habitualmente cuando están entre nosotros las reconocemos, las admiramos, y muchas veces de manera tímida le demostramos lo importante que son para nosotros. También muchas veces no nos damos cuenta lo importante que era hasta el día que no lo tenemos más entre nosotros. A veces nos lo podíamos imaginar pero solo su ausencia profundiza lo que podíamos haber vaticinado.
Cuando hablo de este tipo de personalidades no me refiero a las 10 personas más importantes en la historia de la humanidad, me refiero a personas que capaz que ni siquiera son “famosas”, pero en el ambiente donde trabajaron, en la actividad a la que se dedicaron, dejaron una huella.
Recuerdo hace poco tiempo cuando falleció Luis Cubilla, que casi en simultáneo se empezaron a repetir “homenajes” en varios medios. En este caso, hablamos de un técnico de fútbol, ídolo en los dos clubes más populares de nuestro país, campeón de América y del Mundo con ambos, campeón de América con nuestra selección y una lista impresionante de logros.
Esta persona, trascendente en su medio, se murió, y dejó una huella. Hizo gritar y emocionar a mucha gente y muchos en su momento le habrán agradecido, pero ahora no está mas. Sin entrar en aspectos ideológicos o de fe, hay algo que está claro, Luis Cubilla se murió y no está entre nosotros y esos homenajes por más lindos y emotivos que se vean no dejan de parecerme un no se qué para los que estamos vivos y nos vamos a congojar por esa muerte.
Si esa persona era tan importante, y le había dado tanto a nuestro deporte, ¿por qué no le organizaron un homenaje en vida? Porque tenemos esa mala costumbre de homenajear a una persona cuando está muerta y ya no puede recibir ese cariño y ese reconocimiento?
Piensen en su entorno, cuantas personas ven día a día que les despiertan admiración, cuántas personas generarían una angustia colectiva si murieran, a cuántas personas les encantaría decirle gracias. Si al menos te vino una a la cabeza, entonces pensá en hacérselo saber antes de que se muera. Te aseguro que va a ser más emotivo, más lindo, y más útil. Te aseguro que va a valer más la pena una cena entre amigos para agradecerle todo lo que quieras, que un minuto de silencio en cadena nacional el día que esté muerto. Y que quede claro, no hablo de la muerte, hablo justamente de la vida. Todos sabemos que las cosas hay que hacerlas en vida. En mi opinión, los homenajes también.