No hay peor ciego que el que no quiere ver. Los jugadores de la selección le abrieron los ojos a la clase directriz de un fútbol uruguayo que durante años durmió arropada por contratos y un sistema que le impide votar con libertad, como lo expresaron los propios seleccionados en sus comunicados.
Todos conocían la realidad pero ninguno se animaba a siquiera intentar modificarla. Es lo que tiene vivir en la zona de confort.
Lo expresó el propio presidente de River Plate, Willy Tucci, a Referí: "Nosotros somos responsables de pagar las deudas el último día, de que nos den la plata para los salarios, eso tenía un costo después a la hora de tomar decisiones. Es algo que todos saben".
Y resulta que hoy, pasado el tiempo, la mayoría de los dirigentes del fútbol anuncian que llegó el momento del cambio. En tiempos de movimientos políticos por la presidencia de la AUF, el tema invita a algunas reflexiones.
Curiosamente, como pasó hace cuatro años, el argumento que se utiliza es el mismo que se manifestaba para remover a Sebastián Bauzá: "El Ejecutivo gobierna solo para la selección y se olvidó de los clubes".
Los dirigentes clubistas reclaman que el dinero que ingresa por la selección no llega a las arcas de las instituciones. Que la AUF es de los clubes. Claro, esta historia es de acuerdo a la conveniencia de turno. En su momento despotricaron contra los gastos de la selección. Hoy quieren recibir el dinero que genera.
Sin ir más lejos, estuvieron a punto de perder un negocio que terminó reportando US$ 24 millones por la camiseta celeste. La mayor oferta, presentada por los jugadores, estuvo en duda. ¿Motivos? Los que tuvieron que decidir, los que reclaman dinero, la terminaron aprobando por un voto de diferencia.
¡Un voto para resolver que US$ 24 millones eran más que US$ 5 millones! ¿Entonces? ¿Para quién gobiernan los presidentes de la AUF, si hubo quienes votaron que US$ 5 millones es más que US$ 24 millones? Los que votaron en contra lo hicieron en detrimento de su propio negocio.
Hablemos con claridad. Antes no veían ni al Washington del dólar. Durante años la mayor parte de los ingresos de la selección se los llevaba Tenfield. La empresa de Francisco Casal fue dueña de los amistosos, de los espónsores, de los contratos de televisión, de los derechos de imagen y hasta de la camiseta celeste. Ya no. Se acabó. Es consecuencia directa de la intervención de los jugadores que le abrieron los ojos a la clase directriz. Reclamaron y pelearon por sus derechos. Desafiaron el poder hasta retirando los espónsores de las remeras de entrenamiento de la selección y no hablan con la empresa que tiene los derechos de TV del fútbol local.
Aducen los dirigentes locales que hay ingresos fuertes del fútbol uruguayo, como el de las transferencias, que no les está llegando. ¿Fue culpa de Bauzá? ¿Es culpa de Valdez? ¿Quiénes negocian las transferencias de los jugadores? ¿Cómo negocian? ¿En qué condiciones? "El tema es que cuando vos tenés la soga al cuello es difícil negociar", reconoció Tucci. ¿Entonces?
Antes de partir al Mundial, el técnico de la selección, Óscar Tabárez, pasó un mensaje. "Inviertan en juveniles", dijo en una conferencia. No es para menos: desde 2006 se vendieron 78 jugadores que pasaron por las selecciones menores de Uruguay y reportaron US$ 120 millones para los clubes. Esa es la vidriera, la selección. Tucci expresó que el fútbol uruguayo exporta US$ 60 millones por año y los clubes están fundidos.
A todo esto se suma que el gobierno se anticipa a un movimiento que se avecina, como se informó en la edición del martes de Referí, que es el reclamo de los jugadores del medio por los derechos de imagen.
Ante esto, el Poder Ejecutivo envió al Parlamento un proyecto donde se contempla que los futbolistas se lleven el 10% de lo recaudado por derechos de televisión al tiempo que entrenadores y árbitros cobrarán el 0,5% de lo recaudado.
Los hechos señalados dejan en claro los caminos que tomaron los dirigentes y el que comenzaron a recorrer los jugadores en el fútbol uruguayo. Un fútbol que se dio el lujo de correr al único dirigente honesto (Bauzá), según reconoció la Justicia de Estados Unidos en el escándalo de la Conmebol. Un fútbol al que los jugadores, que son los verdaderos protagonistas, están haciendo despertar.