Si bien los famosos son los que se roban todos los flashes durante la noche de los premios Oscar, hay varios personajes no humanos que merecen una mención por el papel indispensable que desempeñan durante la velada. Ellos son la estatuilla, la alfombra roja y los sobres.
Este musculoso hombrecito vio la luz por primera vez en 1929, dos años después de la creación de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas estadounidense. El director de arte del estudio Metro-Goldwyn Mayer, Cedric Gibbons, fue el encargado de diseñar a este caballero de 34,2 cm y 3,8 kg que lleva las manos sobre su pecho sujetando una espada y parado sobre un rollo de película.
Las primeras estatuillas fueron de bronce, pero la escasez de este metal durante la Segunda Guerra Mundial obligó durante un tiempo a hacerlas de yeso. Luego, con la recuperación económica y el avance de la maquinaria, terminaron siendo bañadas en oro y plata.
Una de las mayores leyendas que rodean este trofeo es su nombre, tan común como llamativo y mítico. Dicen los entendidos que fue la responsable de la biblioteca de la Academia, Margaret Herrick, quien lo bautizó así por el gran parecido que le veía con su tío Oscar. El nombre corrió como la pólvora por los pasillos de Hollywood hasta que llegó a los oídos del editor Sidney Skolsky, quien lo citó en una columna de 1934 sobre el triunfo de Katherine Hepburn a Mejor actriz por Gloria de un día. Contagiada por esta moda, la Academia decidió adoptar el nombre oficialmente en 1939.
Hasta ahora se han entregado 2.951 estatuillas y el domingo se repartirán otras 50 entre las 24 categorías en liza que otorgarán los 6.124 miembros de la Academia.
La alfombra roja
La alfombra roja es un venerado manto que ni es realmente alfombra, ni es propiamente rojo, y que disfraza el bullicioso bulevar de Hollywood para que sea un decorado de película, al menos por un día.
Cerca de 20 operarios se necesitaron para extender los rollos de moquette color granate sobre la turística avenida a los pies del teatro Dolby, antes llamado Kodak, en el que se entregarán los premios.
Se trata de un trabajo manual, de ensayo y error, de cinta métrica, rodillo, pegamento y plancha.
Este año se precisaron cinco días para tapizar casi 4.200 metros cuadrados de suelo, incluido todo lo que el domingo no mostrarán las cámaras de televisión, porque la alfombra roja cruza el fastuoso umbral del teatro Dolby y continúa edificio adentro hasta la puerta principal.
Para esta labor, la calle fue cortada al tráfico desde el día 15 de febrero.
Se cuida hasta el mínimo detalle y en esta ocasión nuevamente preocupa la lluvia. En Los Ángeles, donde luce el sol una media de 300 días al año, no son extraños los chaparrones el día de los Oscar. Es por esto que los encargados sopesan si será necesario recubrir con carpas transparentes el recorrido de la alfombra y las gradas aledañas en las que se sentarán y gritarán hasta perder la voz los 400 afortunados que ganaron su lugar por sorteo.
Desde allí tomarán fotos y, quizá, tengan la ocasión de tocar con los dedos a uno de esos famosos de portada de revista. George Clooney, por ejemplo, suele prodigarse con los fans.
Como buena producción de Hollywood, en los Óscar tampoco faltan los extras que, vestidos como si estuvieran nominados, se pasean por la alfombra para tapar huecos y ocupan sitios vacíos en el teatro con el fin de que los espectadores disfruten en sus casas de la magia que esperan de Hollywood.
El sobre
Mark Friedland es quien se encarga de fabricar, uno por uno, los sobres en los que se encuentran los nombres de las películas y las personas que se llevarán la estatuilla.
“Las dos frases más famosas de la ceremonia son ‘El sobre por favor’ y ‘El Oscar es para...’”, dijo Friedland a la revista Variety. “Sentí que había una gran oportunidad de crear un complemento icónico para la estatuilla que se estaba perdiendo”, por lo que, según explicó a la revista, convenció a la Academia de que le cedieran a él el honor de crear un sobre que sería tanto un objeto hermoso para la televisión como un recuerdo precioso para los ganadores.
Así que Friedland creó un sobre cubierto de dorado y estampado con la silueta de la icónica estatuilla repetida por toda su superficie. Su interior es bordó, nuevamente con las estatuillas estampadas en dorado. El sobre lleva dentro la famosa tarjeta de tres milímetros de espesor, con la inscripción “Y el Oscar es para...”, seguido del nombre del ganador.
Según narra el artículo, cada detalle está meticulosamente planeado. El papel de aluminio llega de una boutique de Alemania, los sobres se airean para hacerlos más espaciosos y las puntas de las tarjetas son enceradas para que no exista ningún contratiempo al retirarlas del sobre. La fuente utilizada es la Neutra, debido a que es “atemporal” y captura el glamour de la era dorada de Hollywood.