Suele decirse que los primeros cien días de gobierno son una prueba de fuego. En este caso, no es la metáfora sino el hecho real del polvorín desatado por la tensión creada por un experimentado político que ocupó el cargo de primer ministro entre 2009 y 2021, que luego fue líder de la oposición por un breve período hasta que volvió al cargo que le permite tomar las decisiones en un país que tiene apenas diez millones de habitantes, pero con una gravitación significativa en la arena internacional.
Esta vez, Benjamin Netanyahu está al frente de una coalición de extrema derecha y ultra religiosa, que tomó medidas explosivas desde el primer día de gobierno. A diferencia de los 12 años que gobernó su país, siempre con iniciativa, aunque polémica para una oposición por entonces menguada, esta vez, el dirigente de 73 años, ya no ejerce un total control de Israel.
Tras su buena relación con Washington, especialmente durante los cuatro años de Donald Trump, hoy Netanyahu sufre el distanciamiento de la Casa Blanca, su principal aliado internacional. Un elemento adicional es la tensión extrema con lrán, expresada también en los crecientes ataques a posiciones dentro del territorio sirio, a los que Israel considera colonizados por milicias yihadistas.
Thomas Vescovi, historiador independiente sobre Israel y Palestina, habló con el medio France 24, a raíz del balance de estos primeros 100 días. "Hay que valorar este Gobierno como un verdadero giro histórico de la política israelí, por una aceleración de la opresión en varios frentes a la vez", dice el historiador.
Describe como una "novedad" que Netanyahu haya tenido que hacer una alianza con todo un conjunto de partidos de extrema derecha "que siempre representaron a una pequeña minoría" y que, ahora en el poder, "quieren ir aún más lejos" con un programa que "da tumbos en todas las direcciones".
La creación del Estado de Israel en 1948 vivió muchos años hasta poder promulgar sus leyes constitucionales, debido a las discrepancias en un sector importante de la población que ponía por delante las normas religiosas a las leyes civiles. Sin embargo, entre 1958 y 1992, se promulgaron las leyes que crearon un corpus propio de los países que tienen constituciones. La vida interna de Israel -más allá de lo grave de sus conflictos originados por ocupar territorios palestinos- se rigió por leyes que establecen los tres poderes tradicionales, el Ejecutivo, el Parlamento y la Justicia.
Pero la propuesta de reforma judicial, sobre la que apenas había hablado durante la campaña a las elecciones de noviembre, creó un clima que buena parte de la población tomó como un atropello a la Justicia.
Una seguidilla de proyectos de ley que buscan reforzar al Ejecutivo anulando la capacidad de la Corte Suprema para contrarrestar las decisiones del Parlamento y del propio Gobierno.
Lo primero que quiso hacer este gobierno de Netanyahu fue cambiar la ecuación para que la Corte Suprema no sea un obstáculo a la concreción de los planes del Ejecutivo.
De acuerdo con el Instituto para la Democracia de Israel, el 21% de la población se ha manifestado durante catorce semanas para rechazar esta reforma. Buena parte de ellos son militares, reservistas, veteranos de una fuerza armada vital para un estado con varios frentes de conflicto violentos. También empleados y científicos del área de alta tecnología, un sector de gran desarrollo en Israel.
El clima de tensión escaló hasta una huelga general que forzó a Netanyahu a aplazar un mes las medidas e iniciar diálogos con la oposición para una reforma más consensuada.
Además de las protestas, la reforma tuvo impactos económicos negativos, como la depreciación del shekel (la moneda israelí), caídas en la bolsa de Tel Aviv y la decisión de algunos empresarios de retirar sus fondos de los bancos y estudiar reubicarse en otros países.
A eso se sumó el conflicto con el ministro de Defensa Yoav Gallant. Aunque Netanyahu lo despidió como represalia a su desacuerdo con la reforma, el máximo encargado de la seguridad israelí sigue en funciones sin saber si se concretará su salida, que sería un costo alto para el primer ministro.
Netanyahu enfrenta una encrucijada. Si abandona la reforma judicial, sufrirá el abandono de la extrema derecha, y si busca consensos para una alternativa ligeramente modificada, es difícil que conforme a quienes protestan.
El peligro de conflictos armados internos se ve agravado por el hecho de que los colonos que ocupan territorios palestinos están armados y son dogmáticos respecto de la reforma. Pero, del otro lado, el sector progresista de la sociedad israelí también pasó por el ejército y esos reservistas saben usar las armas mejor que los colonos religiosos.
El tema, más allá de las internas de la sociedad israelí es el del trato a los palestinos. La realidad es que, en 2022, sin Netanyahu en el poder, se registró el mayor número de palestinos muertos en Cisjordania ocupada por fuego israelí desde el fin de la Segunda Intifada en 2005.
Pero 2023, según datos del propio Ministerio de Seguridad, resultó el comienzo de año más mortífero desde 2000. En 100 días murieron 95 palestinos, muchos de ellos niños o civiles adultos, por disparos del Ejército israelí y por ataques de colonos. Como contrapartida murieron 16 israelíes, una ucraniana y un italiano por ataques palestinos.
Los ataques por tierra y aire en Jerusalén Este y Cisjordania produjeron 290 destrucciones israelíes en 100 días, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA).
Ese organismo de la ONU consigna que en lo que va del año, se han vivido las dos incursiones más letales desde 2005 en Nablus (11 fallecidos, cinco civiles) y Jenin (9), además de un récord de detenciones sin cargos ni juicio, que superaron las 1.000.
Los ataques de los colonos a los palestinos tuvieron un grave episodio el 26 de febrero, cuando un ataque ocurrido en Huwara, Nablús, donde los ultrarreligiosos con fusiles y pistolas mataron a un palestino y dejaron un centenar de heridos, y dañaron las viviendas de palestinos que están en su propio territorio.
El gobierno de Netanyahu no actúa ante estas agresiones no permitidas por las leyes israelíes. Los aliados del primer ministro no ocultan sus planes anexionistas sobre los Territorios Palestinos ocupados. En su documento de formalización de la alianza, hablan del "derecho natural del pueblo judío" sobre "la Tierra de Israel" y mostraron un plan para expandir sus asentamientos.
La Knesset, el Parlamento de Israel, dominado por esta coalición ya aprobó una enmienda para desactivar parte del acuerdo de 2005 con las autoridades palestinas y permitir el restablecimiento de cuatro asentamientos en el norte de Cisjordania.
Este giro del nuevo Gobierno ha tensado de igual modo las relaciones con sus aliados. Joe Biden trata de moderar su distanciamiento por el equilibrio que significa para Estados Unidos la existencia del Estado de Israel en esa zona estratégica para sus intereses y al lado de la República Islámica de Irán.
Fue la reforma judicial la que desencadenó una crítica pública de Biden, quien le dijo que no siguiera adelante con su plan. Netanyahu respondió que Israel no toma decisiones en función de sugerencias externas "ni siquiera de los mejores amigos".