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Los primeros efectos de la guerra comercial entre EEUU y China

China parece ser la que reacciona ante los efectos del enfrentamiento comercial 

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16 de noviembre de 2018 a las 05:02

En mayo Estados Unidos inicio una guerra comercial con China al imponer un arancel del 25% sobre US$ 50.000 millones de importaciones provenientes de ella, que fue replicado por China sobre igual monto de importaciones provenientes de EEUU. Dos meses después, los americanos impusieron un arancel del 10 % sobre otros US$ 200.000 millones de importaciones provenientes de China y ésta respondió con aranceles de entre 5% y 10% sobre US$ 60.000 millones de importaciones provenientes de EEUU. Como resultado, ahora están gravadas más de la mitad de las exportaciones de China a EEUU y un 85% de las exportaciones americanas a China. En estos días, algunos indicios apuntan a una posible negociación entre ambas partes para superar al menos algunos de sus desencuentros más importantes. Entretanto, sus respectivas economías evolucionan con algunas diferencias frente a esta nueva realidad.

Unos días antes de la reciente elección parlamentaria, Trump le pidió ideas a su gabinete para un acuerdo con China y anunció además una posible reunión bilateral con el presidente chino Xi Jinping a fines de este mes en la cumbre del G 20 en Buenos Aires. En estos días también hay contactos entre funcionarios de alto nivel de ambos gobiernos.

Unos días antes de la reciente elección parlamentaria, Trump le pidió ideas a su gabinete para un acuerdo con China y anunció además una posible reunión bilateral con el presidente chino Xi Jinping a fines de este mes en la cumbre del G 20 en Buenos Aires.

Hasta ahora China pareció dispuesta a atender al reclamo de Trump de reducir el superávit comercial que tiene con Estados Unidos. Pero no ha mostrado la misma disposición frente al reclamo de terminar con la apropiación indebida de tecnología, los subsidios a las industrias estratégicas o los obstáculos a la inversión extranjera. Por ello, de concretarse, la negociación entre ambas partes será muy compleja, teniendo en cuenta la diversidad de objetivos en discusión y la disputa hegemónica subyacente.    

Mientras tanto, las economías de ambos países marchan con algunas diferencias en el medio de la guerra comercial en curso.  

La economía de Estados Unidos pasa por uno de sus mejores momentos de las últimas décadas, con un crecimiento del orden de 3,5% anual. Además, el número de personas ocupadas en los sectores no rurales subió en el último trimestre a un ritmo mensual promedio de 218.000, para resultar en una tasa de desempleo del 3,7%, que es la menor  en cincuenta años. La inflación es del orden del 2% anual. A su vez, los salarios están subiendo a un ritmo anual superior al 3%, por primera vez desde el 2009.

Estos resultados son en buena medida consecuencia de las políticas de Trump, en especial la baja de impuestos y la desregulación del sector privado. También es posible que ya se estén manifestando en el mismo sentido los primeros efectos del proteccionismo arancelario impulsado por su gobierno. Aún cuando hay opiniones encontradas sobre las posibilidades de mantener este dinamismo en el mediano plazo, por ahora no hay en el conjunto de la economía ningún efecto negativo que pueda asociarse a la guerra comercial en curso.    

Estos resultados son en buena medida consecuencia de las políticas de Trump, en especial la baja de impuestos y la desregulación del sector privado.

Es algo diferente la situación de la economía de China. En el tercer trimestre del año, ella creció a una tasa anual del 6,5%, que es la menor desde principios del 2009, poco después del Inicio de la crisis internacional. Si bien es una primera señal de debilidad, no parece ser una consecuencia directa de la guerra comercial, porque las exportaciones están creciendo a un ritmo anual del 14,5% y el superávit comercial con EEUU siguió aumentando.

No obstante, es posible que buena parte de estos resultados se deban al adelanto de varias decisiones de los agentes económicos en previsión del conflicto comercial finalmente desatado por el presidente Trump. Por ello, los primeros efectos de este enfrentamiento recién podrán ser evaluados con una mayor precisión a fines de este año y en el próximo.

De hecho, ya hay algunos adelantos de las dificultades que podrían sobrevenir en los próximos meses. En el pasado mes de octubre las cotizaciones del mercado accionario chino bajaron en promedio un 22%, que es el descenso pronunciado desde la crisis internacional del 2008. También la confianza empresarial está en baja y la inversión en activos fijos se está desacelerando.

En previsión de lo que pueda ocurrir, el gobierno está tomando algunas medidas. Primero hubo una rebaja de los impuestos sobre las empresas, que en parte buscó compensar otras medidas anteriores, como el cierre de fábricas en sectores con exceso de capacidad instalada o la aprobación de mayores exigencias desde el punto de vista ambiental. También fueron aprobados cuatro recortes de los encajes sobre los depósitos bancarios.

Pero a diferencia de la reacción oficial para detener la caída bursátil del 2015, en esta ocasión las autoridades han descartado una intervención correctiva en este mercado.   Ahora el acento se orienta más bien a estimular el consumo, que representó el 78% del crecimiento de este año en comparación con el 55 % del período entre 2008 y 2017. En particular, se redujo el impuesto sobre la venta de autos a la mitad, para fijarlo en el 5%. Otras rebajas de impuestos están en estudio para ponerse en marcha el año que viene. 

Aunque hay todavía un largo camino por recorrer, por ahora es China la que reacciona para prevenir los posibles efectos de la guerra comercial sobre su economía. 

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