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Los sindicatos, más peligrosos que los robots

La capacidad destructiva de empleo del gremialismo supera a cualquier amenaza tecnológica

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02 de octubre de 2018 a las 05:00

La necesidad de mantener y crear empleo es el dilema central de la economía global. Más que nunca, el tema es el principal protagonista de la discusión mundial, por razones económicas, sociales y políticas de profundo significado. La elección de Donald Trump es la resultante, acertada o no,  de esa preocupación, como lo es la caída final de la aprobación de Angela Merkel por su política migratoria, que hace sentir amenazados a los trabajadores germanos.

La robótica es la nueva amenaza al trabajo universal, agravada por la inflexibilidad de los regímenes laborales cuando los gremios creen que los logros conseguidos en sus negociaciones son conquistas que han obtenido gracias a su "lucha" y no por el simple juego de la oferta y demanda.

Como es sabido, Uruguay va algunos pasos adelante de tal error conceptual de creer que las condiciones laborales son un derecho divino y no la resultante de un mercado como cualquier otro, en que la curva del empleo está determinada por la confluencia inapelable de la demanda y la oferta, en ejes de coordenadas en donde la cantidad y el precio se equilibran y se limitan. A mayor precio menor cantidad y viceversa.

En ese ofuscado criterio, la indisputable demostración estadística de la baja de empleo es atribuida a cualquier razón, menos a la causa real. La destrucción o no creación de empleos es entonces culpa de factores difusos, complots, ausencia del estado, voracidad empresaria o algún otro rótulo vago (sic), contra lo que hay que luchar hasta el odio.

En uno de los momentos más inoportunos tal vez de la historia, ahora la Unión Nacional de Trabajadores del Metal y Ramas Afines ha decidido unilateralmente trabajar sólo 44 horas semanales en vez de las 48 que determina su convenio, sin reducción del salario respectivo.

Desde el punto de vista legal, se trata de una aberración jurídica que debería ser fulminada por el estado, al romper leyes, reglas, prácticas, derechos y seguridades esenciales. Obviamente que un estado que ha convalidado la toma de fábricas como parte del derecho de huelga no lo hará. Imagínese lo que ocurriría en la situación inversa, es decir si las empresas decidieran que sus empleados trabajasen 52 horas semanales sin paga adicional.  

En uno de los momentos más inoportunos tal vez de la historia, ahora la Unión Nacional de Trabajadores del Metal y Ramas Afines ha decidido unilateralmente trabajar sólo 44 horas semanales en vez de las 48 que determina su convenio, sin reducción del salario respectivo.

La argumentación para ese exabrupto es francamente irrisoria. Uno de los argumentos es que como las empresas no aceptan tal condición, hay que aplicarla unilateralmente para producir una especie de acostumbramiento, un fait accompli. En este caso, los convenios y las leyes no tienen ningún valor, como ocurre con todas las normas democráticas que al trotskismo no le convienen.

Otro argumento es que esta decisión unilateral ayudará a mejorar la organización del trabajo y a la competitividad, una particular interpretación de gestión empresaria y de la realidad, que los socios del Pit-Cnt se especializan en desconocer por sistema.

El tercer argumento es que si la tecnología mejora la productividad, es lógico que los trabajadores, y no sólo la empresa, se beneficien de esta resultante. Justamente los odiadores de la empresa sostienen que el ahorro proveniente de una decisión de inversión propia y exclusiva del capital que tanto aborrecen, les debe ser coparticipada. La lucha de clases funciona sin correspondencia biunívoca.

De este tipo de razonamientos y actitudes a la sindicalización forzada de los robots hay un paso, mucho más ridículo aún - pero sin embargo posible - en el raro mundo oriental. Porque la robótica no compite contra los trabajadores, nunca lo ha hecho la tecnología. La robótica competirá contra los sindicatos.

En el sabotaje contra el trabajo el sindicalismo no está solo. El estado no sólo colabora con su visión tuerta o con su tolerancia a la burla a las decisiones de la OIT. Es activo. La norma que obliga a la contratación de servicio médico a todas las empresas es un clavo más en la cruz. Considerar que un jardinero o un sanitario con más de 4 empleados es una empresa que debe proveer un sistema de salud es algo peor que matar a las Pyme. Es matar el empleo. Como ocurre con la intrusión gremial que hace que los pequeños empleadores no tomen un empleado más para evitar un quintacolumnista en caso de pasar el mágico número 4.

El paso siguiente, fácil de predecir, será la prohibición de incorporar tecnología, y/o la obligación de no despedir a ningún trabajador redundante, perpetuando la falta de competitividad y torpedeando la demanda laboral, la inversión y las radicaciones, salvo las que gocen de las exoneraciones que se conceden siempre discrecionalmente, como corresponde a los regímenes de planificación central, que aman las medidas autocráticas.

Esa rigidez laboral, que en definitiva es rigidez ideológica y finalmente mental, es una inflexibilidad que aleja toda chance de insertarse en el mercado global, paradigma que se agita como bandera, pero que en la práctica se desvirtúa a cada momento cuando se llega al plano de medidas concretas, o de la inacción deliberada.

Las declamaciones sobre la vocación de negociar acuerdos con China, Europa o quien fuere, son entonces meros relatos, frases de compromiso, sin ningún sustento ni intención de hacerlo. La historia y la experiencia mundial demuestran que cuando se entra en este tipo de espiral antiempresa, anticapitalista y de supuesta defensa de los trabajadores, la inversión y el empleo genuino tienden a la desaparición.

Aunque siempre queda el argumento de que la sociedad uruguaya es diferente y ha encontrado el modo de transformar las condiciones laborales en una conquista sin correlato con la competitividad, la eficiencia y la oferta y la demanda.

Ronda el Nobel de economía, porque no hay Nobel a la negación de la realidad.

 

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