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Lula da Silva en uno de sus discursos como candidato a presidente brasileño

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Lula defendió el Estado laico y pidió enfrentar a los pastores “que divulgan mentiras”

El líder del PT aventaja a Bolsonaro en todos los segmentos del electorado menos entre la población evangélica, cuyos principales pastores apoyan al actual presidente

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22 de agosto de 2022 a las 09:53

A menos de una semana de iniciada formalmente la campaña de cara a la primera vuelta electoral del 2 octubre, Luiz Inácio Lula da Silva se mantiene como máximo favorito a vencer con una ventaja de 15 puntos porcentuales sobre el actual mandatario, Jair Bolsonaro, según la última encuesta divulgada por el Instituto Datafolha. Sin embargo, pierde por 49% a 32% entre la población evangélica, que representa casi un tercio de los habitantes del país.

En ese contexto, y en un escenario político híper polarizado, Lula da Silva defendió el Estado laico que rige Brasil, pidió a la población no permitir que los pastores evangelistas divulguen mentiras en su contra y se pronunció contra la manipulación religiosa ejercida por el actual mandatario de ultraderecha, que alienta a sus seguidores a “entablar una guerra contra el mal" y agita el fantasma sobre el cierre de iglesias y templos si triunfa el candidato del PT.

"Les pido que en las iglesias (evangélicas) no tengan miedo de discutir. Si el pastor habla seriamente, hay que respetarlo, pero si miente, hay que enfrentarlo, porque en nombre de Dios no se pueden contar mentiras, ni en Brasil ni en otro lugar del mundo", afirmó Lula da Silva durante una acto ante miles de seguidores en la plaza Vale de Anhangabaú de San Pablo.

Lula da Silva, que prometió frente a la fábrica de Volkswagen en Sao Bernardo do Campo -el distrito que lo vio nacer como sindicalista y liderar huelgas contra la dictadura (1964-1985)- una campaña sin mentiras, afirmó que “hay muchas fake news religiosas” y alertó sobre el uso “de los cultos como empresas para ganar dinero o como plataforma política”.

Aunque el líder del Partido de los Trabajadores (PT) aparece como favorito en las encuestas en casi todos los segmentos -en especial en los estratégicos estados de San Pablo (38% a 28%), Río de Janeiro (35% a 33%) y Minas Gerais (39% a 26%)-, pierde entre la población evangelista, cuyos principales líderes están alineados con Bolsonaro.

“Yo defiendo el Estado laico, el Estado no tiene que tener religión, tiene que respetar a todas las religiones. Las iglesias no tienen que tener partido y tampoco tener falsos profetas y fariseos que engañan al pueblo", aseguró Lula da Silva, quien según los sondeos tiene chances de superar el 51% de los votos en primera vuelta, umbral que le permitiría evitar un balotaje.

Lula da Silva afirmó que sus críticas contra los pastores que divulgan fake news en la campaña a favor de Bolsonaro las realiza "con la tranquilidad de alguien que cree” en Dios. "Cuando hablo con Dios no necesito curas ni pastores. Lo hago sin pedirle favores a nadie. Hay pastores contando mentiras cuando deberían estar leyendo la Biblia decentemente", afirmó el exmandatario.

El acto sirvió para lanzar la campaña como candidato a gobernador de San Pablo del exministro de Educación Fernando Haddad, favorito en las encuestas en un estado con 46 millones de habitantes y que explica casi un tercio de la economía brasileña. De ganar Haddad será la primera vez que el PT se imponga en San Pablo, una posibilidad concreta en especial por el apoyo del exgobernador paulista Geraldo Alckmin, el político conservador y católico practicante que se opuso a de Lula da Silva en el pasado y que ahora lo acompaña en la fórmula como candidato a vicepresidente.

Alckmin, que ejerció como alcalde de la ciudad mientras seguía desempeñándose como médico anestesista, integró el grupo funcional que en 1988 lanzó el Partido Social Democracia Brasileira (PSDB), una de las principales formaciones políticas de las últimas décadas en Brasil y que presidió desde 1991 hasta 1994, un años antes que el PSDB llegara al poder de la mano de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

Lula da Silva, quien pasó más de un año y medio preso por una condena luego anulada por lawfare en el marco de lo que se conoció como Operación Lava Jato, comparó durante el acto su situación y la del PT con la de Tiradentes, el héroe nacional independentista ejecutado por la corona portuguesa y un siglo después reconocido por la historiografía oficial. "Creían que Lula estaba muerto, que el PT estaba muerto, que la izquierda estaba muerta", afirmó el expresidente.

Según los analistas locales, Lula da Silva apuesta por un lado a contener a los electores de centro y conservadores decepcionados con Bolsonaro y, al mismo tiempo que conserva su potente base electoral, reducir el rechazo que genera su figura entre los evangelistas. Una estrategia que de ser exitosa le permitiría resolver la elección en primera vuelta.

Con ese escenario de fondo, el líder del PT calificó como “un error histórico” la destitución en 2016 de Dilma Rousseff votada en el Congreso, proceso que abrió la puerta el interinato presidencial de Michel Temer y que, proscripto Lula da Silva, desembocó en la victoria de Bolsonaro en segunda vuelta sobre Haddad, el ahora candidato a gobernador en San Pablo, en las elecciones de 2018.

“Brasil tiene suerte de tener un líder como Lula”, afirmó Rousseff, una de las más vivadas por los  militantes y simpatizantes que se congregaron en Vale do Anhangabú, un espacio que tiene un alto componente simbólico para la izquierda brasileña y los partidos progresistas en general, debido a que en abril de 1984 se realizó allí una manifestación multitudinaria del movimiento “Diretas Já”, que reclamaba elecciones presidenciales directas, en contraposición a la propuesta del régimen militar.

En aquella ocasión, hablaron políticos brasileños que más tarde desempeñarían un rol clave en la recuperación de la democracia, como Tancredo Neves, Fernando Henrique Cardoso, Mário Covas y el propio Lula da Silva. La elección del lugar para la segunda movilización masiva de la coalición Brasil da Esperança que lidera el PT tiene un claro sentido: subrayar la actual contienda electoral como un nuevo capítulo en la defensa de la democracia brasileña.

Mientras Bolsonaro visitaba el cuartel en el que se formó como militar, el candidato del PT lo instó a que “no tenga miedo de Lula” porque según afirmó “será el pueblo el que lo va a sacar de la Presidencia". Durante un discurso de casi una hora, Lula da Silva puso especial énfasis el aumento de la desigualdad social y económica que registra el país desde la destitución de Rousseff.

"Hoy hay 33 millones de personas que no tienen que comer en un país que es uno de los mayores productores de alimentos del mundo y eso no tiene explicación", señaló en referencia a las imágenes difundidas en redes y medios de comunicación en los que se ven personas buscando huesos entre la basura. "Gobernar es cuidar de las personas y sobre todo de las más necesitadas, no hacer propaganda de armas y de violencia", dijo Lula da Silva.

Rodeado de los principales dirigentes de las nueve formaciones políticas que integran la coalición que encabeza el PT, reiteró que en caso de acceder por tercera vez al Palacio de Planalto, la sede del Ejecutivo brasileño, elevará el mínimo no imponible para beneficiar a los trabajadores formales, aumentará las ayudas sociales para los desempleados y prometió que mantendrá actualizado el salario mínimo por encima de la inflación.

Además de fustigar a Bolsonaro por "comprar votos", como calificó a la serie de aumentos hasta diciembre de subsidios y auxilios sociales que anunció Bolsonaro días atrás, Lula da Silva también se refirió a inserción de Brasil en el mundo. Dijo que el país "volverá a tener una política externa activa y altiva" -como propone su excanciller Celso Amorim-, prometió reforzar los vínculos con Sudamérica y África.

Mientras Bolsonaro repite la estrategia de las elecciones de 2018 que la llevó al poder con una agenda ultraconservadora y liberal -que sintetiza en “dar la vida por la Patria” y en el lema "Dios, Patria y Familia"-, los analistas estiman que Lula da Silva podría aumentar su ventaja el domingo próximo durante el esperado primer debate televisivo previo a la primera vuelta.

Organizado por el diario Folha de São Paulo, la web UOL y las televisiones Bandeirantes y Cultura, será el primer cara a cara entre Lula da Silva y Bolsonaro. Una prueba de fuego para ambos candidatos, y en especial para el actual presidente, que necesita forzar a un balotaje para tener chances de ser reelecto.

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