11 de abril de 2011 18:59 hs

Por el Prof. Dr.Franklin Trein*, especial para Observa

Dos grupos políticos disputan el cargo de jefe supremo de la nación. De un lado está Geraldo Alckmin, ex gobernador del Estado de San Pablo, representante del PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), un partido que se formó en los años 90 en la centro-izquierda y que se volvió a la centro-derecha.

Alckmin representa el retorno a una política que por ocho años, bajo el gobierno de Fernando Enrique Cardoso, cumplió una agenda macroeconómica y social dictada por el Consenso de Washington. Sus aliados son todos representantes de la derecha neoliberal. Neoliberal significa, por ejemplo, su disposición a retomar las negociaciones sobre el ALCA, aunque implique el rechazo de los nacionalistas, tanto de la derecha como de la izquierda.

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Sus cuatro años de gobierno han dado continuidad a las políticas macroeconómicas neoliberales de Cardoso. Sus acciones han tenido que ver con poner la casa en orden, de acuerdo a los intereses del capital financiero, do que ofrecer una alternativa al desarrollo sostenible de la economía con aumento efectivo de la producción y distribución de la riqueza nacional. No hay duda de que los indicadores económicos y sociales de sus cuatro años de gobierno son mejores que los indicadores de los ocho años anteriores. Esto ha resultado, en parte por una coyuntura internacional que favoreció las exportaciones de comodities agrícolas, y por una política de asistencia social que distribuyó unos pescaditos pero que no enseñó a pescar.

La otra cara del gobierno del presidente Lula fue la serie de denuncias de corrupción en las que muchos de sus colaboradores cercanos fueron citados como directamente involucrados. Pero de manera sorprendente no se ha probado que el propio presidente estuviera envuelto en los actos ilícitos o que tuviera conocimiento de ellos. El resultado es que, cuando el país vive bajo una enorme tensión política por las denuncias de corrupción, las acciones policiales y de las comisiones parlamentarias de averiguación, Lula mantiene una ventaja de más de 20 puntos porcentuales sobre Alckmin.

Con Lula como presidente, Brasil va seguir con una política externa muy reactiva, sin disposición de asumir la responsabilidad y los costes del liderazgo en la región, una actitud que contribuyera para resistir a las presiones del Norte y que pudiera ayudar a consolidar la solidaridad entre los sudamericanos y, en particular, la solidaridad con sus socios del Mercosur.
*Coordinador Académico del Programa de Estudios Europeos
Universidad Federal de Río de Janeiro

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