26 de abril de 2013 20:26 hs

La llamada violencia en el deporte no es un fenómeno aislado, sino que se inscribe dentro de una problemática general que está sufriendo la sociedad toda en los más diversos ámbitos y que naturalmente alcanza a los espectáculos deportivos. El verdadero problema de fondo es la violencia. Igualmente hay cosas para prevenir e intentar erradicar la violencia en el deporte.

En los últimos tres años en la comisión de deportes de la Cámara de Representantes hemos recibido a todos los actores vinculados a esta problemática y del intercambio asoman algunas posibles soluciones.

A corto plazo: reinstalar los juzgados de faltas, generar el famosos registro de violentos en el deporte a partir de las intervenciones policiales, comenzar luego con la práctica del derecho de admisión (con rubros del MI, ya que la AUF ha declarado no tener rubros como para instrumentarlo), presencia policial preventiva. Un claro ejemplo es que un operativo preventivo bien instrumentado minimiza la posibilidad de que se generen incidentes fue el partido Nacional-Boca Juniors. El ejemplo contrario fue el partido Peñarol-Vélez.

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Pero si tuviera que elegir un énfasis, yo lo aplicaría al respaldo a los árbitros. Es fundamental. Hoy día los árbitros no tienen (ni sienten) el respaldo de la AUF ni de los clubes en lo concerniente a posibles decisiones que puedan tomar al advertir comportamientos violentos. Y en estas temáticas la FIFA no interviene en las reglamentaciones locales, por lo que nuestras autoridades del fútbol son quienes deben tomar cartas en el asunto.

Sería clave por tanto que la AUF redactara un protocolo a fin de que los árbitros tengan directrices claras para actuar con la tranquilidad del respaldo que siempre genera lo escrito. Dos aspectos de la intervención del presidente de la Asociación de Árbitros de Fútbol, señor Darío Ubríaco, en la comisión de deportes son ilustrativas en este sentido:

“El tema sería más largo de lo debido, porque yo también suspendí un partido y después me quedé con la manos vacías por el sistema. Yo suspendí un partido entre Cerrito y Fénix en la cancha de Cerrito. Allí le tiraron un adoquín que pesaba casi tres kilos al golero de Fénix; me lo llevé para mi casa y tuve que declarar en la Asociación Uruguaya de Fútbol. Suspendimos el partido, hablando con el encargado de la guardia, quien me dijo: No te puedo dar seguridad de que no le sigan tirando piedras al golero”. Después hubo que ir a declarar, con abogados por todos lados y de que cada uno quisiera sacar su ventaja y tratar de que no le sacaran un punto, se terminó jugando el pico de dos minutos a puertas abiertas en la cancha de Cerrito. En tres minutos hubo 500 personas insultando y, por supuesto, la entrada era libre. Entonces, también está eso, que es lo que le pasa al policía cuando se lleva a un tipo y dice “¿qué hacemos nosotros?”. Yo suspendo un partido y después tengo que ir otra vez a terminarlo porque nad
ie toma una decisión. Hay que hablar en serio de esto y mientras haya intereses en el medio no se podrán solucionar las cosas.

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