24 de octubre 2017 - 5:00hs
El amplio triunfo electoral no solo le dio al presidente Mauricio Macri el espaldarazo de confianza que necesitaba para facilitar un vasto programa de reformas estructurales para devolverle a Argentina orden y desarrollo estable, resquebrajado por 12 años de kirchnerismo. También cambió drásticamente el mapa político del país al precipitar al peronismo a su peor momento histórico. Aunque en conjunto sigue siendo la primera fuerza, quedó aun más fragmentado en facciones antagónicas, sin liderazgo a la vista luego de la derrota de Cristina Fernández de Kirchner en la vital provincia de Buenos Aires y los reveses sufridos por figuras de posible recambio, como Sergio Massa y el joven gobernador de Salta, Juan Carlos Urtubey.

Caer en el tradicional baluarte peronista de la provincia de Buenos Aires, que reúne al 40% del electorado, marcó seguramente el ocaso político de la expresidenta. Aunque igualmente ingresará al Senado, se disipa su aspiración a liderar un peronismo unificado. Al contrario, gobernadores e intendentes peronistas que hasta ahora la apoyaban ya han empezado a desertar, a lo que se agrega la irreconciliable oposición de Massa, Urtubey y otras figuras prominentes. Los fueros que le confiere su banca, de todos modos, le servirán para protegerla de los varios juicios que enfrenta por la gigantesca corrupción que floreció bajo el kirchnerismo.

El gobierno fortaleció sus bancadas al ganar en 15 de los 24 distritos electorales en la renovación de un tercio del Senado y la mitad de Diputados, en los comicios legislativos de mitad de período. Pero aunque aún carece de mayoría propia, es altamente factible que la negocie con facciones del peronismo que repudian a Fernández. Esto le permitirá a Macri propulsar profundas reformas anunciadas en varios campos. Incluyen la flexibilización laboral, darle viabilidad a un sistema de seguridad social difícil de financiar, recortes de subsidios y promoción de la inversión privada a través de cambios tributarios y otras formas de aliento al ingreso de capitales. También se revisará el sistema de aportes del gobierno central a las provincias, instrumento que le facilitará a Macri asegurarse el respaldo legislativo de gobernadores peronistas.
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La buena imagen de transparencia y de eficacia del gobierno se fortaleció en dos años con el retorno al crecimiento económico y modesta baja de la inflación, pese de la impopularidad de las severas medidas de ajuste en tarifas de servicios que impuso para salir de los artificios populistas del kirchnerismo. Además de la figura atrayente de Macri, dos carismáticas mujeres con proyección nacional fueron decisivas en la definición electoral. La joven gobernadora de la provincia bonaerense María Eugenia Vidal fue fundamental en consolidar la caída peronista. Y Elisa Carrió, la indeclinable luchadora contra la corrupción kirchnerista, arrasó en la ciudad de Buenos Aires.

El resultado global pone ahora en manos del gobierno de Macri la perspectiva firme de sacar a Argentina del pozo en que viene cayendo aun desde antes del matrimonio Kirchner y restituirla a la lista de naciones poderosas y ordenadas, meta ya anticipada en la favorable reacción de los mercados. Una Argentina recuperada, por otra parte, es una buena noticia para Uruguay para mejorar el intercambio y otras actividades conjuntas, especialmente en momentos en que nos castigan las restricciones que nos impone Brasil
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