14 de octubre de 2014 20:12 hs

Las últimas señales del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, luego del cambio de presidente en el Banco Central, apuntan a un ciclo ya conocido por los argentinos: una economía con crecientes medidas represivas, ahorristas que corren al dólar como refugio y un clima político enrarecido. Para empezar, el nuevo titular del Central, Alejandro Vanoli, hizo exactamente lo opuesto a lo que se recomienda para funcionarios en su situación: empezó con la promesa de que no habrá una devaluación.

La historia reciente está llena de funcionarios que pretendieron transmitir confianza y autoridad pero que, para su pesar, sufrieron el embate del mercado, que siempre responde con la mano en el bolsillo aunque se le hable con la mano en el corazón. Además, aun cuando el flamante funcionario tuviese herramientas suficientes como para controlar el mercado cambiario, hay otro elemento cultural que no se puede soslayar: la propia memoria histórica de los argentinos lleva a desconfiar de todo aquel que promete que no habrá una devaluación.

Lo cierto es que el debut de Vanoli fue recibido con un escepticismo pocas veces visto por parte de los economistas. “Lo peor que puede hacer un presidente del Banco Central es decir que no va a devaluar”, disparó Aldo Pignanelli, uno de sus predecesores en el cargo. Desde su punto de vista, el tipo de cambio de equilibrio es hoy de 10,4 pesos argentinos y Vanoli se encontrará con dificultades para cumplir su pronóstico: “con una inflación tan alta como la que tiene Argentina, es imposible mantener el dólar sin devaluar, tenés que ir acompañando el crecimiento de los costos”.

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En tanto, Carlos Pérez, que fue director del Central durante la etapa de Martín Redrado, opina que la frase de Vanoli debe ser considerada “más como una expresión de deseo que como una realidad”. “Ningún gobierno devalúa por decisión propia. En realidad, son las condiciones del mercado las que llevan a eso”, agregó.

Los miniespeculadores
En los últimos días hubo cierta euforia por parte del gobierno, por el relativo éxito en mantener bajo control al dólar paralelo, en sus diferentes versiones. Ello se logró sobre la base de una combinación de medidas financieras y de amenazas a los principales actores del mercado.

Por un lado, se presionó a bancos y compañías de seguros para que desarmaran sus posiciones en dólares. Esto generó una sobreoferta de bonos que aplastó la cotización del “contado con liqui” –como se denomina al tipo de cambio que surge de la operación de comprar bonos en pesos y revenderlos, en el exterior, en dólares. Pero, sobre todo, hubo amenazas directas a banqueros, cambistas y titulares de sociedades de bolsa para que contribuyeran a la calma. Por este motivo, el mercado paralelo tuvo un volumen muy escaso en los últimos días.

Sin embargo, los economistas creen que este logro del gobierno será de corta duración, en la medida en que el mercado siga necesitando dólares y el Central no sea capaz de proveerlos.
Es más, algunos analistas ni siquiera creen que hayan sido las medidas del gobierno las que aplastaron al dólar paralelo, sino que se trató de la propia gente que salió a vender dólares.

El economista Tomás Bulat describe así la operatoria: después de cobrar su salario, muchos ahorristas invierten el 20% de su ingreso mensual –el tope permitido por la regulación– para comprar el “dólar ahorro” al precio oficial de 8,48 pesos argentinos más el recargo de 20% y luego revenderlo al precio del paralelo, haciendo una ganancia que puede superar el 50%. Al tratarse de un mercado pequeño, el hecho de que haya una proliferación de pequeños ahorristas que salgan a vender logra empujar el precio hacia abajo por unos días.

“Conozco gente que lo hace, y me dicen ‘para mí la posibilidad de ganar 2.000 todos los meses es importante’. Así que se está transformando en una práctica habitual. Es por eso que cada mes, en la primera semana, se observa una baja del blue, y luego una suba”, afirma el economista.

En todo caso, los pronósticos apuntan a que una suba del dólar paralelo es inexorable, dadas las escasas perspectivas de una política antiinflacionaria. “Esta baja es momentánea. Si no se resuelve el problema de fondo, que es que la inflación orilla 40% anual, siempre va a haber una expectativa de devaluación”, argumentó Ricardo Delgado, director de Analytica y uno de los asesores económicos de Sergio Massa.

El “blue” prepara su rebote
El gran interrogante del momento es cuándo y cuánto subirá el dólar. En lo que respecta al tipo de cambio oficial, ello dependerá de si el gobierno tiene éxito en conseguir divisas en el mercado financiero internacional. De todas formas, parece claro que hay una determinación a no repetir la experiencia de enero pasado, cuando se produjo una devaluación de 20%. Y en lo que respecta al blue, las opiniones apuntan a una suba fuerte sobre fin de año. Muchos economistas adhieren a la tesis de que el valor del blue se determina por el criterio de “convertibilidad”. Es decir, que el precio surge de dividir el total de pesos que circula en la economía entre los dólares que mantiene el Banco Central como reserva.

Como la previsión es que, de aquí hasta fin de año, el circulante se incremente en 100.000 millones de pesos argentinos –un aumento de la base monetaria de aproximadamente 20%–, esto solo ya implicaría una suba del blue de, al menos, tres pesos. Por otra parte, no hay que olvidar que existen los factores estacionales: a partir de noviembre comienza una demanda fuerte de dólares para financiar las vacaciones de argentinos en el exterior. Y todo indica que este verano, a pesar del recargo de 35%, volverá a haber un masivo contingente de turistas que, tras sacar cuentas, vio que sigue siendo más conveniente ir al Caribe que a Pinamar.

Pero estas son las estimaciones que solo tienen en cuenta los factores monetarios. Además, están las que incorporan el factor político, y que dicen que, ante una situación de incertidumbre extrema, como la que pueda surgir de una devaluación brusca o de una crisis de gobernabilidad, el dólar podría subir mucho más allá de su valor “técnico”, simplemente impulsado por el temor de los ahorristas.

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