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Militante L y E

Vale más la pena militar por ideas y valores que por personas concretas por más brillantes que sean

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26 de septiembre de 2012 a las 00:00

Militante L y E


Hace una par de días, una persona argentina comenzó a seguir mi cuenta de Twitter. En la descripción de su actividad ponía: “Abogada. Militante K” Y luego agregaba un cargo que ejerció en la Provincia de Santa Cruz.Me dejó pensando lo de “militante K”. Milita, indudablemente, a favor del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Se define por la persona por la quien milita. Bienvenida sea esa definición: la libertad es libre. Y esta persona tiene todo el derecho y la libertad de militar por una persona. Derecho que es digno del máximo respeto.

Pero me dejó pensando: ¿militar por una persona no es poco? ¿no es más importante militar por ideales, por ideas, por valores? Las personas pasan, por más excelentes que sean. Las ideas quedan, fermentan, transforman. Los valores nos marcan el camino, nos definen como sociedad. Es verdad que muchas ideas son transeúntes y cambian con el paso del tiempo, con descubrimientos, con aportes de la ciencia o de la filosofía. Aristóteles defendía la esclavitud. En el medioevo se consideraba injusto el cobro de interés en los préstamos. Hoy nadie considera lícita la esclavitud ni pretende que los préstamos no devenguen interés. Pero hay otras ideas y valores que permanecen en el tiempo: son los que hacen a la esencia de la persona humana, son aquellas sobre la que se construyó un sistema de libertades, un equilibrios de poderes, la limitación del poder de los gobernantes.

La definición de “militante K” me dejó pensando. ¿por qué ideas o personas milito? Por personas no milito, por ideas y valores sí. Y le respondí a su tuit: yo milito por las libertades y garantías personales, por el estado de derecho, por la separación de poderes, por el gobierno limitado, por mejorar la calidad de la educación de los más desprotegidos. Es decir, por ideas y valores que respeten la dignidad de la persona humana, sus libertades y sus derechos más esenciales sin los cuales la vida es un infierno o la ley de la selva.Y creo que a lo que habría sido la enunciación de los constitucionalistas sobre la arquitectura política de la sociedad y de los poderes del gobierno, agregué el tema de la educación, vital para que los anteriores derechos puedan ejercerse y las personas promoverse material e intelectualmente.

La educación abre las puertas de la inclusión social, potencia la capacidad de las personas, les permite desarrollar sus potencialidades, termina con la marginación, iguala hacia arriba, abre camino a los menos favorecidos. Por eso me congratulo, por un lado, que el sistema político haya comenzado a reconocer el lamentable estado de nuestra educación (pública sobre todo, pero también privada) y, por otro, me lamento que se haya podido avanzar tan poco frente a la barrera de los intereses corporativos que se ponen delante de toda la población, del futuro de nuestros jóvenes y del futuro del país. Y que se haya demostrado tan escasa capacidad de gestión para introducir reformas en las que hay mucho acuerdo.

Charlando hoy con una persona que se autodefinía de izquierda, conveníamos en la vital importancia de la educación. Los precios de los commodities pueden subir o bajar, el consumo mundial descender o ascender. Pero lo que nadie nos puede quitar y es nuestra herramienta es la educación. De ahí que me refuerce en la idea de poner el acceso a la educación al mismo nivel que la defensa de las libertades individuales o del estado de derecho. Para mejorarla y extenderla a toda la población, sí que vale la pena militar. Vale la pena ser “militante L” (por la Libertad) pero también “militante E” (por la educación)

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