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Mon Laferte, cantando para el pueblo

La chilena visita Montevideo por primera vez y llega para presentar su repertorio, donde lo popular, la fusión y la exploración mandan

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18 de septiembre de 2018 a las 05:00

Hay un grito que emociona a Mon Laferte. Cuando la cantante y compositora chilena sale a comprar accesorios y artículos decorativos por Ciudad de México –donde vive desde 2007– y escucha desde lejos sus canciones. Y sobre ellas, los llamados de los vendedores callejeros ofreciendo discos piratas. “¡Compre los 40 éxitos de Mon Laferte!”, exclaman, y ella es feliz. Porque es un símbolo de que sus canciones ya no son suyas. Ya no tienen dueño. Son del pueblo, de la gente. 


Y con ese paso de manos, de las suyas a las de todos, siente que cumple su misión. “Yo me siento una cantautora popular”, afirmó, por teléfono desde México en entrevista con El Observador. A Laferte no le cae bien la etiqueta de música alternativa que le asignan, por ejemplo, los premios Grammy Latinos, que el año pasado la condecoraron como la autora de la Mejor canción alternativa, por Amárrame (venció a Jorge Drexler). 


“Es rarísimo”, dijo Laferte pues sus canciones recurren a géneros y ritmos populares y folclóricos. “No siento que sea un género alternativo, que puede ser algo más rebuscado, que solo les puede gustar a algunos, porque lo que yo hago no es así, es música popular. No quiero llegarle a un grupo selecto de gente, no quiero ser ‘racista’, les quiero llegar a todos. Pero claro, hoy en un mundo donde la música en español –en el pop y en lo mainstream– todo está muy segmentado a una sola cosa, a lo que está de moda, lo mío parece ser extraño, diferente, pero no lo veo así”.


Lo cierto es que, en su fusión del folclore con el pop, Mon Laferte ha encontrado un sonido que la convirtió en una de las voces en ascenso permanente dentro de la música latinoamericana contemporánea. Cada año acumula más reconocimientos, más oyentes, y nuevas escalas a sus giras. El próximo 28 de setiembre, por ejemplo, se presentará por primera vez en Montevideo, con un show en La Trastienda.


Viajar a nuevos lugares fomenta el espíritu investigador que la chilena tiene con respecto a la música. Melómana confesa y coleccionista de discos de vinilo, una de sus tareas antes de llegar por primera vez a un destino es explorar su música. “Eduardo Mateo me pareció increíble, lo estoy escuchando todo el tiempo, hasta en el auto. Me encantó”, dijo con genuino entusiasmo. Su otro descubrimiento uruguayo fue el cantautor Juan Wauters, a quien conoció en una fiesta hace semanas y que también le pareció muy bueno. Confesó que antes de este viaje no conocía mucho, por fuera de Drexler, con quien grabó Asilo, una canción de Salvavidas de hielo, el disco más reciente del uruguayo, que fue realizado en Ciudad de México.


“Me gusta mucho andar buscando, por ejemplo ahora que descubrí a Juan Wauters armo playlists con él, y busco artistas similares que me proponen las plataformas como Spotify. Me encanta investigar y cuando descubro algo nuevo es como ‘guau’, y así he encontrado a un montón de artistas interesantes”, explicó. La artista trae esa multiplicidad musical desde la infancia, cuando aún vivía en Chile, se llamaba Monserrat Bustamante y pasaba de los Beatles a Juan Gabriel, disfrutando a ambos. 


Nació en Viña del Mar, pero inició su carrera al lado, en Valparaíso. Pero en Viña estaba su casa, y ahí fue donde empezó todo. “Supongo, y aunque suena bastante cliché, que lo mío venía del vientre materno. No hice ningún esfuerzo porque desde que nací sabía cantar. En mi familia todos cantaban, componían, tocaban. Eran artistas. Y se me fue dando de forma natural”, contó.

“No siento que sea un género alternativo, que puede ser algo más rebuscado, que solo les puede gustar a algunos, porque lo que yo hago no es así, es música popular. No quiero llegarle a un grupo selecto de gente, no quiero ser ‘racista’, les quiero llegar a todos”
Mon Laferte, cantante y compositora chilena



En esos primeros años tuvo también una intensa carrera televisiva. En 2003 participó en la segunda temporada del ciclo Rojo fama contrafama, un certamen musical en el que alcanzó el segundo lugar. Se convirtió en una figura de la pantalla, publicó su primer disco (La chica de rojo) y protagonizó la película que surgió del programa y se estrenó en 2006. Harta, se fue a México, acortó su nombre de pila, tomó su apellido materno y se reconvirtió como Mon Laferte.


En los últimos dos años, cuando su explosión musical volvió a producirse, lo manejó diferente. Lo supo aguantar mejor, pero también fueron experiencias distintas, especificó. “Aquello fue una búsqueda más bien de querer salir de la pobreza, la verdad, para no tener que llegar a fin de mes arrastrándose. Y creía que saliendo en la tele podía sacar a mi familia adelante. Pero es muy diferente, porque estando ahí la exposición es diferente a la de la música, no es fino, es más diario, rápido, y estuve un tiempo, y es solo exposición, no hay otra cosa. Aprendí cómo vivir, y te hace superfuerte rápidamente, porque es una locura”. 


Aunque hace una década que está en México, Laferte considera que su música sigue siendo chilena, de una forma más inconsciente. “No es que sea música típica chilena, es por la cultura pop de Chile, lo que yo oía cuando era niña, que siempre marca mucho. Y en eso también estaba lo mexicano que está superpresente en toda Latinoamérica. Obviamente al estar en México he aprendido y, afinando, aprendí sobre el sonido y definí qué es lo que quiero hacer, qué es esa música. Soy muy influenciable a nivel musical”, contó la artista.


Y eso será visible en su próximo disco, que se grabó en una sola jornada en Los Ángeles, y está en su etapa de edición. “Es mi disco favorito”, afirmó Laferte. Para este álbum la artista tomó como inspiración los ritmos caribeños, como la salsa. 


Sobre las mujeres artistas y su lugar en la industria, Laferte considera que tienen un mayor espacio para contar y cantar sus historias. La cosa ha cambiado en los últimos años, pero aún falta. Y así lo deja claro: “Lo ves en los carteles de los festivales, y somos poquitas. Históricamente, la mujer ha estado relegada a un papel distinto, más silencioso y de acompañante. No hace mucho que tenemos esto de la mujer protagonista. Poco a poco se ha ido ganando ese espacio, que lo tenemos merecido. Ojalá que siga así, que no tengamos que mirar el género para decidir si la música es buena o mala”. 

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