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Montevideo: la ciudad camaleón y la década de los cambios

Durante años la capital uruguaya se mantuvo resistente a los cambios, pero en la última década pasó por una importante transformación. Arquitectos y urbanistas analizan e intentar explicar la raíz de esta evolución

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28 de diciembre de 2019 a las 05:01

Las generalizaciones son un recurso fácil, pero en esta creo que vamos a estar todos más o menos de acuerdo: los montevideanos tenemos una relación complicada con Montevideo.

La vemos gris, pero hay algunas tardecitas –más que nada en primavera– en la que se mancha de lila y anaranjado. La entendemos decadente, pero entonces nos metemos por esa callecita por la que hace años no caminábamos para redescubrir un rincón que parecía abandonado y  en realidad solo estaba escondido.

De tanto en tanto, su pequeñez asfixia y su idiosincrasia aplasta. Aunque otras veces no, se siente encantadora y su ritmo –el del campesino que juega a ser citadino– resulta ideal. También la acusamos de poco atractiva, sin embargo la mayoría de las veces es porque la confundimos en su misterio. Porque si hay algo que tiene Montevideo es un carácter confidencial. Es una maravilla reservada para los ojos atentos y las miradas sensibles.

Montevideo cuesta un poco, sí. Pero a pesar de que en este rincón al sur muchas veces parece que vemos el mundo desde una vitrina, con la nariz pegada contra el vidrio, lo cierto es que la capital uruguaya tuvo un cambio camaleónico en los últimos diez años.

“Montevideo, que parece ser la ciudad que no cambia, cambió muchísimo en esta década”, dice Diego Capandeguy, arquitecto de 58 años, especialista en temas de urbanismo y docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU). Para él, Montevideo mutó más que nada en dos aspectos. El primero tiene que ver con las dinámicas sociales –que impactan con fuerza sobre la ciudad– y el segundo fue un cambio físico. Una lavada de cara para esta urbe de apariencia conservadora.

“Montevideo, que parece ser la ciudad que no cambia, cambió muchísimo en esta década.”

Marcelo Danza, decano de la FADU, lo resume así: “Los cambios que se vienen conformando, y ahora son más evidentes, se están procesando hace un tiempo. No son cosas que están pasando de golpe. En buena medida reflejan lo que está sucediendo en general con las ciudades del mundo”.

La ciudad productiva, la de urbanismo feminista, la de las aplicaciones, la del patrimonio, la de las manifestaciones. Para cuando empiece el 2020, Montevideo no será una sola ciudad, serán varias a su propia escala y –si miramos para atrás – nos vamos a dar cuenta de que la mayoría de estos cambios empezaron a concretarse allá, a principios del 2010.

Montevideo, ciudad de patrimonio

El 6 y 7 de diciembre de 2008 unas 108 mil personas salieron a la calle para celebrar el patrimonio de la ciudad. Este año, poco más de una década después, se estima que fueron tres veces más: 300 mil personas.

Danza justifica este interés masivo por el patrimonio diciendo que forma parte de una “nueva lógica del empoderamiento” y una “reivindicación cada vez mayor” de los espacios que componen a la ciudad. Capandeguy coincide, pero resalta que el entusiasmo muchas veces “exacerba” la cultura patrimonial. O sea que se terminan rescatando construcciones que desde el punto de vista urbanístico no son patrimonio, pero que se pelea por ellas para no perder su valor simbólico.

“Esta nueva corriente hace revisar las categorías patrimoniales, que es un proceso sano, pero que tampoco nos puede llevar a la inmovilización de la ciudad”, dice Danza. El peligro de este fenómeno, explican varios urbanistas y arquitectos consultados, es que Montevideo puede quedar paralizada.

“Esta nueva corriente hace revisar las categorías patrimoniales, que es un proceso sano, pero que tampoco nos puede llevar a la inmovilización de la ciudad.”

“En el fondo, la ciudad necesita construir símbolos del siglo XXI. Mostrar que esta sociedad está en condiciones de montar una ciudad de vanguardia como lo fue siempre”, destaca Danza. Y también explica que las ciudades logran ser atractivas porque tienen las dosis justas de patrimonio y modernidad. Lo primero, dice el decano, es el componente que le da carácter y puede diferenciar a una ciudad del resto ya que es su historia plasmada en muros. Lo segundo, la modernidad, es la demostración tangible de que el país camina hacia adelante. “Muestra que somos capaces de construir una ciudad de tanta calidad como la que recibimos”, consigna Danza. Ahí está el principal desafío.

Gabriela Pallares, arquitecta y autora del blog Ministerio de diseño, cree que en los últimos diez años Montevideo empezó a definirse por esa mezcla de arquitecturas. “Uruguay tiene un activo importante de la arquitectura del siglo pasado. Hay que lograr que lo contemporáneo no la opaque, que la superposición o sustitución no genere una pérdida del valor patrimonial de la ciudad”, dice.

Montevideo, ciudad de aplicaciones

En los últimos años el avance de las nuevas tecnologías modificó también el escenario urbano. Capandeguy define este tiempo como “la ciudad de las aplicaciones” y “la década del delivery”.

Se trata de cambios que se gestaron puertas adentro, en el ámbito doméstico, con modificaciones en los ritos sociales que se escurrieron por las calles de la ciudad.

Como ya no hay mucho tiempo para cocinar, Pedidos Ya, Rappi y las demás aplicaciones, montaron un sistema de reparto que se puede ver en la calle en forma de bicicletas y camperas rojas reflectoras.

En este sentido, Pallares agrega que el llamado internet de las cosas también modificó las dinámicas urbanas. Se trata de tecnologías que en la última década dieron más eficiencia, cobertura y reducción de costos en temas relacionados a servicios e infraestructura.

Iluminación, seguridad y control por radar son algunos de los elementos que la tecnología ayudó a mejorar. Esto también permitió una medición y un registro estadístico más detallado y, por lo tanto, un insumo más fino para el diseño y el análisis de política urbanas.

Montevideo, ciudad de espacios públicos

“Si mirás Montevideo y Uruguay, siempre hubo una cultura muy grande de salir a la calle. Hay una gran apropiación de los espacios públicos. También una cultura popular asociada a la calle: el candombe, el carnaval, los festejos deportivos”, dice Danza. Lo novedoso en esta década, señalan los estudiosos, es la abundancia de festivales, eventos y maratones que revitalizaron algunos espacios de la ciudad.

“Si mirás Montevideo y Uruguay, siempre hubo una cultura muy grande de salir a la calle. Hay una gran apropiación de los espacios públicos. También una cultura popular asociada a la calle: el candombe, el carnaval, los festejos deportivos.”

Capandeguy lo resume así: “El espacio público, a pesar de sus problemas, es escenario de fenómenos nuevos, autogestionados, o impulsados por organizaciones y el Estado”.  El regreso o la llegada de festivales musicales icónicos como Montevideo Rock, Cosquín Rock o la fiesta Creamfields; la consagración de los festivales gastronómicos con Degusto a la cabeza y como marca país; y la consolidación de movidas populares –como Museos en la noche y La noche de las librerías– son apenas un puñado de eventos y movidas que invitaron a los montevideanos a salir un poco más a la calle durante todos estos años.

Además, en una matriz de espacios públicos “muy envejecida” –según Capandeguy– se hicieron transformaciones positivas. Los cambios en el parque Seregni, la plaza Casavalle, el dique Mauá o la rambla Sur responden a un empoderamiento de sectores populares que abogaron por la recuperación de ciertos espacios. Esto llevó a una sensibilización del sector político que, a lo largo de la década, tomó cartas en el asunto.

Lo mismo con la accesibilidad de la ciudad. Pallares lo dice así: “Se están haciendo un montón de esfuerzos en temas como el urbanismo feminista, que es el diseño de las ciudades para las mujeres. Por ejemplo, prestando atención a la iluminación en ciertos lugares. Algo similar sucede con la accesibilidad para los discapacitados. Eso está en carpeta ahora”. Pero Pallares advierte una “paradoja” en medio de la positividad. “La seguridad no está a la altura”, afirma . Y agrega que hay una falta de esfuerzos coordinados por parte de los diferentes actores para desarrollar políticas públicas eficientes que no atenten contra la libertad urbanística de Montevideo.

Siguiendo la línea crítica, Capandeguy señala que en los últimos años la contaminación de las playas –el mayor espacio público de Uruguay– con cianobacterias también golpeó duro sobre el potencial del disfrute de la ciudad.

Aún así, y quedó demostrado durante la última campaña electoral, la cultura urbana colectiva está más activa que nunca y en buenos términos. 
Lo que deja un sabor amargo y una llamada de atención urgente, dicen los arquitectos, son los festejos colectivos del fútbol que convierten a la ciudad en un espacio peligroso, letal. El resto de las manifestaciones populares callejeras, que se masificaron en la última década, siguen siendo relativamente armónicas y un juego de niños si se compara con las que suceden en el resto de las capitales de América Latina.

Montevideo, ciudad productiva

En medio de todos estos cambios, hay una Montevideo que pasa bastante desapercibida a simple vista. Anestesiada en la cotidianeidad, dice Capandeguy, está la ciudad productiva.

Además de un crecimiento de la zona portuaria, en Montevideo se instalaron un conjunto de nodos logísticos con servicios de última generación. Algunos ejemplos: la ampliación del Latu en Carrasco; el incipiente Parque de las Ciencias en el límite con Canelones; y el funcionamiento constante de Zonamerica, que transformó sus alrededores con el empuje del estadio Campeón del Siglo. Danza dice que esto responde a una tendencia mundial que consolidó la idea de las ciudades policéntricas. En el siglo pasado, la dinámica urbana estaba anclada en un centro único donde concurría la mayor parte de la vida política, administrativa y comercial de sus habitantes. Eso cambió. Ahora Montevideo tiene múltiples centros. Aunque también está más fragmentada que nunca. 

Para Capandeguy los cambios y el crecimiento de los shoppings en la última década fue un “fenómeno increíble” y en torno a ellos se generó cierta centralidad. “Transformaron muchísimo las áreas continuas”, dice el urbanista. En 2012 fue la apertura del Costa Urbana Shopping, una construcción que, para Capandeguy, se parece mucho a las que se hacen en Asia. “Se construyó en el aire porque no había espacio”, señala.

Más acá en la capital, Danza, destaca lo que pasó en los alrededores de Montevideo Shopping y la instalación de más torres en el World Trade Center. “Estos edificios podrían estar en cualquier ciudad de Europa”, apunta el arquitecto. 

En estas páginas deben haber quedado decenas de cambios y rincones por mencionar. No queda otra opción: hay que salir a descubrirlos.

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