Esa valoración de la identidad de los orientales se vio reflejada en el territorio. La arquitecta y directora del Instituto de Historia de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de la República, Laura Alemán, señala que para el régimen la nación está fundada en planos de representación simbólica que no son los de la comunidad ni los de una construcción abierta, plural, dinámica y colectiva. Sino los de una esencia ideal abstracta y unívoca. "Una construcción vacía, de algún modo tautológica".
“Esa idea de nación que se postula en la dictadura se plasma también en el uso de los espacios públicos. Son espacios públicos bastante autorreferenciales, hechos no para el uso cotidiano y donde en general, lo que hay es un homenaje a determinado símbolo abstracto, que es lo que congrega. Son espacios de contemplación y de conmemoración centralizados en torno a un gran emblema nacional que está promovido e impulsado explícitamente en dictadura”
Monumentalidad - Tres espacios emblemáticos en la ciudad
El espacio público pensado para el disfrute y la construcción comunitaria, entonces, quedó muy restringido para el uso celebratorio de actos patrios. Una idea casi sacramental del espacio. En este paradigma quedan en Montevideo tres monumentos paradigmáticos: la Plaza del Ejército (1976), el Mausoleo de Artigas en la Plaza Independencia (1977) y la Plaza de la Bandera (1978).
Plaza del Ejército
"La Patria a sus defensores", se lee en las letras que acompañan al escudo nacional en una obra en la que el Ejército se homenajea a si mismo.
Ubicada en la intersección de José Batlle y Ordóñez y General Flores, fue inaugurada el 12 de octubre de 1976; siendo una de las obras públicas propuestas en el marco del Año de la Orientalidad, la celebración patriótica del “sesquicentenario de los hechos históricos de 1825” que sirvió al régimen como un gran proyecto de propaganda.
Foto: Leonardo Carreño. Plaza del Ejército Es una plaza que no es una plaza. Es un espacio de difícil acceso en medio de una circunvalación vial ideado para admirar y rendir homenaje a la columna maciza de 25 metros por 2.5 de diámetro que se ubica en su centro. Vertical, impuesto, monumental. “Es un espacio centralizado. Es centrífugo y a la vez es centrípeto. Tiene un centro marcado y no convoca a su uso, a su disfrute, sino que simplemente convoca a contemplar ese gran símbolo que es el centro del círculo: la gran columna en homenaje al Ejército”, detalla Alemán.
Mausoleo de Artigas
"En 1977, la dictadura uruguaya erigió un monumento funerario en memoria de José Artigas. Este enorme adefesio fue una cárcel de lujo: había fundadas sospechas de que el héroe podía escaparse, un siglo y medio después de su muerte. Para decorar el mausoleo, y disimular la intención, la dictadura buscó frases del prócer (...) Los militares no encontraron ninguna frase que no fuera peligrosa. Decidieron que Artigas era mudo" – Eduardo Galeano.
El 19 de junio de 1977 se inauguró el Mausoleo de Artigas en la Plaza Independencia de Montevideo. "A 213 años de su nacimiento la República Oriental del Uruguay solemnemente se apresta a trasladar al mausoleo erigido en su memoria los restos de quien fue el fundador de la nacionalidad oriental y protector de los pueblos libres: el general Artigas", decía entonces el noticiero Uruguay Hoy, de la Dirección Nacional de Relaciones Públicas.
"Es una plaza conmemorativa muy asociada a las plazas del barroco francés. Eso se potencia o se reafirma con la instalación del mausoleo, que es una obra muy solemne, muy severa, muy parca. Los elementos que aparecen en estos espacios públicos irradian esa cuestión de contención, de severidad y solemnidad. El mausoleo es también un ejemplo de eso, incluso por la materialidad. El uso del granito y el bronce en una obra funeraria", destaca Alemán.
Inés Guimaraens Plaza Independencia El mausoleo fue diseñado por los arquitectos Lucas Ríos y Alejandro Morón, ganadores de un concurso público para construir la cripta del "héroe nacional", fue declarado Monumento Histórico Nacional antes de ser construido. El monumento a Artigas estaba instalado allí desde 1923, fruto de un concurso que ganó el escultor Ángel Zanelli.
“La figura de Artigas ha sido reivindicada por derecha y por izquierda, y de algún modo la dictadura pretende ponerlo en el centro: como prócer que atraviesa todo. En esa operación, creo que el intento es justamente, de promover o postular a ese héroe pero casi como una figura muda", agrega la arquitecta. Y es que las palabras de Artigas no llegaron al mausoleo sino hasta 2009, cuando una comisión bicameral integrada por legisladores de todos los partidos con representación parlamentaria definió las ocho frases del prócer que hoy se leen en el subsuelo.
Plaza de la Nacionalidad Oriental
Plaza de la Nacionalidad Oriental. Rebautizada a la salida de la dictadura como Plaza de la Democracia. Conocida popularmente como Plaza de la Bandera. Cualquiera sea el nombre que elija, fue inaugurada en 1978 y proyectada por el arquitecto Alejandro Morón.
"El centro es, una vez más, un símbolo patrio: la bandera. Hay que recordar que en la dictadura el encuentro era una práctica que estaba prohibida, que se quería desalentar. Entonces, el espacio público nuevo que se crea en esa época no alienta la reunión, la conversación, el encuentro, sino simplemente a la contemplación del gran símbolo, en base a esa noción de nación. Una nación como una esencia que está condensada en algunos pocos símbolos. No hay ni se promueve una construcción colectiva", sostiene Alemán.
Inés Guimaraens Plaza de la Bandera Memoria - La resignificación del espacio público
“Antes de abandonar el hogar, Julio les pide a los hombres que le permitan ir al cuarto de su hija. Así lo hace. Entra, enciende la luz y le da un beso de despedida. Los tres hombres utilizan la funda de almohada a modo de capucha. Julio ve el rostro de su esposa por última vez. Lo conducen a la calle bruscamente. Hortensia va detrás de él. Logra ver el vehículo que utilizan, un Volkswagen Kombi color blanco. Los hombres la obligan a entrar a su casa, arrancándole la posibilidad de una despedida digna”.
El relato de la detención de Julio Correa Rodríguez se reproduce cuando se clickea sobre la ilustración ubicada en Martín C. Martínez y Ana Monterroso de la Valleja, en el lugar donde vivía junto a su esposa María Hortensia y la hija adolescente de ambos, que lleva el mismo nombre que su madre.
El proyecto Alba es una audio-guía de la memoria en los barrios que componen el Municipio B de Montevideo. Un mapeo en base a conversaciones con colectivos e instituciones que trabajan sobre el pasado reciente para establecer cuatro circuitos que hablan sobre la historia y la ciudad.
Proyecto Alba Proyecto Alba Un recorrido conformado por los lugares que fueron centros de detención en el territorio, otro que abarca instituciones desde sindicatos, sectores políticos, centros religiosos y centros culturales, uno vinculado a manifestaciones sociales o reuniones domésticas y un recorrido vinculado a lugares de asesinatos y detenciones de militantes uruguayos desaparecidos. "Son 7 los casos de desaparecidos que fueron detenidos y vistos por última vez en lo que hoy es el Municipio B", explica Mateo Magnone Hugo, quien está a cargo del proyecto.
"Es una forma de encontrarse con espacios, a 40 o 50 años de determinados hechos, que capaz que te los cruzaste muchas veces en tu vida y nunca le diste la significancia que tienen. Está esta cosa de la resignificación de los espacios a partir de un presente donde se valora el lugar de otra forma. Lo interesante de la generación de capas históricas y narrativas en la ciudad", sostiene.
En el Centro de Exposiciones SUBTE está disponible una exposición sobre el Proyecto Alba hasta fines de agosto. Se trata de 25 placas con información vinculada a las historias de los recorridos, que se pueden escuchar y ver en lengua de señas uruguaya.
Para la historiadora Magdalena Broquetas, la territorialización de la memoria es clave. “Vino tarde, porque primero vinieron los testimonios. Primero vinieron los testimonios de los varones en la inmediata restauración democrática, recién a principios del siglo XXI llegaron los testimonios de las mujeres que muchas veces lo hacían en colectivo. En el siglo XXI hubo una especie de boom de preguntar '¿y en la ciudad qué quedó de esa experiencia?'”
De la dictadura habían quedado huellas tangibles: monumentos, plazas, el mausoleo, la obra de los accesos a Montevideo. Esa era su construcción de la ciudad. “¿Pero qué pasaba con quienes habían padecido el terrorismo de estado?”, pregunta la historiadora.
En 2001 se inauguró el Memorial en Recordación a los Detenidos Desaparecidos, en la ladera del Cerro, dentro del Parque Vaz Ferreira. Dos muros de vidrio que se levantan desde la roca viva para ser el soporte material sobre le que se colocaron los nombres de las personas desaparecidas por la dictadura.
Intendencia de Montevideo Memorial Detenidos Desaparecidos La historiadora destaca tanto el programa de Marcas de la Memoria, que ha ido señalando una serie de lugares clave en la represión pero también para la resistencia, como "la lucha que dio el colectivo de mujeres que inicialmente quería recuperar como espacio de memoria el penal de Punta de Rieles y obtuvo una placita en el cruce de caminos entre el Camino Maldonado, donde se bajaban los familiares para ir después esos kilómetros caminando hasta el penal".
“El gran tema en Argentina fueron las desapariciones, en Chile los fusilamientos, en Uruguay el tema fue la cárcel masiva y prolongada. La gente, quienes no vivieron en dictadura, los que vinieron después o los que por estar por pertenecer a determinada familia no tuvieron esa información, ¿pasan por al lado de los lugares que fueron cárcel y no les dicen nada? Entre 2005 y 2007 hicimos un trabajo con muchos testimonios para identificar qué lugares fueron cárceles en Montevideo”, recuerda la historiadora. Durante la tarea, realizada en el Centro de Fotografía, identificaron más de 40 cárceles en la capital. Algunas eran clandestinas, algunas eran penales y otras eran unidades militares o policiales. “Uruguay fue una gran cárcel en los 70 y primera mitad de los 80”. Esos lugares se habían modificado: viviendas, baldíos y hasta un shopping quedaban en su lugar.
“Marcar el territorio, la ciudad que habitamos, es importante para la identidad. Nos habla de esos diferentes pasados que son capas, que no se anulan una a otra, se suman", sostiene Broquetas. En este sentido también se encuentra la reapertura de la llamada Cárcel del Pueblo en 2021. "Hay que contarlo todo. Hay que contar cómo era la Cárcel del Pueblo, quién estuvo allí y bajo qué condiciones. Hay que contar también que luego fue centro de detención de militantes de las organizaciones de izquierda. No se trata de sustituir un relato por otro y es difícil, porque hay un nivel de compromiso y de emociones que está involucrado", agregó.
Camilo dos Santos Entrada de la llamada Cárcel del Pueblo En 2018 se aprobó la Ley de Sitios de Memoria Histórica del Pasado Reciente (16.641), que determina el “recordatorio y reconocimiento de aquellos lugares donde las personas víctimas de terrorismo o accionar ilegítimo del Estado sufrieron violaciones a sus derechos humanos por motivos políticos, ideológicos o gremiales” desde 1968 a 1985.
El objetivo es identificar, visibilizar, conectar y hacer disponible la información sobre los lugares desde donde se organizaron y cometieron delitos de lesa humanidad. “Devolver a través del recuerdo su memoria y hacer conciencia en la comunidad, en la sociedad, de los hechos ocurridos en el pasado que tuvieron como protagonista al Estado. También son sitios de memoria, o pueden serlo, lugares que son percibidos por la sociedad como lugares de resistencia a la dictadura", dijo la presidenta de la Comisión Honoraria de Sitios de Memoria, Virginia Martínez.
Martínez señala que, hasta el momento, se han hecho 57 dictámenes sobre sitios o lugares señalizados con placas y que actualmente hay “cuatro o cinco” a consideración de la comisión.
La declaración de un sitio de memoria implica, por ejemplo, que no se puede reformar el lugar sin autorización de la comisión. Pero también hay señalizaciones con placas en el espacio público como las que señalan el lugar donde asesinaron a las llamadas "Muchachas de Abril" en la calle Mariano Soler, o donde asesinaron al matrimonio Martirena en la calle Amazonas.
Martínez señaló que actualmente la comisión está trabajando en la señalización del Obelisco para recordar a Gonzalo Aguirre y Enrique Tarigo, redactores de la histórica proclama del acto del 27 de noviembre de 1983, además de la foto del Río de Libertad y la lectura de Alberto Candeau.
“Pensar la memoria no solamente como el espacio en sí, el emplazamiento, la calle, sino como una construcción social, como un recuerdo, como una evocación, que el soporte no es solamente una placa o una esquina”, dijo Martínez.
“Es importante rescatar esa memoria porque no se puede seguir adelante si no se tiene presente. Los sitios de la memoria, de algún modo lo que hacen es, marcar en la ciudad una red que nos impida olvidar”, dijo la arquitecta Laura Alemán y consideró que el pasado está presente siempre. “A escala comunitaria, a escala colectiva o a escala personal. Aunque uno quisiera no puede hacer tábula rasa y olvidarse del pasado. Y creo que la sociedad lamentablemente, en este caso, como hay una operación que promueve el olvido, hay que hacer un esfuerzo para contradecir eso y rescatar la memoria”.
Patrimonio - La herencia del Grupo de Estudios Urbanos
“¿A quién le importa la ciudad?”, esa fue la pregunta que el Grupo de Estudios Urbanos (GEU), conformado a principios de los 80, hizo barrio a barrio para denunciar la pérdida de valor arquitectónico que estaba sufriendo Montevideo en plena dictadura.
En 1979 un decreto de gobierno desafectó a más de 57 inmuebles y conjuntos urbanos en su calidad de monumentos históricos nacionales, lo que llevó a la demolición sin demasiado criterio de edificios de alto valor.
“Un criterio patrimonial muy asociado a la idea de nación. Todos esos edificios que no tuvieran sentido para el poder de turno en relación a la configuración de la nación no tenía sentido que fueran monumento histórico. Entonces se desafectaron muchos edificios de gran valor arquitectónico. El Club Uruguay es el ejemplo más notorio, que podría haber marchado al piso como tantos otros”, explica a El Observador el arquitecto Andrés Mazzini.
A esta situación se sumaba un criterio económico que privilegiaba la especulación inmobiliaria, lo que trajo aparejado un boom de la construcción aparejado a la demolición de varios edificios. Y con ellos, el 12% del área del casco antiguo de Montevideo. “La situación era esa: tener conciencia de que se estaban perdiendo cosas muy valiosas y que había que hacer algo. Eso fue lo que motivó a Mariano Arana a reunirse con amigos, con estudiantes de arquitectura y arquitectos, a ver si se podía hacer algo para denunciar lo que sucedía”. Mazzini fue uno de ellos, uno los que promovieron desde el GEU la denuncia de una pérdida arquitectónica y un debate sobre el valor de la ciudad.
Desde el GEU iniciaron una defensa del patrimonio entre 1980 y 1985, llevando adelante acciones tanto de registro —se fotografió, por ejemplo, padrón por padrón la Ciudad Vieja, el sitio "más monumental y de mayor riesgo" de la ciudad— como de denuncia: primero, el video Una ciudad sin memoria, que fue dedicado “a los hombres y mujeres que la crean con su trabajo y la pueblan con sus sueños”, y luego, en 1983, el documental ¿A quién le importa la ciudad? Se estima que tuvieron más de 300 exhibiciones en Montevideo, el interior del país y en otros países, como Brasil, Argentina, Francia e Italia.
"La repercusión para nosotros fue muy sorprendente. Nos dimos cuenta de que más allá de que era un tema bastante específico en relación a la arquitectura y el urbanismo, la gente se identificaba con la ciudad y los edificios. Tenía mucha más conciencia de lo que se estaba perdiendo de lo que nosotros nos imaginábamos en nuestra mentalidad de técnicos. Los edificios y los ámbitos urbanos tenían un significado para la gente que se asociaba a su vida, a lo que se hacía en sus barrios", recuerda el arquitecto.
Mazzini señala que en 1982 la Intendencia detuvo por tres meses las demoliciones y recibió una investigación del GEU que proponía crear una comisión para gestionar la zona, además de la creación de un inventario del patrimonio arquitectónico. "Esa comisión especial para Ciudad Vieja fue el antecedente de todas las comisiones que existen hoy en Montevideo para atender áreas con valores destacados".
"Creo que lo más importante que generó el GEU –más allá de la conciencia– fue el cambio de manera de ver la ciudad y gestionarla. El gobierno departamental durante la dictadura aceptó ese cambio y se instaló como una nueva manera de gestión de la ciudad que se plasma en el Plan de Ordenamiento Territorial del año 98 de la Intendencia con un carácter permanente. Es un poco lo que guía hoy la manera de ver la ciudad: considerar el ambiente público como un espacio social democrático por excelencia y el cuidado de los valores de la ciudad en el sentido de lo que significan en la identificación de la gente. Ese creo que es el legado más importante de todo esto", sostiene el arquitecto.
Las capas de la historia se van acumulando sobre la piel de la ciudad. Pero hay períodos históricos y formas de concebir la ciudadanía que dejan sus marcas en el paisaje urbano. Basta con aprender a mirarlas y darles sentido. Recordar. Aunque hayan pasado 50 años desde el golpe que lo cambió todo.