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14 de enero 2012 - 19:40hs

Quizás sea el Grand Slam que menos expectativa genera de los cuatro, pero Australia es el primero de los grandes y muchas veces marca la temporada y hasta la carrera de algunos tenistas. Porque se trata de uno de los reservados para las sorpresas. La temporada recién empieza y, ya sea porque los jugadores no llegan en su plenitud como a Roland Garros, Wimbledon o al US Open, o porque pagan las consecuencias de una extenuante temporada terminada en diciembre, el Abierto de Australia siempre está dispuesto a mostrar nuevas figuras.

Pero esta vez tiene un ingrediente especial, porque el mundo del tenis no tiene previsto aún un semejante traspié del flamante número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, quien este año debe empezar a confirmar su posición de líder en la primera defensa de un torneo de Grand Slam como número uno del mundo. El año pasado, Djokovic llegaba a Australia sin grandes antecedentes, aunque poseía ya un Grand Slam: casualmente, o no, el de Australia ganado en 2008.

Pero que nadie espere un traspié del serbio no significa que no pueda darse. Así como el año pasado fue justamente el Abierto de Australia el que lo empezó a catapultar en su vertiginosa carrera para darle una bofetada a la hegemonía compartida entre el español Rafael Nadal y el suizo Roger Federer, también puede ser el momento de gloria para jugadores que quieren pegar el salto, como el británico Andy Murray.

Es claro que a Murray le hace falta un Grand Slam para terminar de creerse que puede pelear ciertamente por el primer lugar en el ranking de la ATP.

El año pasado se le pudo dar, pero en la final no pudo con el que después no diera respiro a sus rivales: Djokovic. Fue la segunda final perdida en Australia para Murray, quien no oculta su desesperación por levantar su ansiado trofeo.

Llega de ganar en Brisbane y espera aprovechar el momento difícil por el que vienen Nadal y Federer. Ambos arrastran problemas físicos. El suizo se sigue quejando de un dolor en la espalda y Rafa no puede sacarse la molestia en el hombro.

Las miradas vuelven a estar en Djokovic y, al parecer, el que puede encarnar el papel de enemigo es Murray. Si llegan a cruzarse será nuevamente en la final y quizás esta vez, la tercera sea la vencida para el británico.

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