Decenas de personas fruncen el ceño al mismo tiempo. Suspiran, con hastío, esperando a que alguien les diga cuánto tiempo más tienen que esperar sus aviones, qué les sucede. Con sus maletas y sus carritos, arman una fila serpenteante de disconformidad. Algunos esperan desde hace 40 minutos, algunos desde hace más de dos horas, pero ninguno duda al quejarse del servicio y de la desinformación. “Puedo ir en bicicleta que llego más rápido a San Pablo”, decía uno de los pasajeros que esperaba para abordar en el Aeropuerto de Carrasco.
Otras causas
Las razones de las demoras en los vuelos no siempre son conocidas. No se trata únicamente del movimiento que registra el Aeropuerto de Carrasco, ni de la coordinación de la Torre de Control, sino que existen elementos que exceden la voluntad de los funcionarios aereonáuticos. A algunos kilómetros de los pasajeros molestos y cansados se erige una torre desde la cual se controla más de lo que ve el ojo. En ese edificio, dos salas se encargan de todo. Algunos se dedican al “control de ruta” de todo el país y al “control de aproximación” en los aeropuertos de Laguna del Sauce y Carrasco.
En una pantalla negra está delineado el perímetro de Uruguay, atravesado por múltiples líneas blancas que representan los trayectos de las aereonaves. Otra se concentra en Canelones y Maldonado y sus respectivos aeropuertos.
Frente a las pantallas, dos pares de controladores interpretan números, señales y líneas con máxima concentración. En la sala se habla español e inglés, en un lenguaje codificado difícil de entender para quien no comparta esa misma jerga específica. Uno de los controladores, Alejandro Rodríguez, indicó que allí se monitorea una amplia diversidad de aeronaves. “Tenemos aviación comercial, avionetas, deportivos, carteleros, paracaidistas. Controlamos aviones de entrenamiento, pilotos alumnos y helicópteros”, enumeró.
En el piso más alto se erige la torre de control, una circunferencia vidriada desde la cual se ve en su totalidad los despegues, aterrizajes y rodajes por pista. Se permite el pasaje de un avión cada diez minutos por punto de entrada en el país para mantener los parámetros de seguridad necesarios. Eso genera una demora natural inevitable. Sin embargo, existen otros elementos que contribuyen, como la saturación del Aeropuerto Aeroparque de Buenos Aires, cuyos estacionamientos, ante el flujo de viajes de la temporada estival, permanecen repletos. “No es un problema de controladores aéreos”, sostuvo Otheguy. “Si pongo el doble de controladores y el mejor equipo de comunicaciones las demoras serían las mismas porque falta infraestructura”, dijo.
13 Millones de dólares alcanza la recaudación por concepto de cargos por sobrevuelo en Uruguay, según indicó a El Observador Mario Amestoy, Gerente General de la Cámara Aeronáutica del Uruguay