Los hermanos Marina (36) y Daniel Azzoni (36) prácticamente nacieron en la empresa de su familia. Conocieron “cada rincón, cada detalle” de la fabricante de calzado Arbiter, una de las más antiguas de Montevideo, fundada por su abuelo materno, Pedro Pasqualini.
Trabajaban en la firma, junto a la esposa de Daniel, Cynthia Álvarez (37), cuando la empresa es vendida en 2007 al grupo chileno Forus. Los tres se quedaron trabajando en Forus durante los siguientes dos años, pero conservaron en mente la idea de generar un proyecto propio.
En 2009, decidieron renunciar y, tras analizar varias posibilidades, concluyeron que lo más apropiado era dedicarse a lo que mejor sabían hacer. Fue así que, visualizando “grandes carencias en el rubro zapatería”, se abocaron a reabrir Arbiter (www.arbiteronline.com.uy), en una apuesta a lo auténtico y genuino del calzado que caracterizó la mejor época de la empresa familiar. En la actualidad cuentan con dos locales y venden alrededor de 6.000 unidades anuales entre zapatos, botas y carteras para el público femenino. Ya piensan en incluir productos para el público masculino, y está en sus objetivos el abrir más locales.
En la década de 1950, el zapatero Pedro Pasqualini abrió su primer taller junto a otros colegas italianos. Pocos años después ya tenía dos zapaterías bajo el nombre Arbiter. Daniel Azzoni señaló que “era una empresa muy pequeña” que estaba dirigida por su abuelo con la ayuda de su madre, Rosalía. En tanto, su padre, Renato Azzoni, llegó a Uruguay para trabajar en el campo. Se instaló en una arrocera de Treinta y Tres pero al poco tiempo,se trasladó a Montevideo a probar suerte. Consiguió trabajo en la fábrica de chocolates Pernigotti como repartidor y después de varios años escaló a jefe de Ventas y representante para Sudamérica.
A mediados de los 60 se casó con Rosalía y renunció a Pernigotti para ayudar con la administración de Arbiter. Ya en ese entonces las zapaterías se llamaban Arbiter- Pasqualini. El impulso del ingreso de Renato Azzoni se vio reflejado en la apertura de más locales y posteriormente en la inserción en los shoppings centers. A partir de ese momento la marca Arbiter desaparece dejando lugar a Pasqualini.
Desde mediados de la década de 1990, Marina y Daniel Azzoni, comenzaron a trabajar de forma permanente con sus padres mientras terminaban el liceo. Él encaró trabajos administrativos, trámites y repartos. Marina comenzó también en la administración pero su vocación estaba en los locales comerciales. Ofició de cajera, y llegó a la supervisión del personal de ventas.
En tanto Cynthia Álvarez, esposa de Daniel, se unió a la empresa en 2003 cuando se casaron. Comenzó como cajera en locales del Centro y Punta Carretas.Daniel es diseñador grafico y músico; Marina se formó en comunicación,mientras Álvarez es Analista en Marketing.
Nombre viejo, era nueva
A partir de la renuncia a Pasqualini -en manos de la chilena Forus- y la definición de volcar en un emprendimiento propio la experiencia adquirida de tantos años, decidieron usar el nombre Arbiter porque pertenecía a su familia. Compraron los derechos del nombre así como la legitimidad de su uso.
El desafío más grande fue mostrar que estaban creando una empresa que se iba a manejar de una manera independiente, con una filosofía diferente, y con productos actualizados y confeccionados con materia prima de primera calidad. Más allá de que mucha gente conocía y recordaba Arbiter -con la lógica asociación a lo histórico-, quisieron mostrar que se trataba de un emprendimiento que arrancaba de cero y que pretendía comenzar una nueva era con ese nombre.
Uno de los principales obstáculos que tuvieron los emprendedores fue encontrar una ubicación estratégica para los locales. Al ser una empresa nueva sabían que no iban a ser tenidos en cuenta en los centros comerciales y optaron por buscar un lugar en el Centro.
Fue así que ubicaron su primer local sobre la calle Rio Negro casi 18 de Julio. Inmediatamente tuvieron una buena respuesta del público, recuerda Cynthia: “fue una grata sorpresa la afluencia del público, ya que no estaba sobre 18 y así mismo el local tenía mucho movimiento ”.
Un año después consiguen un local en la zona de Punta Carretas con una ubicación “inmejorable”, cuando la zona no estaba tan poblada de comercios como ahora.
No tuvieron grandes inconvenientes en cuanto a la producción, ya que conocen desde hace tiempo a todos los fabricantes con los que actualmente trabajan y cuentan con su apoyo desde un principio.
Una movida arriesgada
Marina, Daniel Azzoni y Cynthia Álvarez sintieron que debían volver a un enfoque de empresa familiar, con atención al cliente más personalizada y manejar más el día a día, ya sea tanto administrativamente como en los puntos de venta y el trato con los proveedores.
Eran conscientes que la industria uruguaya del calzado es bastante limitada: resulta muy difícil conseguir materiales -ya sean cueros, herrajes, tacos, forros-, por lo que muchas zapaterías optan por comprar en el exterior; tiene una materia prima y mano de obra cara, que hace que el producto terminado no sea tan accesible, reduciendo los márgenes.
A pesar de todo esto, los socios de Arbiter adaptan las tendencias internacionales y proporcionan a sus proveedores los modelos y en algunos casos, la materia prima para confeccionarlos.
Para ellos se trata de un desafío muy grande, ya que muchas veces optan por ofrecer productos diferentes y exclusivas en lugar de pensar solamente en los márgenes y ganancias. Los emprendedores de Arbiter los zapatos son claramente una de las prendas más importantes en cualquier vestuario.
Pero no solo es relevante que su exterior sea atractivo o vistoso, sino también que esté confeccionado con materia prima de calidad, desde las suelas, las plantillas y forros -que sean 100% cuero- y, por supuesto la capellada en cuero vacuno. Estas cuestiones evidentemente encarecen el producto final, pero “el resultado es un zapato que calza mejor y que dura más”.
Considerando que fue todo un desafío el reinsertar la marca Arbiter nuevamente en el mercado uruguayo luego de estar ausente por mucho tiempo, apuntaron la marca hacia una perspectiva más actual teniendo en cuenta al público más joven pero sin perder de vista a los clientes de siempre. Es así que consideran que lograron que la marca deje de estar asociada a determinado público y captaron un espectro más amplio.
El negocio de la moda -en su caso zapatos y carteras 100% de cuero vacuno y fabricado en Uruguay- , implica estar permanentemente actualizados, saber qué es lo que se está usando y adaptarlo al mercado.
En esta nueva etapa, la marca está dedicada totalmente a la moda ofreciendo tendencias. Los socios intentan ofrecer productos para conformar a la mayoría de los gustos. Es por ello que los emprendedores dedican mucho tiempo a buscar las combinaciones adecuadas, ya sea con los colores como con las texturas de los cueros. Actualmente dos personas -con experiencia en el rubro- se dedican a la atención al cliente en cada local, mientras otro empleado trabaja en depósito y administración.
Los siguientes pasos
Hoy día, después de cuatro años recorridos con la nueva Arbiter, tienen bien claro que están dando pelea en un mercado difícil pero creen y confían plenamente en su producto y su marca. En sus objetivos está el abrir más locales e ingresar a los shoppings capitalinos. Pero hoy la idea fija está en progresar con lo que tienen en la actualidad, sabiendo que las zonas en las que se encuentran ubicados (Centro y Punta Carretas) son puntos comerciales muy importantes, que ya conocen muy bien y saben cómo funcionan.
Piensan que Carrasco por ejemplo puede ser un camino a explorar próximamente. A corto plazo, sus baterías apuntan básicamente a la próxima temporada Verano 2014 que vienen preparando hace ya varios meses, y esperan en el próximo año poder incluir zapatos para hombres. Hasta el momento, lo más significativo a nivel personal es el haber podido reinsertar una marca tan importante a nivel familiar, lo que aparece como una especie de agradecimiento y devolución hacia sus padres y abuelo por todo lo legado.