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Niños, padres, aburrimiento y consumo: ¿cuál es el lugar de los juguetes hoy?

La Navidad es uno de los momentos del año donde padres, tíos y abuelos eligen regalarles juguetes a los niños de la familia. Sin embargo, la interacción cada vez más frecuente con las pantallas pinta distinto el panorama

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15 de diciembre de 2018 a las 05:03

La antesala de las vacaciones de verano tiene al 25 de diciembre y 6 de enero como oportunidades para regalarles a los niños objetos que luego pueden utilizar para entretenerse en esos casi tres meses de puro ocio. El exceso de tiempo libre significa para los más pequeños a un letal e inquietante aburrimiento. Y, en esa ecuación que se suele dar de manera casi inevitable, el juego aparece como un factor que minimiza los efectos de la posible monotonía.

El juego tiene como intermediario material al juguete. En los últimos años, las nuevas tecnologías, los ritmos de vida de los padres y los intereses de los niños, han determinado que los juguetes evolucionen por distintas vías. La oferta comercial, también, ha mutado. Desde aquellas muñecas de trapo o porcelana, pasando por los trompos, las bolitas, y –sin ir más lejos–, las muñecas barbies o los superhéroes; las góndolas se han diversificado aggiornándose a los nuevos intereses de los niños. Además, la franja etaria de los niños que jugaban con determinados muñecos cada vez se acorta más.

Entre varios padres se suele manejar la premisa de que las nuevas tecnologías le han quitado protagonismo al juguete en la vida del niño porque con las pantallas se entretienen durante horas y, con los juguetes, juegan un poco y enseguida se aburren.

Para la profesora y doctora en Psicología, Alicia Muniz, no se trata de que los juguetes hayan perdido protagonismo sino que “los niños juegan de otra manera, porque tienen otros intereses”.

Cuando un niño pequeño llora mucho, se le muestra un video desde el celular del padre para que se tranquilice (algo así como el nuevo chupete electrónico); cuando un niño tiene que permanecer quieto mientras sus padres hacen las tarea del hogar o trabajan, se lo deja jugar con los juegos de consola; en las vacaciones de verano, entre las 12 y las 17 horas –cuando el sol es peligroso–, permanecen adentro con algún dispositivo tecnológico que los entretenga. Y así, otros ejemplos. En ese vaivén de interacciones entre el niño y la tecnología quien habilita, o no, es el adulto.

¿Qué es un juguete?

La argentina Ana Montenegro es doctora en Ciencias de la Educación y Filosofía y entre otras investigaciones, publicó el libro Juego, juguete e historicidad. En diálogo con El Observador, definió juguete como “un constructo sociocultural que atraviesa las diferentes etapas históricas de la humanidad y aparece con sus particularidades en todas las culturas en el marco de creencias, usos y costumbres”. 

Para la especialista se produjo un quiebre entre los juguetes del siglo XX y el siglo XXI; esto se debe “a la inmediatez, lo individual, y el desapego a los juegos compartidos”, propios de un proceso donde la historicidad de los juguetes, es desplazada por el paradigma tecnológico.

Tendencias

La diferencia de intereses en los niños que destacó la psicóloga, se ve en gran medida reflejada en las ventas de las jugueterías. Consultados al respecto, los responsables de la tienda Toy Store explicaron que, cuando comenzaron hace 7 años a trabajar en el rubro, las ofertas en juguetes iban dirigidas a un rango de edades de entre 0 y 12 años pero, con el tiempo y el devenir de las nuevas tecnologías, ese rango disminuyó y hoy oscila entre los 0 y los 8 años.

Descartes Datamyne –empresa experta en datos de comercio exterior– informó que en los primeros tres trimestres de este año se registró que –entre las compras de juguetes desde el exterior– los juegos con ruedas (scooters, triciclos, autos a pedal, entre otros) lideraron el ranking de importaciones. En segundo lugar, se ubican las consolas de juegos con una cifra de 75.190 importaciones físicas (pueden ser unidades o cajas).

Otro de los cambios de los niños y lo lúdico que identificó la psicóloga Alicia Muniz tiene que ver con que ahora pasan ratos mirando videos en YouTube de alguien más jugando un juego. 

Desde la juguetería Reyes Magos dicen que, a diferencia de lo que sucedía hace unos años, ahora notan que los niños están más informados por que miran videos en YouTube de los juguetes. De hecho, en esa misma juguetería uno de los artículos más vendidos este año fue la muñeca LOL que –según datos difundidos por Google– está en el segundo lugar de los juguetes más buscados en 2018 en esa plataforma. Otros artículos de la línea LOL también figuran en los rankings de los juguetes más vendidos en Amazon.

Por otro lado, también, en Reyes Magos contaron que para las edades tempranas se continúan eligiendo juegos como los de encastre, arrastre y puzles para fomentar la motricidad. Mientras que, para los niños más grandes (cerca de los 10 años), los juegos que más se llevan son los de pintar y de experimentos. Pero eso tiene que ver con la propuesta del lugar, que se dedica a vender artículos didácticos e interactivos.

En paralelo al auge de las compras online a través de sitios como Amazon o Tienda Mia –donde se puede acceder a diversidad de juguetes electrónicos– , se han ido generando emprendimientos locales de venta de juguetes más artesanales y, a la vez, hay jugueterías que apuestan a una filosofía en la que no venden aparatos electrónicos. Tal es el caso de la juguetería Pitibum, su dueña Paula Soiza también es Educadora Inicial y aseguró que, por filosofía, no vende juegos electrónicos, celulares, tablets, Xbox y juegos bélicos. 

“Los juegos que ofrecemos tienen que ver con el juego con los adultos, con los pares. Porque, generalmente, con una pantalla el niño no está interactuando con otra persona. Es solamente una ida y la mirada es fundamental en ese vínculo”, explicó Soiza. En Pitibum apuntan a niños de entre 0 a 10 años; lo que más se vende son juguetes de madera –para los más chicos– y juegos de caja como el Scrabble y el Jenga para los más grandes.

Así como el año pasado, el Spinner tuvo su auge entre los juguetes más solicitados por los niños, este año el Slime fue tendencia –producto en gran parte por las redes sociales–. Se trata de una masa gomosa que se prepara con borato de sodio o jabón líquido mezclado con pegamento y agua (aunque puede prepararse de distintas formas). Lo entretenido del asunto es la creación de la masa, que es casera, pero que también puede ser mediada por productos comercializados como el Slime Factory o el Slime Play.

Por otro lado, lejos de las últimas modas y el peso de la tecnología, Montenegro identificó que “la llegada de juguetes extranjeros a bajo costo –especialmente de China–, reinstala demandas tradicionales de sectores de menor nivel económico que vuelven a reivindicar la pelota, héroes, dinosaurios y los reciclados medios de transporte (triciclos y bicicletas)”.

“Se aburren enseguida”

La premisa que circula entre varios padres es que sus hijos se aburren muy fácil de los juguetes mientras que el celular, por ejemplo, puede captar su atención durante horas. Esto se da cada vez más en edades tempranas. Aquellos que hoy transitan su primera infancia (hasta 8 años) son también nativos digitales que, además, nacieron en pleno auge de las tecnologías inteligentes.

Juliana Craigdallie, magíster en Atención Temprana, contó que en los jardines de infantes los niños son estimulados a jugar con objetos simples como tapitas, cajitas y  envases con los que pueden crear distintas cosas y que todo eso, los transporta a “mundos fantásticos”. En ese sentido, Muniz destacó que a los niños si se les da el espacio, pueden jugar con distintos objetos dándoles vida a través de sus fantasías.  

En esas interacciones niño-juguete o niño-pantalla hay, entonces, un actor que juega un rol decisivo: el adulto. “Los adultos  tenemos la responsabilidad y el deber de que el juego y el juguete sigan siendo el instrumento por excelencia para estimular las múltiples capacidades infantiles y juveniles”, afirmó Craigdallie.

“Uno ve que, a veces, cuando los padres llevan a sus hijos a la placita se quedan con el celular mientras el niño juega con la bicicleta; eso no es compartir el juego”, expresó la psicóloga. Por eso recomiendó a los padres lo siguiente: “Ser parte de esa conexión con el niño e involucrarse ya sea contándoles las vueltas, haciendo de largada o acciones así, que hagan sentir al niño que comparten con ellos el momento".

La psicóloga sostiene que “a más horas de pantalla, menos horas de vínculo con otros” y reconoce que –si bien la pantalla es atractiva para el niño, como también es para el adulto– “el niño siempre va a preferir jugar con otro que le ofrezca compartir la fantasía del juego, antes que a una pantalla que es mecánica”. 

Para Montenegro ese modo de aburrirse de los niños se da porque ellos “también entran en la cadena de consumo”. Por la misma línea, Muñiz agregó que “ahora hay niños muy ansiosos que quieren todo ya, que nada los conforma” y que eso se da “a imagen y semejanza de los adultos que cada dos años tienen que cambiar el auto y si sale un celular nuevo, ya lo quieren comprar”. Por eso, la psicóloga explicó que, si el adulto le enseña desde temprana edad al niño a esperar, “ dilata esa satisfacción inmediata propia del niño”. 

Craigdallie también relacionó el consumo como una de las causas por las que los niños tienden a preferir las nuevas tecnologías. “La tendencia la marcan los adultos, no los niños. El multiempleo y la ‘carrera de las ratas’, nos motivan a correr atrás de la zanahoria permanentemente. El consumismo, la comodidad, el celular más rápido, el televisor más grande, el hotel más completo, la máquina de hacer sopa”, reflexionó.

Los juguetes de antes, ¿mejores que los de ahora?

Para la psicóloga no hay que ponerse bajo la tónica de que todo tiempo pasado fue mejor y así defender los juguetes tradicionales. En ese sentido, destacó que cada vez surgen juegos más complejos. “El niño de la era digital va necesitando otro tipo de estímulos y busca otro tipo de intereses para sus juegos”, contó. Además remarcó que juguetes como la pelota, los patines y los juegos de caja no se han erradicado.

Por otro lado, persiste cierto temor por parte de muchos adultos que consideran que los juegos mediados por las nuevas tecnologías pueden ser dañinos. Meses atrás, en diálogo con El Observador la neuropsicóloga argentina, María Roca, advirtió que no se deben demonizar ese tipo de juegos. “No hay que creer que esos juegos no generan ningún tipo de estimulación, cualquier videojuego tiene un montón de cuestiones de organización, planificación y toma de decisiones”, dijo.

Pero advirtió lo siguiente: “Cuando eso es lo único que el chico tiene –considerando que el cerebro se nutre de la experiencia y forma sus funciones a través de ella– va a estar muy limitada su experiencia a esa única función y cuando tenga que pedir un café en un restaurante no va a saber cómo hacerlo”. 

Por su parte, Montenegro considera importante permitir que el niño conozca los juguetes con los que jugaban sus abuelos y padres. “Ese diálogo intergeneracional es fundamental para que el niño no se estructure solo en la inmediatez sino que se forme dentro de esas matrices históricas de las cuales es y será producto”.

Los niños ya no juegan en la calle

La pelota, la bicicleta, el monopatín, los juegos de agua y un sinfín de juguetes más –que requieren del movimiento y destreza física–, son los que mejor se adaptan a un espacio abierto como una plaza, un parque o la playa. Frecuentemente se recuerda cómo los niños de otras décadas solían jugar en las calles de los barrios donde los grupos de vecinos eran también grupos de amigos. Hoy eso se conserva en menor medida en ínfimos barrios de Montevideo y parte del interior del país. Esto ha llevado a que el juego se torne en algo propio de la esfera privada y, muchas veces, individual.

Muniz explicó que el aquietamiento del cuerpo del niño en la escuela o la casa –donde muchas veces está solo o está con adultos que no están disponibles para jugar– lleva a que busque algo para hacer quietito y en silencio. Y eso significa: enchufarse.

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