Opinión > DEBATE PRESIDENCIAL

No fue perfecto, pero fue bueno

El debate entre Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou pudo haber tenido bastante de “show mediático” pero también fue algo más

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02 de octubre de 2019 a las 11:56

El debate del martes no fue perfecto, pero fue un avance respecto a la nada que tuvimos durante 25 años.

En las últimas tres campañas electorales no tuvimos verdaderos debates entre candidatos presidenciales, en dos de ellas porque el hoy presidente Tabaré Vázquez no quería enfrentarse a sus rivales. Llevaba ventaja en las encuestas y no quería arriesgarla. Los debates son “shows mediáticos”, se justificaba Vázquez cada vez que alguien le preguntaba al respecto. Impuso ese argumento y eran miles los que lo repetían en la prensa y las redes sociales. Hoy muchos de los que se pasaron 15 años repitiendo lo del “show mediático” están tuiteando entusiasmados sobre el debate de anoche.

Quedó claro que el debate que protagonizaron ayer Daniel Martínez y Luis Lacalle Pou pudo haber tenido bastante de “show mediático” pero también fue algo más.

Es cierto que un debate presidencial tampoco es la piedra angular de la democracia. El domingo en El País, el exsenador Juan Martín Posadas, uno de los columnistas más lúcidos de la prensa, escribió contra los debates con el argumento de que los atributos para triunfar en ellos no tienen nada que ver con el saber gobernar. 

Dice Posadas que para triunfar en un debate hay que ser elocuente y buen comunicador. Que se puede tener esas virtudes y luego ser un pésimo gobernante. Y viceversa. Tiene razón.

Pero lo que se dice en un debate, más allá de que no sea decisivo, también es una pista para los electores: hay propuestas, promesas, énfasis, silencios y omisiones que dicen cosas.

Otros sostienen que en los debates se miente y se “tira humo”, y también es cierto. Pero lo mismo puede decirse de las entrevistas, los actos públicos, las conferencias y la participación en las redes sociales, y a nadie se le ocurre que los políticos suspendan este tipo de actividades.

Los debates son un elemento más para que se definan los electores. Uno más en una gama que tiene que ser amplia, y cuanto más lo sea, mejor.

Los debates, además, tienen otras virtudes de las que se habla poco.

Por un lado, su masividad hace que la gente menos interesada en la política se acerque a ella –y con ella, a los principales problemas del país– por lo menos por dos horas.

Que esto ocurrió pudo verse con claridad el martes a la noche, y aun en la mañana de este miércoles, en el estallido de las redes sociales. Miles de personas que jamás se interesan por estos temas se sumaron al debate y al intercambio.

No es poca cosa.

Y hay algo más, quizá más importante.

Los debates –y el del martes fue un buen ejemplo– transmiten la idea de que discutir los problemas frente a frente es posible. Que se puede tener una opinión, pero que hay que escuchar la del otro. Que se puede criticar sin insultar, ni despreciar al adversario. Que se pueden recibir críticas sin que eso sea una cuestión de honor. Que del otro lado hay un rival pero no un enemigo. Que se puede discutir y fuerte, y luego estrecharse la mano.

Lamentablemente, ese mensaje no lo tuvimos durante 25 años. La cínica cantinela del “show mediático” impregnó todas las áreas de la vida política, periodística y cultural. Casi no tuvimos debates de ningún tipo. El Uruguay se olvidó de discutir: en la política, en la academia, en el periodismo. Todo se redujo a un triste intercambio black or white en las redes sociales.

Mientras tanto, el país vio empobrecerse la política y caer la confianza en la democracia y en las instituciones en rangos nunca vistos desde el fin de la dictadura.

Felicito a Martínez y a Lacalle por lo que hicieron. Si tenemos suerte, será un comienzo. Es de esperar que no haya que esperar cinco años para los próximos debates. Que puedan verse en televisión polémicas no solo sobre fútbol, sino también sobre los grandes temas que nos preocupan: seguridad pública, educación, empleo, medioambiente. Debates sobre leyes y problemas concretos. Más allá de si el VAR estuvo bien o mal aplicado en el gol que definió el segundo ascenso en la C del fútbol italiano.

En cuanto a los debates presidenciales, con suerte los próximos serán mejores. Con más candidatos. Con preguntas cruzadas entre los candidatos, porque eso es dialogar y también es importante. Con periodistas haciendo de periodistas y no de presentadores, relojes y floreros. 

Fue un comienzo.

Y fue bueno.

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