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No todos los premios son iguales, y sobre los de importancia no se informa

No todos los premios son iguales, y sobre los de importancia no se informa

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16 de octubre de 2018 a las 05:03

Algo me llamó la atención leyendo semanas atrás sobre los premios entregados por otro matutino a gente que trabaja en radio y televisión. Los premios, y lo digo por haber ganado más de uno, dentro y fuera del país, son algo arbitrario y casual, que al fin y al cabo dependen únicamente de las coincidencias de cierto grupo de gente que participa en un jurado y que de pronto, en determinada ocasión, decide premiar a alguien y no a los demás que concursan por el mismo premio.

El premio al cual aludo tiene características que en cierta forma definen al Uruguay actual, definido por una gran chatura intelectual y creativa, por la falta de innovación, y en el cual periodistas se ponen contentos por haber caminado la alfombra roja de un hotel en Punta del Este, o por haber ganado el premio a la mejor vestida de la noche o la mejor peinada, o bien celebran como si hubieran ganado el gordo de fin de año porque el público los votó más que a otros. Por lo visto, las nociones de cantidad versus calidad han trocado posiciones y ahora prevalece la lógica que utilizaba un feriante vecino mío, que se ponía contento por haber vendido más tomates y lechugas que quien tenía un puesto al lado del suyo.

El premio al cual aludo tiene características que en cierta forma definen al Uruguay actual, definido por una gran chatura intelectual y creativa, por la falta de innovación, y en el cual periodistas se ponen contentos por haber caminado la alfombra roja de un hotel en Punta del Este.

Pues bien, en este Uruguay de hoy, y en el cual público y parte del periodismo parecen haberse puesto de acuerdo para copiar el lenguaje de moda empleado por algunos medios argentinos, utilizando términos y expresiones degradados por el mal uso y la incorrección semántica (por ejemplo: “cruzó”, “cholulismo”, “descontracturado”; empleo de adjetivos irrelevantes, “fuerte diálogo”, “picante comentario”, o expresiones repetidas como muletilla, “escandalizó las redes”, “es tendencia”, etc., etc.), no debe sorprender que se promocionen premios insustanciales, carentes de todo valor, y en cambio otros, tanto nacionales como internacionales, tal cual de manera regular podemos verlo, pasen desapercibidos. Y pasan desapercibidos porque no se informa sobre ellos, quedando condenados al olvido relacionado a la desatención.

En días recientes, por ejemplo, me ha sorprendido que sobre la distinción más importante de la música, que en verdad es un reconocimiento a la labor de una carrera completa, no se haya informado. Días atrás se dieron a conocer los nominados para integrar el Hall of Fame del Rock and Roll, algo para lo cual muchos trabajaron toda su vida para conseguir, pero nada. Como si la información no hubiera existido. Por si a alguien le interesa, los nominados son: Def Leppard, Devo, Janet Jackson, Kraftwerk, LL Cool J, MC5, Radiohead, Rage Against the Machine, Roxy Music, Stevie Nicks, The Cure, Todd Rundgren, Rufus & Chaka Kahn, los Zombies y John Prine, finalmente, más vale tarde. El nombre de los nuevos cinco miembros se dará a conocer a principios de diciembre.

En días recientes, por ejemplo, me ha sorprendido que sobre la distinción más importante de la música, que en verdad es un reconocimiento a la labor de una carrera completa, no se haya informado.

Por su parte, días atrás, no en Cleveland, Estados Unidos, sino en Montevideo, se entregaron los premios Excelencia Elsevier, los cuales cuentan con el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) y reconocen el trabajo riguroso, en silencio y casi siempre en una zona cercana al anonimato, de investigadores uruguayos en diversas disciplinas académicas.

Este premio ha sido entregado ya en México, Brasil, Argentina, Colombia y Chile, pero era la primera vez que la institución organizadora, la editorial holandesa Editorial Elsevier, traía el reconocimiento a Uruguay. Los ganadores, destacados por su labor en los últimos cinco años, fueron los siguientes profesores (categoría en la cual ganaron y el centro de estudios al cual pertenecen van indicados entre paréntesis): Sergio Nesmachnow (Ciencias de la información y computación, UdelaR), Nicolás Wschebor (Ciencias Físicas, UdelaR), Pablo A. Denis (Ciencias Químicas, UdelaR), Gastón Ares (Ingenierías, UdelaR), Omar Defeo (Ciencias Ambientales, UdelaR), Claudio Gauchee (Ciencias de la Tierra, UdelaR), Ignacio Aguilar (Ciencias agrícolas y veterinaria, Instituto de Investigaciones Agropecuarias), Rafael A. Radi (Ciencias biológicas, UdelaR), José G. Boggia (Ciencias médicas y de la salud, UdelaR), Jaime M. Monti (Ciencias cognitivas y psicología, UdelaR), Leticia Vidal (Comercio, gestión y turismo, UdelaR), Miguel Campiglia (Ciencias matemáticas, UdelaR), Arturo C. Martí  (Educación, UdelaR), y Juan Dubra (Economía, Universidad de Montevideo).  Todos ellos son parte del otro Uruguay, uno menos mencionado (más bien poco y nada) en el menú noticioso diario. Son ciudadanos que quizá no ganarían un premio a los mejor peinados o los más elegantes de la noche, pero que contribuyen con su labor a que el conocimiento pueda dar un paso adelante.

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