La discriminación continúa siendo una barrera para miles de jóvenes, trabajadores sexuales, drogadictos y homosexuales infectados con el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) que no pueden acceder a los tratamientos apropiados, denunció este jueves la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Se estima que en todo el mundo existen unos 34 millones de personas que viven con el virus causante del sida, aunque sólo el 54% de las que precisan tratamiento médico tienen acceso a él.
Entre los grupos en riesgo de no recibir tratamiento adecuado se encuentran también los niños, ya que según indicó Souteyrand es más complicado para ellos utilizar los medicamentos, y en muchos casos no existen instalaciones médicas apropiadas para tratarlos.
Según la OMS, sólo el 28% de los niños que requieren tratamiento para el VIH lo reciben.
Pese a las limitaciones de acceso a tratamiento de estos colectivos, la OMS celebró que desde el pico en contagios de sida alcanzado en la década de 1990, el número de personas que se infectan cada año ha ido disminuyendo.
En 2011, 2,5 millones de personas resultaron infectadas de VIH en todo el mundo y 1,7 millones murieron por la enfermedad, lo que supone 700.000 casos de contagio menos que hace cinco años y 600.000 menos muertes que en 2005.
La epidemia en Uruguay
Este viernes las autoridades del Ministerio de Salud Pública (MSP) conmemoraron la fecha y relanzaron la consigna lanzada en 2011, “Llegar a cero está en nuestras manos”.
En Uruguay, el número de personas diagnosticadas con infección por el VIH aumenta anualmente, de manera lenta pero sostenida. Según datos aportados por el Ministerio de Salud Pública (MSP) se diagnostican tres nuevas infecciones por día.
La principal vía de transmisión es la sexual, por lo que las autoridades advierten que el principal factor de riesgo es mantener relaciones sexuales sin preservativos, independientemente de las prácticas sexuales.
A su vez, como el diagnóstico se suele realizar tardíamente, se retrasa el acceso a los cuidados de salud, lo que impacta negativamente en la evolución de la infección y la calidad de vida de los afectados.
Estos dos factores dan lugar a que aún continúen registrándose casos de infecciones transmitidas de madre a hijo durante el embarazo, en el parto o en la lactancia.