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Operativo contra reloj detuvo a Jairo, el chinga que quería asesinar a Gustavo Leal

Hijo de la líder de la banda jugó un papel central en la estrategia de desalojar vecinos a punta de pistola

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05 de septiembre de 2018 a las 11:43

En un operativo contra reloj, la Policía detuvo este martes a un delincuente llamado Jairo Sosa, quien a través de diversas vías había expresado su firme decisión de asesinar al sociólogo Gustavo Leal, director de Convivencia y Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior, y quien está al frente de los operativos que terminaron con el derrumbe de viviendas en Casavalle de las que los delincuentes se habían apropiado desalojando a sus dueños a punta de pistola.

Jairo es uno de los pocos delincuentes con influencia que quedaba libre en la banda de Los Chingas y es hijo de la líder del grupo, conocida como Mónica, que está en prisión. Cuando fue detenido llevaba un arma 9 milímetros en la cintura, con un selector de carga automática y un cargador que no tenía las municiones colocadas. 

En las últimas semanas comenzaron a circular en Whatsapp fotos de Jairo en las que se lo ve con dos pistolas y anunciando su decisión de matar a Leal. Las alarmas de las autoridades se encendieron cuando un operativo de vigilancia e inteligencia y a través de interceptaciones telefónicas, las autoridades escucharon a Jairo expresar esta decisión de atentar contra el sociólogo, información que también fue transmitida al Ministerio del Interior por testigos protegidos.


Leal, que cuenta con una severa guardia de seguridad, sigue trabajando normalmente en Los Palomares, donde hoy mismo tuvo una reunión con vecinos.
En la mañana de este martes un comando de la Dirección de Información Táctica (DIT) irrumpió en una vivienda del pasaje 316 de Casavalle donde Jairo dormía con una pistola 9 milímetros a su lado, la que no tuvo tiempo de utilizar.

Clave en la historia

En la historia violenta de Los Chingas, Jairo cumplió un papel preponderante, ya que el 7 de abril de 2017 mató a su abuelo, Waldemar Ross, de 68 años, delante de su abuela y de varias tías. El joven discutió con su abuelo porque el veterano delincuente –tenía siete antecedentes– no era partidario de realizar acciones que afectaran a los vecinos. Jairo, en cambio, defendía lo que luego sería un operativo masivo de desalojo de vecinos a punta de pistola. En esa conversación, según declaró una tía, Jairo pronunció una frase que se convirtió en una especie de santo y seña de Los Chingas: “Si somos, que se note”.
Fuentes del Ministerio del Interior dijeron que no entendían cómo Jairo había logrado evadir un procesamiento. Luego acumuló delitos menores hasta que fue a la cárcel por tráfico de armas. 
El mismo día que su madre cayó presa (le habían dado prisión domiciliaria pero una serie de acciones que la involucraban la llevaron a prisión), Jairo recuperó su libertad, y ese mismo día asesinó a un hombre.

Definido como un psicópata peligroso por varias fuentes policiales consultadas, Jairo tuvo la mala fortuna de que dos personas pasaban por el lugar cuando cometió el asesinato. Esas personas están hoy en la lista de testigos protegidos de la Fiscalía y resultarán fundamentales para su condena al margen de que se cotejará si la pistola con la que fue detenido es la misma que utilizó en el homicidio. La Policía dice que cuenta con indicios de que Jairo tiene otro homicidio en su haber.


 Además, Jairo estaba enfurecido porque en la penúltima intervención policial en Los Palomares derrumbaron la que fue la casa de su madre, dos viviendas unidas que habían desalojado a punta de pistola y luego equipado con lujos impropios del lugar.

Además de evitar que cometiera su amenaza de matar al funcionario de Interior, la detención de Jairo, de 22 años, significa un golpe a la desorganizada estructura de Los Chingas. Con sus sucesivos líderes presos, los más jóvenes que quedan en libertad ven limitadas sus acciones y la policía advierte que el próximo paso será una migración hacia otras zonas.

Nadie visita a Mónica

Una señal de la situación interna de la banda es que a Mónica, desde que cayó presa, nadie ha ido a visitarla. Mientras tanto, los que se llamaron a silencio y no fueron tan audaces como torpes para meterse con los vecinos del barrio y motivar una acción extrema de la policía, como el derrumbamiento de las viviendas, son Los Camalas, la otra banda del barrio con la que están enfrentados Los Chingas.

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Prácticamente no han sido noticia en las últimas semanas y nadie sabe el paradero de su presunto líder, Carlos Alexis Correa Javiel, quien protagonizó una historia de amor con una integrante de Los Chingas que en su momento dio que hablar en el barrio y arrojó leña a la hoguera de la violencia entre bandas.

Desaparecidos

La mayor presencia del Estado donde todos los días se derrumban viviendas o se retiran materiales para abrir calles en modo alguno ha erradicado la violencia mafiosa.
El sábado por la noche dos hombres fueron baleados, uno de los cuales fue internado en extrema gravedad y del otro se desconoce su paradero. La familia lo denunció como desaparecido.
El prosecretario de Interior, Jorge Vázquez, dijo que son alrededor de media docena las personas que están desaparecidas y que se presume que fueron asesinadas y sus restos desechados, como en el caso de dos jóvenes que luego de asesinados fueron descuartizados, quemados y enterrados al lado de un rancho.

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