Opinión > Editorial

Oportunidad para Argentina

Tiempo de lectura: -'

11 de junio de 2018 a las 05:00

El espaldarazo del Fondo Monetario Internacional (FMI) al gobierno del presidente Mauricio Macri es una firme expresión de confianza de las principales potencias económicas del mundo que, además de calmar las actuales angustias financieras de Argentina, alentará la inversión productiva externa que ese país necesita con urgencia. En vez de los US$ 30 mil millones que se manejaron inicialmente, el FMI acordó un préstamo standby de US$ 50 mil millones, a ser utilizado gradualmente a lo largo de tres años.

La importancia de esta decisión es que, detrás de la medida, está el acuerdo de los mayores contribuyentes al FMI, incluyendo a Estados Unidos, Alemania, Japón y Francia. Estas naciones integran el G7, a cuya reunión en Canadá fue especialmente invitado Macri como adicional demostración de respaldo.

Como contrapartida, el gobierno argentino se comprometió a reducir el gasto público en unos US$ 8 mil millones en procura de equilibrio fiscal y de bajar la inflación a un dígito en 2021, fundamentalmente con recorte en obras públicas. Son metas difíciles de alcanzar debido al conflictivo ambiente político y social en que se debate el país. El dividido peronismo, y especialmente su funesto primo kirchnerista que se opone a todo por mero revanchismo político, se crispan ante un ajuste fiscal que pone en riesgo las finanzas de algunas de las provincias que gobierna. La administración Macri enfrenta además el impacto adverso del ajuste sobre el empleo y la cerrada oposición de la poderosa central sindical CGT de Hugo Moyano, que respalda con masivas concentraciones callejeras sus reclamos de mayores mejoras salariales para enfrentar la actual inflación del 27%.
La inflación, sin embargo, fue uno de los varios puntos en que el FMI se mostró más benevolente que lo habitual. En vez de exigir una inmediata baja voluminosa con reducción más drástica del gasto público, el organismo multilateral aceptó metas del 17% para el año próximo, 13% para 2020 y 9% en 2021. Además y por primera vez en su historia, el FMI incluyó admitir en el acuerdo un incremento del gasto social a favor de los sectores más desprotegidos. Se agregan convenidas tasas bajas de interés sobre el crédito, que empezarán con 1,96% en los primeros tramos y aumentarán levemente en forma gradual a medida que Argentina vaya utilizando los fondos.
Un comunicado del gobierno argentino aseguró que el acuerdo con el FMI habilita un plan "consistente y sostenible económica, social y políticamente" para restablecer "el orden macroeconómico con dos ejes clave: convergencia más rápida al equilibrio fiscal y reducción de la inflación", con una disminución del 3,1% del alto déficit actual, equivalente a unos US$ 20 mil millones, para 2021. El programa representa una oportunidad para que Argentina levante cabeza. Su éxito depende de que la administración Macri, asediada por sus propios pronósticos optimistas que no ha podido cumplir totalmente en sus dos primeros años, sepa aprovecharla en forma eficiente y sin desvíos. Además del manejo cuidadoso de las cuentas públicas, esto incluye su capacidad para persuadir a sectores de la oposición peronista y al díscolo movimiento sindical de que es indispensable ajustarse el cinturón por dos o tres años.

Comentarios